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Escapadas

Trekking por Ongamira: un circuito con historia y naturaleza

El cerro Colchiqui o Charalqueta, un alero arqueológico y tres grutas son micro destinos que merecen un paseo para gastar las zapatillas.

Por Evelina Quinteros (Especial).

El norte cordobés regala paisajes imperdibles. Algunos de ellos están al final del cordón serrano de Punilla, que espera para agasajar a los visitantes con el místico Valle de Ongamira. Los comechingones lo llamaron “la energía de todo lo creado” y recorrerlo paso a paso es el plan perfecto para develar capas de historia a través de sus senderos rojizos, sus grutas y miradores que ofrecen vistas a 360 grados.

DATOS ÚTILES. Información útil para una escapada a Ongamira.

Las caminatas por estas formaciones rocosas de cientos de millones de años son inigualables. Un gigante de 1.575 metros de altura, en la cabecera opuesta al valle, deja las suelas de color ladrillo a causa de su piedra arenisca. Se trata del cerro Charalqueta o Colchiqui, dos nombres que marcaron un antes y un después en el lugar. ¿Por qué? Las Sierras Chicas albergaron a la cultura ayampitín, una de las más antiguas del país, y luego a los sanavirones y los comechingones. Estos últimos lo llamaron Charalqueta, nombre que reverenciaba al dios de la alegría, pero esa armonía se alteró durante la colonización española. Resistiéndose en la lucha, estos hombres murieron en lo más alto del macizo, y sus familias no dudaron en arrojarse al vacío para no ser esclavizadas. Desde ese momento, al cerro se lo conoce como Colchiqui, dios de la fatalidad y de la tristeza. No por nada Pablo Neruda consideró a este rincón “el más triste del mundo”. En ese marco, la visita no tiene otra meta que unirse a la naturaleza, la reflexión y la abstracción. Son tres horas, ida y vuelta, por un camino señalizado para llegar al peñón. Con una dificultad media, la caminata permite descubrir la mixtura entre la belleza del paisaje y la historia y, en ciertas ocasiones, avistar algún cóndor o águila que revolotea en su porción de cielo.

Para complementar este circuito, espera un alero arqueológico que se puede recorrer en unos 40 minutos. Aquí es posible reconstruir, observando las excavaciones realizadas por un grupo de arqueólogos en los yacimientos de la región, cómo era la vida de los primeros habitantes de esta tierra. El paseo continúa en el “museo viajero”, una sala móvil que no sólo muestra los materiales y la información recolectada en los sitios excavados, sino que además cuenta cómo es el trabajo arqueológico, cómo se lleva a cabo en Ongamira y cómo deben conservarse los materiales que se extraen. Para terminar esta mini travesía, se llega a un mirador desde donde se obtiene otra de las vistas privilegiadas a las Sierras Chicas. Vale aclarar que todos los espacios son de propiedad privada, por lo que tienen un costo de ingreso.

Paso a paso por las grutas

No hace falta decirlo: sumergirse entre los paredones de una de las maravillas naturales de Córdoba, a 500 metros de distancia del cerro, es un plan ideal para coronar el día. La señal del celular es nula y el “desenchufe” total cuando se ingresa en las grutas –también llamadas cuevas–, donde helechos, zarzamoras y eucaliptos forman un entorno perfecto. Son alrededor de tres a 1.500 metros sobre el nivel del mar en un predio de 60 hectáreas. Una hora es suficiente para conocerlas, y en la última hay morteros indígenas. En estos senderos, protagonistas de ceremonias de cuencos sagrados y tambores, elevar la mirada hacia las cornisas es un espectáculo. Es posible que desde lo más alto caigan algunas gotas de las vertientes, y los viajeros sientan que están siendo bendecidos. En un punto del recorrido, doblar a la izquierda o a la derecha implicará elegir entre ascender a un sitio en donde conseguir otra panorámica del valle o dirigirse a la Cueva del Indio, antiguo lugar en el que los pueblos originarios molían sus alimentos.

Hay libre albedrío para seleccionar uno, dos o todos estos paseos que implican adentrarse en la esencia de Ongamira, reserva de hierbas medicinales y de quebrachos colorados, de mística y espiritualidad, y de historia y antepasados.

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