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Parque Nacional Pilcomayo, entre palmeras y yacarés

Situado en Formosa, es una de las áreas protegidas más remotas y mejor conservadas del país. Acá, la naturaleza vive en estado de ebullición permanente.

Por Guido Piotrkowski (Especial).

En diciembre de 2018 una noticia agitó el ambiente del conservacionismo vernáculo. Una de las cámaras trampa ubicadas en el Parque Nacional Río Pilcomayo, en Formosa, había capturado el paso de un yaguareté, declarado Monumento Natural Nacional en el año 2001 por su delicado estado de conservación.

Fue la primera vez que se lo fotografió en un área protegida nacional de la región chaqueña. El último registro de la especie en el área había ocurrido en 2007, cuando se detectó una huella en las costas del río. En esta ocasión fue registrado bien adentro del parque, lejos del área recreativa.

DATOS ÚTILES. Información útil para recorrer el Parque Nacional Pilcomayo.

“Siempre se sospechó que andaba por acá. Que el gran gato esté caminando por el parque es un buen signo de conservación. Evidentemente tiene qué comer, tiene para andar. Es una muy buena noticia”, se entusiasma Leandro Ballejos, guardaparque. 

Ecosistemas 

El Parque Nacional Río Pilcomayo fue creado el 17 de octubre de 1951. Tenía una superficie de 285.000 hectáreas, pero en 1968 se redujo a 51.889 hectáreas, que son las características de la ecorregión del Chaco Húmedo. “El humedal está en muy buen estado de conservación porque la región no recibe un gran impacto alrededor. La ganadería es artesanal y no hay industria sojera cerca”, detalla Ballejos.

El humedal ofrece un mosaico de ambientes, en un ecosistema en el que abundan los esteros, las cañadas y las lagunas en donde flotan camalotes. La palmera caranday, que crece en los pastizales, donde se forman también isletas de monte, es el paisaje que caracteriza al parque. También hay árboles como el lapacho, el quebracho colorado chaqueño, el algarrobo y el guayacán. En el monte, tupido, crecen arbustos y enredaderas, formando la selva en galería. Y los senderos se encienden con los colores vivos de las bromelias. 

Rara avis

Es muy posible el encuentro con animales “raros”, asegura Ballejos. Entre ellos podemos destacar el oso hormiguero y el jabirú, un ave majestuosa. También pululan los mirquinás, unos monitos pequeños, de hábitos nocturnos, y los monos aulladores, a los que se suele escuchar en el área de acampe. Además, la boa curiyú, el carpincho, el coatí, el tapir, el lobito de río, el ocelote y otros más difíciles de avistar como el puma o el aguará guazú, el canido más grande de Latinoamérica. 

Entre las aves, se destaca el muitú. El parque es un paraíso para los observadores y fotógrafos de naturaleza: hay unas 324 especies. Y también encontramos al yacaré, típico de la región. Acá vive un ejemplar que suele asolearse sobre la pasarela de la Laguna Blanca, donde se pueden ver los más increíbles atardeceres.

Navegar y caminar

En Laguna Blanca, recientemente, se sumó el primer operador del área que ofrece travesías en canoa. El parque también resulta ideal para caminar. El sector de Estero Poí  tiene dos senderos pedestres autoguiados y un sendero vehicular de 16 kilómetros; La Torre, que es el mirador al Estero Catalina; el Observatorio de aves del Bañado Pirity, y el Mirador al Río Pilcomayo. 

Mientras que en el área de la Laguna Blanca está el Sendero de pasarelas y quinchos, un Sendero pedestre de interpretación, y un Vivero de árboles nativos. 

“‘Pilco’ tiene un valor de conservación enorme –asegura Ballejos–. Tratamos de que el visitante pueda interpretarlo. El parque te regala momentos sublimes, como el encuentro con un animal, o un atardecer tremendo”.

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La Voz.