Estado de Pernambuco: mar, baile e historia

Un viejo cómic español llamado "Mortadelo y Filemón" tenía como personajes principales dos particulares detectives de ideas descabelladas que cuando los colocaban en problemas siempre mencionaban como lugar de escape a Pernambuco, como destino desconocido y lejano. En la actualidad, Pernambuco no es desconocido ni tan lejano. Al menos para los argentinos.

Es uno de los estados más populosos de Brasil, con casi nueve millones de habitantes, síntesis de las diferentes culturas que participaron en su historia. Los primeros habitantes del lugar fueron tupí guaraníes quienes padecieron la llegada de los españoles y su corriente colonizadora.

LAS MEJORES PLAYAS. Piscinas naturales en Porto do Galinhas

Luego del Tratado de Tordesillas, esas tierras pasaron a ser propiedad de los portugueses quienes comenzaron con el cultivo de la caña de azúcar, una de las futuras riquezas de la región. Para trabajar en los sembradíos llevaron esclavos africanos. Es curioso que en 1630 y por 25 años, la zona fue dominada por holandeses quienes dejaron una huella importante a pesar del breve período de dominación que culminó cuando fueron expulsados por los portugueses. Y en el siglo 19 se vio convulsionada por revueltas que buscaban la autonomía de la colonia.

Olinda, ciudad pernambucana, donde conviven lo colonial y lo moderno. Sus calles empedradas invitan a caminarla en un exigente ejercicio que alterna subidas y bajadas.
Olinda, ciudad pernambucana, donde conviven lo colonial y lo moderno. Sus calles empedradas invitan a caminarla en un exigente ejercicio que alterna subidas y bajadas.

Cada una de las culturas dominantes dejó su impronta en algunas costumbres, música, comidas, arquitectura y en el carácter de los habitantes.

Pernambuco es tierra de artistas y revolucionarios. Escritores, sociólogos, educadores y periodistas, como Paulo Freire, Gilberto Freyre, Joao Cabral de Melo Neto, Nelson Rodriguez o Joaquim Nabuco. También cantantes como Lenine o Chico Science; jugadores de fútbol como Juninho Pernambucano o Vavá y escritores como Francisco Brennand o Romero Britto.

Tanto desarrollo cultural se patentiza en 24 museos, 15 teatros, una ópera, cines y galerías de arte que se concentran, entre Recife y Olinda.

Recife, la capital

La Ámsterdam de América, la Venecia de Brasil, tal como suelen llamar a Recife, la capital, no son más que intentos de buscar semejanzas entre geografía y paisajes de otras tierras y la ciudad capital. Pero, Recife tiene personalidad propia y su pulso tiene una marca indudablemente brasileña. Cruzada por seis ríos, tiene puentes, diques y canales diseñados por los holandeses a semejanza de su lejana capital.

Recife es una ciudad de grandes contrastes, que se aprecian al caminar sus calles. Está formada por tres islas, Boa Vista, Recife y Santo Antônio.

Recife expone su agradable pintoresquismo de cara al mar.
Recife expone su agradable pintoresquismo de cara al mar.

En el barrio de Boa Vista, se encuentran los edificios más modernos y las playas más concurridas.

La avenida Boa Viagem presenta un litoral de ocho kilómetros de playa, con senderos para trotar o andar en bicicleta. Algunos paradores de playa prometen las mejores cervezas y caipirinhas y la zona de balnearios, se extiende frente al paredón de arrecifes que se aprecia cuando baja la marea. Fuera de esa barrera natural, no es aconsejable exponerse a mar abierto. Hay carteles intimidantes que advierten sobre el peligro de tiburones.

El Marco Zero, ubicado en la isla de Recife, es el punto que eligieron los portugueses para fundar la ciudad y es el kilómetro 0 de las rutas del estado. Tras años de decadencia hoy brilla merced a la puesta en valor de las edificaciones. En esa isla se encuentran la primera sinagoga de América y los museos del Frevo y del Sertäo Luis Gonzaga, de reciente inauguración.

En tanto, en la isla de Santo Antônio, es imperdible una visita al fantástico mercado de San José, con su estructura de hierro inglés prefabricado y armado en 1871.

Decenas de puestos en los que conviven las frutas más coloridas, pescados fresquísimos, carnes, castañas de cajú a montones, indumentaria y la particular “literatura de cordel”; poemas y relatos con un valor que se negocia en el momento y que se exhiben colgados de cuerdas como si fuera ropa secándose al sol.

No muy lejos está la Plaza de la República (con su antiguo árbol de baobab, que dicen fue el que inspiró a Saint Exupèry para El Principito), el palacio de gobierno y el teatro Santa Isabel.

Una de las antiguas arterias de Recife que muestra el patrimonio arquitectónico.
Una de las antiguas arterias de Recife que muestra el patrimonio arquitectónico.

El antiguo presidio fue convertido en mercado y Casa de la Cultura, y sus celdas hoy son locales de artesanía, excepto la 106 que se conserva como en sus orígenes, incluso con las leyendas que escribían los presos en sus paredes. Pero la mejor vista de Recife, sin duda, es desde el agua. Hay paseos en catamarán, que parten desde el puerto y recorren los ríos Capiraribe y Beberibe. Cada vez que se pasa debajo de alguno de los puentes del recorrido, los guías alientan a pedir deseos y al mismo tiempo gritar para que se cumplan.

Así se ve Recife desde el aire. Recorré sus playas y sus calles, acá.

Olinda, historia viva

Olinda es una ciudad encantadora. Bohemia por excelencia, fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1982, con el fin de preservar todo su acervo histórico, cultural y musical.

Sus callecitas empedradas invitan a caminarla, un ejercicio exigente a partir de alternar subidas y bajadas dibujadas por las pendientes de sus colinas. A cada paso, una casa colonial nos muestra los colores y un marcado estilo arquitectónico.

Olinda. La Unesco la declaró en 1982 Patrimonio de la Humanidad.
Olinda. La Unesco la declaró en 1982 Patrimonio de la Humanidad.

Las puertas y ventanas abiertas, dejan adivinar los talleres donde pintores y escultores ensayan su arte. A la vuelta de la esquina, los músicos también entregan lo suyo mezclados con los bailarines de frevo y sus coloridos paraguas, anticipo de la cita anual del carnaval, que quizá es en Olinda, el más auténtico y original de Brasil. Durante cinco días y respectivas noches, la gente baila en las calles al ritmo de blocos que desfilan en forma un tanto anárquica e inesperada.

Predominan las danzas nordestinas de raíz africana: frevos, afoxés, maracatús y caboclinhos, suenan tambores y vientos y acompañan a los muñecos gigantes que ridiculizan a los personajes públicos de todo el mundo.

En Olinda abundan las iglesias, sólo en el centro histórico contamos 22, más 11 capillas. La mayoría de ellas, de arquitectura barroca como la iglesia de Nossa Señora da Graça y la iglesia del Señor Salvador do Mundo, donde se halla sepultado frente al altar mayor, el defensor de los pobres monseñor Helder Cámara, arzobispo de Olinda y Recife y luchador contra los excesos del gobierno militar del Brasil de los años 1960 y 1970.

Desde Olinda se ensayan las mejores vistas de Recife y se permite apreciar el fuerte contraste entre lo histórico y lo moderno.

*Especial