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Voy de viaje

La mágica Península de Maraú

Salvador de Bahía es atrapante y mágica, pero lo más increíble no está exactamente allí, sino a unos cientos de kilómetros.

Por Redacción LAVOZ.

Salvador de Bahía es atrapante y mágica, pero lo más increíble no está exactamente allí, sino a unos cientos de kilómetros, entre las ciudades de Camamu e Itacaré: la bella Península de Maraú, donde se ubica el pueblo de Barra Grande y la hermosa playa de Taipú de Fora.


Llegar ahí por tierra y por mar es un viaje largo, de por lo menos cinco horas, pero la travesía bien vale la pena, aunque sea mucho más fácil, rápido y tranquilo viajar en taxis aéreos desde el propio aeropuerto de Salvador, en sólo 40 minutos.


La Península de Maraú es como un oasis, después de toda la agitación de Salvador. Todo en Maraú es tranquilidad, relax y romance, con buena comida y mucha infraestructura hotelera, por supuesto.


Pero es exactamente hacia allí adonde se dirigen los viajeros que desean ser felices, alejados de las grandes ciudades con su tráfico, ruidos y mucha gente. Las playas son casi desiertas, con el único sonido de los árboles y el mar en armonía.


Los taxis aéreos viajan hasta exactamente los sitios donde están los mejores hoteles, como el resort Kiaroa (www.kiaroa.com.br), uno de los mejores de todo Brasil y considerado el hotel más sustentable de toda Sudamérica.


El check in se hace en la propia habitación o en la sala de bienvenida, con una copa de cava muy helada, agua de coco o jugo natural de frutas típicas. Las habitaciones pueden ser tradicionales o estilo bungalow y todas tienen muebles hechos con madera certificada, amenities natura y todo el confort.


Las instalaciones comunes -restaurante, sala de café y juegos y spa- tienen decoración esmerada y muy buen servicio, aunque totalmente informal, y a solo seis kilómetros del hotel, el pueblo de Barra Grande.


Todo el complejo, con mucho verde, piscinas, espacios de relajamiento y la playa prácticamente dentro del hotel, se encuentra dentro de una reserva natural de biosfera.


La Península de Maraú empezó a hacerse famosa desde los antiguos tiempos en que el escritor Antoine de Saint-Exupèry la visitó y se enamoró de sus playas, llenas de arrecifes y piscinas naturales.


Adornadas por coqueiros, sus playas se llenan de gente joven en el verano, pero permanecen casi desiertas durante el resto del año, con límpidas y cálidas aguas, lo que permite la práctica del buceo o snorkeling en superficie todos los días.


En Maraú son muchas las playas perfectas, como Três Coqueiros, Saqüaíra y Cassangue, pero es Taipú de Fora la que cuenta con mayor cantidad de piscinas naturales y es la preferida de los turistas.


Allí también se encuentra uno de los mejores bares de playa de la región, el Bar das Meninas (www.bardasmeninas.com.br), en honor a tres mujeres que llegaran allí chicas y se enamoraron perdidamente y que cuidan de la cocina esmerada y de las hermosas sillas de la playa.


Al atardecer, por excelencia, se disfruta de la playa Ponta do Mutá para ver la puesta del sol, siempre bella. Allí, en el bar Barraca da Rô, se dan cita parejas, familias, amigos y viajeros para ver mejor el espectáculo y tomar una de las mejores caipirinhas de cajú del país.


Pero no hay que olvidarse de subir hasta el Morro do Farol, para ver toda la Península de Maraú que se exhibe abajo, perfecta. Y ahí, planear cuándo se regresará a ese pequeño paraíso brasileño.

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