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Escapadas

A caballo por Pampa de Olaén

Las cabalgatas son una de las formas más entretenidas para conocer esta zona de Punilla. Crónica de la experiencia y detalles de la actividad de la mano de un guía especializado.

Por Lucero Rodriguez (Especial).

El día está frío pero el sol pelea por salir. El punto de encuentro con Seba, el guía, es la terminal de ómnibus de La Falda. Es imposible no reconocerlo: su boina, su barba canosa y su bombacha de gaucho lo delatan.  

Desde ese punto parte una caravana de autos con varios jinetes ansiosos. Se recorre la ciudad y, a medio camino, el guía hace una parada técnica en la carnicería. Luego de un par de curvas y varios kilómetros de tierra, se llega al puesto La Quincena.

La experiencia campestre comienza con el desayuno: pan casero y mates. Hay uno para los que lo toman amargo y otro para los que lo prefieren dulce, y está prohibido mezclarlos. Allí, Seba presenta a sus compañeras: su hija y su mujer. Son los encargados de guiar al grupo, cuyos integrantes van desde una familia numerosa hasta cinco amigas que cumplen un capricho de cumpleaños.  

Luego llega el momento de elegir los caballos: los hay de todos los colores y tamaños. El guía hace parar a todos en línea recta, y tras una breve explicación teórica y práctica sobre cómo se debe montar asigna el equino para cada jinete.

“Río”, “Camal”, “Chabuca”, “Tostado” y “Bagual” son los designados para el grupo de la cumpleañera. Entre selfies, risas y ajustes de cinchas, la caravana comienza a moverse en dirección a la aventura.

Uno detrás del otro, el grupo se adentra en la montaña. Los paisajes de la Pampa de Olaén dejan a todos en silencio. En esa inmensidad sólo se escucha el sonido de los cascos de los caballos y algún que otro beso para que avancen.

 
 
 
 

Una publicación compartida de Cabalgatas Seba (@cabalgatas_seba) el9 Dic, 2018 a las 3:23 PST

Seba comenta que hace 14 años que comenzó con la actividad ecuestre. “Los caballos son parte de mi familia, a veces soy su alumno y otras, su profesor. Vivimos con ellos, compartimos las preocupaciones y las partes divertidas. Trabajo con sus miedos para obtener la confianza que es necesaria para realizar esta bella actividad. Siento al animal como un amigo leal que es capaz de dejar su vida para no fallarte”, cuenta.

Cada tanto paramos ante alguna tranquera para controlar las cinchas. El camino por momentos se hace muy angosto y se generan dudas sobre si los animales podrán pasar, pero los equinos ni se inmutan. Ante estos momentos de incertidumbre, el guía explica: “El caballo tiene que cumplir con muchas condiciones para ser de paseo. Debe ser manso, fuerte, tener actitud para realizar esta actividad sin ser forzado a realizarla. Debe disfrutarla junto con cada cabalgante. No todos los caballos son aptos para realizarla; lo principal es la mansedumbre y haber sido criados en la sierra para que su marcha sea segura”.

Luego de pasar por varias tranqueras, bajadas pronunciadas y el cruce de un pequeño río, los guías anuncian la llegada al destino. Los que pueden desmontan solos y atan sus caballos para que puedan pastar; los que no, esperan ayuda. El lugar del almuerzo, como el resto del paseo, es alucinante. Hay una hora para conocer los alrededores, aunque algunos prefieren ubicarse al lado del asador para picotear algo.

“Nuestros caballos son amansados con un método de doma india sin utilizar violencia. Se les enseña con mucha paciencia a realizar esta actividad, pasando por diferentes etapas hasta estar listos para su primera cabalgata”, detalla el guía.

¿Cómo saber cuál es el caballo ideal para cada persona? “La parte de elegir el caballo para cada jinete es importante; conocer a cada equino y conectarme con él para saber qué persona quiere llevar es una de las cosas más gratificantes de mi trabajo. Suena muy loco, pero el temperamento de la persona es muy importante para saber con cuál se va a llevar bien. Al llegar, analizo a cada uno y ahí se cuál es el elegido”. 

Llega la hora de almorzar y todos se reúnen en una mesa bajo los árboles. Luego del brindis no se escuchan muchas voces: todos se dedican a saborear la deliciosa carne (para los vegetarianos hay un menú especial).

A la vuelta, todos enfilan hacia los caballos con una sonrisa. El camino esta vez es diferente: ahora las protagonistas son las espinas. Los animales van a paso lento y, en la montaña, el sol parece pintar todo de naranja. Ya no se escuchan más besos: nadie quiere llegar a destino. Muchos sacan sus celulares para capturar ese último momento.

 
 
 
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Una publicación compartida de Cabalgatas Seba (@cabalgatas_seba) el13 Sep, 2018 a las 5:54 PDT

Para los de más aguante

Este tipo de paseos no son los únicos que se pueden realizar a caballo. Seba guía a un grupo limitado de personas en las llamadas “travesías”. “Es muy difícil de explicar lo que se vive. Se trata de superar los límites y encontrar a la naturaleza como parte de una forma de vivir”, señala.

Los recorridos son diferentes y la extensión varía entre dos y seis días en la montaña. En total se recorren unos 80 kilómetros y la experiencia es inolvidable. Atención: no sólo se disfruta del contacto con los animales sino también de buena comida, como pizzas caseras, pata flambeada, costillas y abundantes picadas.

Costos

Cabalgata todo el día: $1.300. Incluye desayuno y almuerzo.

Cabalgata media jornada: $ 500. Incluye mateada.

En redes sociales: Cabalgatas_Seba (Instagram) y Cabalgatas Seba (Facebook).

 
 
 
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Una publicación compartida de Cabalgatas Seba (@cabalgatas_seba) el18 Sep, 2018 a las 5:21 PDT

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