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Escapadas

Villa Los Aromos en clave otoñal

Entre La Serranita y La Bolsa, a unos 50 kilómetros de la Capital cordobesa y a unos 10 de Alta Gracia, la tranquilidad es inmutable en este punto de Paravachasca. 

Por Redacción Voy de Viaje.

“¿A dónde nos escapamos hoy?”, suele ser una pregunta que se repite cada vez que el ritmo citadino desgasta las energías. Para volver a cargar “las baterías”, los paraísos serranos cercanos a Córdoba son una opción ideal. Uno de los tantos lugares para descansar es Los Aromos, la comuna atravesada por el Anisacate, un río manso y transparente con extensas playas de arena. 

Aquí, los días de otoño dejaron atrás el bullicio de múltiples visitantes que se refrescan en el agua durante el verano. En esta época del año, el paisaje recobra todo su esplendor, convirtiéndose en hogar de grandes arboledas de talas, algarrobos, sauces criollos y pinares. Esta vegetación es refugio de muchos cordobeses que la disfrutan los fines de semana debido a su particular microclima. 

¿Qué se recomienda durante una visita al pueblo? Sin duda, aprovechar los caminos de tierra que rodean el cauce de agua para unir los diferentes balnearios: La Curva, Los Patos y Los Chorritos, entre otros. Luego, conviene hacer un alto y contemplar la cascada, una caída de agua ideal para disfrutar del sol de otoño, al menos sumergiendo los pies. 

Pequeño pero pintoresco, Los Aromos es para pasársela caminando. Las visitas ineludibles se dividen entre la vieja usina, la gruta de Nuestra Señora del Rosario del Milagro y dos plazas: una frente a la escuela Sarmiento y la otra, ubicada en la parte más elevada de la villa. Son perfectas como pausa para degustar panes y pastelitos caseros, de la mano de la gastronomía serrana del lugar. Esos sabores también están presentes en restaurantes campestres y casas de té. 

Impronta comechingona y gauchesca

Junto a la vera del río Anisacate van apareciendo las huellas que los comechingones dejaron en grandes pedazos de piedra. Se trata de orificios construidos hace cientos de años como morteros utilizados para moler maíz, algarroba, chañar o mistol. Estas moles graníticas, registros naturales antes de la colonización, recuerdan a los pueblos originarios de la zona, quienes se referían a la región de Paravachasca como el “lugar de vegetación enmarañada” o de los “montes enmarañados”. 

Otras marcas tradicionales aún siguen vigentes en esta modesta comuna, que engalana sus costumbres entre sus festividades gauchescas. Una de las más resonantes es la Fiesta del Aromo. Cada septiembre, recordar la fundación del pueblo se traduce en el encuentro de las agrupaciones gauchas y los conjuntos de danzas folclóricas que participan de manera activa para darle color a la festividad. 

Otro evento importante es la Fiesta Patronal en honor a Nuestra Señora del Milagro. Además, en noviembre, la música resuena en la Fiesta Gaucha, considerada la tercera celebración característica de la villa. 

En cualquier época del año, el encanto de Los Aromos es envolvente, ya sea de paseo por sus circuitos naturales, probando sus sabores caseros o al ritmo de los festejos.

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