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Voy de viaje

Ventana a la sierra

No todo es pampa en la provincia de Buenos Aires. En el Partido de Tornquist, están Sierra de la Ventana y la villa del mismo nombre.

Por Gustavo Arnoldt, Especial.

Hay una idea instalada acerca de la provincia de Buenos Aires y es que su paisaje pampeano permite perder la vista en el horizonte sin más interrupciones que la flora o alguna que otra loma. Pero si bien esa idea no es errada tiene su excepción que, como a las reglas, la confirma.

En el Partido de Tornquist, en el sudoeste bonaerense, se encuentran las sierras más altas de la provincia, el cerro Tres Picos y el cerro Ventana, de aproximadamente 1.100 metros.

A 17 kilómetros de la Sierra de la Ventana, con una rica historia y hermosos paisajes, se levanta una villa que lleva el mismo nombre, Villa Ventana.

Para quien viaja hacia la costa sur argentina o a Bahía Blanca, una parada en esa zona le permitirá disfrutar de un apacible paisaje serrano, la amabilidad de sus lugareños y una que otra propuesta de sabores típicos.

Si bien no faltará quien piense que en Córdoba tenemos sierras para hacer “dulce”, planear unas vacaciones en esa región bonaerense no es un mal programa. Tranquilidad, seguridad, tradiciones, legado histórico y naturaleza, lejos del ruido y los apremios cotidianos, es un menú apetecible.

Además, la cercanía a la costa marítima le da un bonus interesante: a sólo 110 kilómetros está el reconocido balneario Monte Hermoso.

La zona, distante pocos kilómetros del cerro Ventana, sobre la ruta 76 camino a la ciudad cabecera, Tornquist, conserva intactos testimonios de la cultura aborigen, que la Comarca Turística la Ventana resguarda con gran celo. Sólo en sitios autorizados se puede admirar el arte rupestre, con el que los aborígenes dejaron un legado para la humanidad.

Una de las piscinas (tiene dos) del Aguas Pampa Hotel Boutique. 

Se sostiene que las actividades chamánicas estuvieron directamente vinculadas con la manifestaciones artísticas, lo cual permite comprender la relevancia del arte rupestre en cuevas y aleros de esta región.

También merece una visita la capilla Nuestra Señora de Fátima, imagen que fue donada por familias portuguesas. Mensualmente se realizan peregrinaciones, a las que asiste la comunidad lusitana.

Complementan esta alternativa, la posibilidad de compartir actividades típicas en estancias próximas, como cabalgatas por las sierras y deleitarse con un buen asado hecho a la leña, para paladares exigentes.

Todos los meses de enero se realiza allí un festival en homenaje a las golondrinas, que viajan desde San Juan de Capistrano (California) y desde Goya, Corrientes, completando un vuelo de 12.000 kilómetros.

Villa Ventana tiene, además, una muy buena infraestructura de servicios, particularmente en materia de alojamiento y gastronomía.

En el primer rubro, se destaca Aguas Pampa Hotel Boutique & Spa con algunas características diferenciales, como amplias habitaciones con camas king, balcones al más lindo paisaje y baños con bachas y bañeras fabricadas en troncos de árboles.

Además, todas las mañanas se puede disfrutar de un desayuno americano o su variedad campestre, con chorizos y fiambres del lugar seleccionados.

Hoteles con historia

En Villa Ventana hay dos hoteles que fueron testigos de otras épocas de la Argentina: el Club Hotel de La Ventana y la Hostería La Península.

El Club Hotel fue considerado, en su momento, el más lujoso de Sudamérica. Ícono de la Belle Epoque, fue íntegramente construido con materiales suntuosos traídos desde Europa a principios de 1900.  

Era auto sostenible: generaba la energía que necesitaba; se fabricaba allí el pan; se cultivaban las verduras, y se producían la leche y la carne que se consumían. Un tren de trocha angosta exclusivo lo comunicaba con la estación de Sierra de la Ventana y tenia canchas de tenis, de golf y casino.

Las ruinas abandonadas del otrora fastuoso Club Hotel. 

Fue inaugurado con una fastuosa fiesta con 1.200 invitados y entre sus huéspedes se contaron la infanta Isabel de Borbón, el Príncipe Eduardo de Gales, el Presidente de Brasil, políticos, diplomáticos y muchos integrantes de la alta sociedad de la época. La llegada de la Primera Guerra Mundial y su crisis consiguiente, sumado a la prohibición de los juegos de azar, sellaron el destino del hotel que en 1920 cerró definitivamente sus puertas.

A partir de ese momento sufrió con sucesivas administraciones que lo llevaron a un estado de abandono. En 1943 sirvió de alojamiento a 350 marineros del Admiral Graff Spee, quienes reacondicionaron sus instalaciones. A partir de 1945, terminada la guerra y cuando los alemanes dejaron sus instalaciones. el hotel entró en un proceso de deterioro hasta que en la década de 1980 sufrió un incendio, que lo dejó en ruinas.

La Península

La Hostería La Península, en tanto, fue producto del espíritu pionero de un alemán, el ingeniero Schulte, quien imaginó un lugar para alojar gente en un paraje desolado de las sierras.

Con el tiempo, a su alrededor nació y creció Villa Ventana y su hostería, en la entrada misma del pueblo, fue el albergue de miles de viajeros que disfrutaron de la hospitalidad de su familia.

La hostería fue testigo de hechos históricos, como las largas veladas en las que participaban los músicos y los marineros del Graff Spee, y sufrió los bombardeos de la revolución de 1955 que derrocó a Juan Perón.

Hoy, después de unos años de permanecer cerrada, La Península fue puesta en valor y convertida en una posada con encanto, dotada del confort de estos tiempos. 

En un cálido ambiente familiar, se puede disfrutar de la hospitalidad y de exquisita comida casera. Sus paredes exhiben imágenes de época, que rescatan su mística, su historia y sus recuerdos, como un testimonio vivo y vigente.

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