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Mundo

San Francisco es muchísimo más que Alcatraz y el Golden Gate

Es posible hablar de esta ciudad californiana sin hacer foco en su afamado puente y en la tristemente célebre prisión. Un recorrido para descubrir este lugar increíble.

Por Noelia Maldonado (Especial).

Cada vez que uno busca en su memoria RAM una imagen de San Francisco, la cabeza inmediatamente devuelve dos postales: la del Golden Gate Bridge y la de la prisión Alcatraz perdida en medio del Golfo de la bahía que lleva el mismo nombre de la ciudad.

Suena trillado decir que San Francisco es mucho más que eso, pero no hay una forma más clara y directa para arrancar un artículo. Y así, yendo al hueso de la cuestión, voy a evitar mencionar estos hitos y jugar el juego de la exploración más allá de los “imperdibles”.

Empiezo el recorrido por el Golden Gate Park, un dantesco espacio verde que no tiene nada (pero nada) que envidiarle al Central Park de Nueva York. A veces son inevitables las comparaciones entre ambas ciudades (y entre ambas costas), así que al respecto sólo voy a decir que no se parecen en casi nada: el “espíritu californiano” relajado y diverso es un capital que Nueva York no logrará conquistar por mucho que se esfuerce.

Ahora volvamos al parque ubicado al oeste de la ciudad y disfrutemos de un paseo que combina museos, bosques, jardines y finalmente playas. Si arrancamos por el este, tenemos más de 50 cuadras para advertir cómo el paisaje se transforma y oscila entre un simple y frondoso bosque hasta llegar a un coqueto jardín con toques orientales.

En el medio hay un Botánico, la Academia de Ciencias de California y el Museo de Artes de la Juventud. Es decir que en un solo día se puede pasar de ver un esqueleto gigante de dinosaurio a una obra de Modigliani, o una reserva de orquídeas.

Cuando se llega al mar, se puede hacer playa o ser un espectador de surfistas porque no es sólo un estereotipo. ¡Los surfistas californianos existen de verdad! Y además se meten al agua sin importar las temperaturas. También es posible moverse hacia el norte para llegar a la zona llamada Lands End, un lugar considerado por mucho tiempo como el “fin de la Tierra” (de allí su nombre). No es nada más y nada menos que el corte abrupto de la península, repleta de rocas y bordeado de bosques. Allí, hasta las limusinas se paran para ver caer el sol detrás del Pacífico y uno fantasea con la idea de que del auto puede bajar una megaestrella del tenor de Leo DiCaprio.

Cultura

San Francisco se caracteriza por ser una ciudad baja y extensa, excepto por su centro y su distrito financiero. La falta de una red extendida de subte obligan a todos a usar buses, tranvías y sobre todo bicicletas, pero ¡ojo! el californiano promedio le va a decir que los viajes son cortos y poco exigentes pero cualquier foráneo sentirá el peso de las subidas cuando monte cualquier bici de las que se alquilan por todos lados.

Sea cual sea la opción que elija para recorrerla –un Uber o taxi nunca vienen mal, aunque son muy costosos–, no debe perderse de llegar hasta el barrio de Height-Ashbury, muy cerca del Golden Gate Park.

Este barrio fue cuna de los movimientos contraculturales del país del norte, y cuando llegue se dará cuenta de que el ritmo de la ciudad (bastante poco frenético) baja aún más y el calendario atrasa hasta la década de 1960. Pero no se engañe, porque aunque sus habitantes sean hippies, los precios siguen siendo altos como en toda la ciudad por más que vendan cosas de segunda mano.

En cada esquina hay murales, en cada cuadra unos 10 bares y en los jardines adornos de todo tipo hechos artesanalmente. El lugar es ideal para ir por unas cervezas, escuchar música y mirar vidrieras vintage.

Otra zona que ofrece una actividad cultural variada es la que rodea a China Town. Como en cada barrio chino del mundo, este espacio es un reservorio de chirimbolos tan baratos como innecesarios. También es posiblemente el sector más económico de la ciudad. Sobre su extremo norte (hacia el barrio North Beach) se encuentra una zona conocida por los amantes de la literatura, ya que en sus calles transcurrieron las historias contadas por Jack Kerouac y otros escritores de la generación beat.

Los puntos importantes a visitar son el famoso bar Vesuvio (sí, con v corta) y el City Lights Bookstore, una librería y editorial que fue semillero de toda una camada de poetas beat entre las cuales estaba el gran Allen Ginsberg. Adentro hay un piso exclusivo para esta rama, pero también hay literatura de todo el mundo. El edificio es antiguo y gigante. Tiene sillones con carteles que dicen que uno puede quedarse el día leyendo sin pagar, ideal para bolsillos latinoamericanos.

Para aquellos que disponen de más tiempo, también es recomendable un apacible paseo por Japantown, la zona japonesa. Se trata de unas escasas cuadras que bordean a una plaza de despojado estilo oriental, salpicada por algunos negocios con productos japoneses.

Zona centro

En Union Square encontrará grandes marcas y a menos que sea millonario, es posible que las compras de recuerdos las termine haciendo del otro lado de la Market Street, a unas 10 cuadras, en la zona llamada SOMA (abreviatura de South of Market).

En Union Square y el distrito financiero hay que mirar para abajo y para arriba. Abajo hay inscripciones sobre datos importantes en placas de metal y hacia arriba se pierden los edificios vidriados más altos de la ciudad. A las cinco de la tarde, el ritmo de la ciudad será el más furioso que pueda ver cuando todos comiencen a huir de las oficinas con destino a bares o a sus hogares.

En SOMA, por otra parte, conviene mirar para todos lados y tener cierto cuidado: se trata de un barrio comercial con importante movimiento y atestado de puestos. Allí, el que se distrae puede ser víctima de algún hurto. Como retribución recibirá buenos precios y productos de todo el mundo.

De a poco, el recorrido va tocando su fin (nótese que aún no mencionamos al puente) y nos obliga a llegar a la costanera de la ciudad que bordea la calle llamada Embarcadero.

Lo ideal sería alquilar una bici y recorrerla desde el pier 1 hasta el 47. En ese trayecto puedo garantizar que no hay subidas, y la recompensa al ejercicio será conocer la actividad portuaria en su máxima expresión.

De cada muelle obtendrá una historia que contar y una postal distinta de la ciudad. También habrá sabrosos restaurantes con productos frescos.

En muchos de sus parques verá a los locales correr, hacer ejercicios, o pasear a niños y mascotas en un clima relajado y envidiable para cualquier persona que no viva en la ciudad.

Sobre el cierre del recorrido, sólo queda agregar que al llegar al extremo norte de la costanera se impondrá (a lo lejos) el monumental y afamado Golden Gate Bridge. Solamente le queda decidir si avanza con la bici y lo cruza, o gira para volver a meterse de lleno en los encantos de San Francisco, una ciudad que permite jugar con sus colores como con un Cubo de Rubik.

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