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Voy de viaje

Las Vegas, escenografía de la vida

La llaman de distintas maneras: la ciudad del pecado, la capital del entretenimiento o la que nunca duerme. Lo real es que Las Vegas parece una ilusión de las que crea Hollywood, en medio del desierto. Sin embargo, existe y es la meca del juego y el show business.

Por Juan José Erramouspe, Especial.

La ciudad del pecado, la que nunca duerme o capital del entretenimiento; en la que se ganan y se pierden fortunas; donde se concretan y se deshacen ilusiones; el escenario en el que triunfan y fracasan actores y cantantes, ignotos o precedidos de fama; la urbe que surgió de la nada, en el desierto de Mojave, Nevada, para escaparle a la ley, lo que la marcó para siempre (ver El bulevar de los sueños rotos).

Todo eso y mucho más es Las Vegas, razón más que suficiente para que la industria del cine norteamericana, maestra a la hora de crear ilusiones, la haya adoptado como uno de sus escenarios preferidos.

El director Martin Scorsese pintó con maestría esos orígenes dudosos en su película Casino, con Robert De Niro, Joe Pesci y Sharon Stone en los papeles estelares. El filme está basado en un hecho de la vida real y relata la historia del judío Frank “Lefty” Rosenthal y del casino Stardust.

Ambientada en 1973, el personaje de De Niro, Sam “Ace” Rothstein, dice: “Todo está calculado para quedarnos con tu dinero; ésa, mis amigos, es la verdad en Las Vegas”. Con esa frase no hace otra cosa que presentar la cruda verdad de esa ciudad en sus orígenes, por mandato de la mafia.

La historia comenzó en 1931 cuando, legalizado el juego, comenzaron a llegar de otras ciudades algunos inversores vinculados al sindicato del crimen. En los ‘40 comenzó la construcción de grandes hoteles con sus correspondientes casinos, entre ellos el Flamingo, construido por el mafioso “Bugsy” Siegal y actualmente, totalmente remodelado.

Hoy, la realidad es la misma en los casinos y salas de juego, los que siempre ganan, pero la ciudad ofrece mucho más que una forma de escaparle a las leyes que entonces prohibían casi todo lo que se hacía en Las Vegas.

Es la ciudad que más ha crecido en los Estados Unidos y quien la visita un vez y luego vuelve, seguramente se verá sorprendido por la presencia de nuevos hoteles, enormes, de 6.000 o más habitaciones y nuevas atracciones.

El año pasado el destino fue visitado por 39,7 millones de turistas, lo que dejó en sus arcas la friolera de U$S 10.000 millones por turismo tradicional y U$S 7.000 millones por eventos y congresos. Sólo los casinos ganaron en 2012 U$S 9.400 millones.

La ciudad dispone de algo más de 150 mil habitaciones hoteleras –más que Nueva York, Los Ángeles u Orlando– que incluyen ocho de los 12 establecimientos más grandes del mundo y que registraron un promedio de ocupación del 87% en el último año.

En ese contexto, los espectáculos no pueden estar ajenos a la incesante movida de la ciudad. Tanto los hoteles como los casinos, compiten entre sí para ofrecer el condimento necesario para que la ciudad siga siendo la capital del entretenimiento.

Entre la interminable lista que se ofrece, vale mencionar al Cirque du Soleil, que propone nueve espectáculos distintos. Entre los más destacados de esta temporada está Love, homenaje a The Beatles; el nuevo espectáculo dedicado al rey del pop, Michael Jackson One, y la presencia casi permanente de Celine Dion en el Caesars Palace y que fue la encargada de despedir a los participante del Internacional Pow Wow desde los jardines de ese hotel.

Otro indicador que refleja el movimiento de una ciudad es su aeropuerto. En Las Vegas, a pocos minutos de los principales hoteles, se encuentra el Internacional McCarran Airport. Con cuatro pistas habilitadas, la aeroestación sorprende por su movimiento: con una capacidad estimada para 53 millones de pasajeros al año y 625.000 movimientos de aviones, está previsto alcanzar esa utilización en 2017.

Pero si algo sorprende en el aeropuerto McCarran, son las 1.300 máquinas tragamonedas (slots) distribuidas en sus tres terminales. El pasajero que arriba, retira su maleta de la cinta y no bien comienza a desandar el camino hacia la salida, se encuentra con estas máquinas. Como para que no queden dudas de adónde llegó.

Según sea la época del año en que viaje a Las Vegas, serán las actividades que podrá desarrollar además, claro está, de jugar en los casinos o asistir a los innumerables espectáculos. Los primeros, están abiertos las 24 horas, y los segundos tienen varias funciones, generalmente por la tarde / noche.

Y esto corresponde advertirlo porque en mayo, junio, julio y hasta agosto, las temperaturas superan muchas veces los 40º C. No es recomendable hacer una caminata por The Strip, o Las Vegas Boulevard, la avenida que cruza la ciudad como columna vertebral, durante el día, a riesgo de sufrir un golpe de calor.

Por las noches, si bien la temperatura se mantiene alta, es más soportable, sobre todo si desde el cercano desierto sopla el viento o al menos alguna brisa.

Y hablando del desierto y si se anima a transpirar un poco, bien vale una visita a la zona en la que podrá mensurar la maravilla de una ciudad surgida de la nada. A pocos kilómetros de esa parafernalia de luces, colores, sonidos, autos y gente, lo esperan arena, rocas y escasa vegetación achaparrada: el desierto de Mojave.

Para tener un acercamiento a ese desierto, lo aconsejable es tomar una excursión con Pink Jeep Tours (www.pinkjeeptours.com) a Red Rock Canyon. No se amilane por el color rosa de los jeep (Pink Jeep), ya que se trata de grandes y confortables minibuses de doble tracción (4X4), con aire acondicionado, agua fresca y snacks, para hacer más llevadero el viaje.

A poco más de 20 minutos de Las Vegas, se arriba primero al Centro de Visitantes, donde le informarán sobre el parque y le darán folletería y algunos consejos, según sea la actividad a desarrollar: recorrido panorámico, senderismo, caminos de tierra o circulación por carretera.

Una vez zanjado el trámite, se ingresa al desierto y comienza la aventura. Estos vehículos todo terreno permiten llegar a sitios realmente inhóspitos y recónditos, como Lost Creek, White Rock o Willow Springs, donde podrá tener vistas increíbles de las montañas y el desierto.

En ese lugar árido y agreste uno se da cuenta de la maravilla que es la cercana Las Vegas, cuyas luces y colores se ven desde allí, en medio de un paisaje similar al que era antes, donde ahora está la ciudad.

Otras excursiones recomendables son al Gran Cañón del Colorado, en helicóptero, y una pasada por la represa de Hoover, sobre el río Colorado, a 50 kilómetros de Las Vegas. Fue inaugurada en 1936, forma un lago de 89 hectáreas y provee de agua potable y energía eléctrica a la cercana ciudad.

Entonces, si el clima lo permite, dedíquese a caminar por The Strip. Se sorprenderá de la magnitud y formas de los hoteles y casinos que encontrará a cada paso.


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