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Playas

Porto de Galinhas, al este del este

A la probada belleza de las playas brasileñas, este centro turístico pernambucano agrega la calidez de su gente, el influjo de su nombre y una biodiversidad admirable.

Por Adrián Bassola.

Algún día, alguien tendrá que premiar al que propuso que este lugar de bellísimas playas situado al sur de Recife haya dejado de referenciarse ante el mundo como Ipojuca o Maracaipe (que así se llamaban estos sitios) para pasar a utilizar el marketinero nombre de Porto de Galinhas.

¡Porto de Galinhas! ¿Puerto de gallinas? ¿Así se va a llamar la playa? Sí, así. Y nada importó. Ni la alusión a un animalito tan poco dotado por la naturaleza, y menos la referencia histórica del nombre: en la época en la que Brasil abolió la esclavitud, hasta allí llegaban los barcos negreros que contrabandeaban ilegalmente seres humanos desde África, que traían “legalmente” gallinas de Guinea, un animalito apetecido por entonces. “Hay galinha nova en el porto” era la contraseña para que los terratenientes pasaran a buscar a los pobres esclavos para hacerlos trabajar en las plantaciones de caña de azúcar.

Será por la potencia del nombre, será por la instrínseca belleza de su mar, sus costas y su vegetación, será por el empuje del Convention & Visitors Bureau, lo cierto es que en los últimos años Porto de Galinhas se transformó en uno de los destinos preferidos por los cordobeses a la hora de viajar a Brasil. Claro que para esto fue necesaria otra pata crucial: la conectividad aérea, que hoy ofrece vuelos directos o con una escala (en Río de Janeiro o en San Pablo) y que pone a estas playas a unas pocas horas de la provincia mediterránea.

Invitados por el Bureau, recorrimos la ciudad y sus alrededores, y ahora estamos en condiciones de certificar la calidad del lugar y, posta posta, la hospitalidad de sus habitantes, que en su gran mayoría tienen con la actividad turística la gratitud que tienen los que lograron salir del atraso de una vida confinada a mal pagadas tareas rurales o de pesca.

Frevo es la danza tradicional del carnaval pernambucano. (Turismo Porto Galinhas)

Una villa

Para los ojos de un cordobés, Porto de Galinhas podría asociarse a una Villa Carlos Paz subtropical quizás con algo menos de gente pero con una hotelería muchísimo más desarrollada.

Tiene su peatonal bien comercial y muy transitada, “techada” en un tramo con coloridos paraguas multicolores. Los paraguas pululan por la región, porque son el símbolo del carnaval pernambucano con su danza tradicional: el frevo.

En la ciudad, a cada metro, se aprecian cientos de esculturas gallináceas realizadas en madera de palmera. Algunas son de Gilberto Carcará, “el” artista de Porto, cuyo atelier se puede también visitar. Otras están realizadas por distintas manos: las hay de cemento, de madera, de lo que sea. Se reiteran hasta el cansancio, como para que quede claro que son el símbolo del lugar.

Y el mar

Y, claro, Porto de Galinhas tiene el mar. Un mar hermoso, claro y limpio, con playas anchísimas y, por tramos, con los típicos arrecifes que demarcan mansas piletas naturales cuando el influjo de la Luna retira las aguas varias decenas de metros.

Los arrecifes también alojan una fantástica flora y fauna. Y se los puede visitar en las típicas jangadas, unas balsas de madera impulsadas a vela por los reconvertidos pescadores de la zona. Es uno de los imperdibles de la zona, e incluye la posibilidad de alimentar a los peces como si fueran las palomas de la plaza San Martín.

Tampoco se puede volver de allí sin dar una vuelta en buggy. Hay miles y andan por todas partes. Lo ideal es contratar un paseo por unas horas y recorrer varias playas. A no entusiasmarse con manejar porque el chofer no se baja ni a palos.

Para el final, dejamos la biodiversidad. Sencillamente enamora. A la apabullante vegetación se suman un par de perlitas: los caballitos de mar (que son protegidos por la ONG Proyecto Hippocampus) y las tortugas marinas, varias de cuyas especies anidan en estas playas, y cuentan con la protección de Proyecto Tortuga, cuyos voluntarios demarcan los nidos en la playa y siguen a las crías hasta que acarician la salvación del mar.

Un paraíso de la biodiversidad

Arrecifes. Cuando la marea baja, las barreras se descubren y muestran su riqueza marina. (Turismo Porto de Galinhas)

Toda la amplia región de Pernambuco acoge a gran cantidad de especies animales y vegetales. Entre ellas, se encuentran los caballitos de mar, los simpáticos peces, que son protegidos por el Proyecto Hippocampus, que se puede visitar.

También es un sitio donde anidan varias especies de tortugas marinas. En el centro de la ciudad está el Museo de las Tortugas, sede del Proyecto Ecoassociados, que encara la tarea de proteger los nidos en la playa hasta que las crías nacen y llegan al mar.

Datos útiles

Mayoría de argentinos.

Actualmente, un 30 por ciento de los visitantes de Porto de Galinhas son extranjeros. Entre estos, los argentinos son amplia mayoría.

El mar sube y baja.

En determinados lugares, es importante consultar la tabla de mareas para disfrutar del mar o para visitar los arrecifes. También hay amplias playas abiertas, sin la barreras.

Paseos.

En Buggy (250 reales para cuatro personas, dura seis horas y recorre varios sitios); el paseo en jangada hasta los arrecifes cuesta 25 reales y dura 50 minutos.

Tempranito.

Una particularidad de Porto de Galinhas y de todo el este brasileño es que amanece y anochezca tempranísimo. En verano el sol se oculta no más allá de las 7 de la tarde, tempranísimo para el reloj interno de un argentino.

 
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