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Voy de viaje

Aruba, la tierra del mar

Al llegar a Aruba, ya en el aeropuerto le ponen el sello al pasaporte: bon bini (bienvenido). La pequeña isla se encuentra en el Caribe Sur, a sólo 25 kilómetros de la costa venezolana y su eslogan no exagera: Una isla feliz (A happy island).

Por Patricia Cravero.

Cuando el viajero está por arribar, desde el aire y entre las nubes, puede descubrir una porción de tierra alargada en el mar que irrumpe en el paisaje. Es Aruba.

Y, al bajar del avión y hacer los trámites de migración, le ponen un sello en el pasaporte que, lejos del formalismo administrativo, le da la bienvenida: Bon bini na Aruba.

La isla está ubicada al sur del mar Caribe, a unos escasos 25 kilómetros de Venezuela. Es un país autónomo dentro del Reino de los Países Bajos, estatus que alcanzó en 1986 tras haber sido colonia española primero y holandesa después. La isla tiene unos 31 kilómetros de largo por casi 10 de ancho. Son 112 kilómetros cuadrados al alcance de la mano.

Apenas se pisa tierra firme, un viento cálido se encarga de despabilar a los viajeros que llegan a Oranjestad, la ciudad capital. Es un aire típico de la isla procedente del nordeste, que ayuda a suavizar el calor caribeño. La temperatura promedio de Aruba es de 28°C. Los meses más calientes van de mayo a octubre, pero la diferencia térmica con el resto del año es de apenas 2ºC. 

Azules turquesas

Los colores del mar, contrastan con el blanco de las arenas de origen coralino.

Los grandes atractivos de Aruba son, sin dudas, sus playas. Las más bellas se encuentran en el sector oeste de la isla, lógicamente donde también se hallan los principales hoteles. Un rápido recorrido en auto por esa zona servirá para observar el intenso degradé de azules y verdes.

Antes de poner un pie en la playa, Amayra Boekhoudt, representante de la Oficina de Turismo de la isla, anticipa: “Aquí la arena no quema”. Y tiene razón: en Aruba no hay que salir corriendo del mar para refugiar los pies en la primera sombra.

Cuando se empieza a subir por la costa hacia el norte, aparece Eagle Beach, una playa amplia y despejada que es una invitación al relax. El paisaje se ve coronado por palapas y algunos manglares recostados sobre la arena, que ofrecen una de las postales más lindas de la isla. 

Camino hacia el norte y coincidiendo con la ubicación de las principales cadenas hoteleras, sigue Palm Beach, la playa más popular, con tiendas y restos.

Antes de llegar al extremo noroeste está Malmok, elegida por los amantes del kitesurfing y el windsurf. Vale la pena pasar por el sector conocido como Boca Catalina, una pequeña bahía de agua clara donde terminan muchos paseos de snorkeling.  

A medida que se avanza hacia el norte, la isla se hace cada vez más agreste. Empiezan a aparecer los primeros cactus, que luego dominan todo el paisaje. Pero antes, el faro de California, con sus más de 27 metros de altura, invita a hacer una pausa. 

El sector nordeste de la isla se caracteriza por su paisaje ­árido y su mar bravo, no apto para bañarse. Es precisamente ahí donde se encuentra una pequeña capilla, conocida como Alto Vista Chapel, que fue construida en 1750 en un rincón dominado por la fuerza de la naturaleza. Aquí, el contraste con el sector de las playas es asombroso. Nadie diría que todos esos paisajes forman parte de la misma isla. 

Otro mundo

El agua transparente siempre es una invitación a mirar lo que pasa debajo de la superficie. Y en Aruba vale la pena dejarse tentar por el convite. A bordo de un catamarán, el guía anticipa la primera parada: el punto exacto donde está el Antilla, un carguero alemán que se hundió en 1940, en tiempos de la Segunda Guerra Mundial. 

La historia cuenta que cuando Alemania y Holanda entraron en guerra, el barco estaba cerca de la costa y el gobierno holandés quiso confiscarlo. Entonces, el capitán decidió abrir las compuertas y hundir el Antilla. El carguero yace ahora en el fondo del mar, a unos 18 metros de profundidad y es el refugio de peces de todos los tamaños y colores. 

La segunda parada es en los arrecifes de coral. Un poco más cerca de la costa, el agua se vuelve completamente transparente y entonces se pueden apreciar en detalle los “corales de cerebro” –por su forma redondeada y repleta de líneas laberínticas–, las esponjas tubos y otros corales ultra delgados que flamean con la corriente. Asomarse con las antiparras a ese otro mundo es una experiencia única y fascinante.

Antes que caiga la noche sobre la isla, hay varios puntos desde donde disfrutar el atardecer. Uno es el restaurante Pinchos, en un muelle cerca del Puerto de los Caballos. Un trago o una típica cerveza Balashi, pueden oficiar de excusa para mirar el instante en que el mar se devora al sol.

En la ruta del papiamento

“Bon dia, kon bai?”, enseña a saludar Amayra, la anfitriona de este viaje, en un curso acelerado de papiamento. Se trata de la lengua nativa de Aruba, que también se habla en las islas hermanas de Curazao y Bonaire. Tiene influencias del portugués, el español, el holandés y otras lenguas.

Aquí, los idiomas oficiales son dos: el papiamento y el ­holandés. Mientras que la ­lengua nativa es la que usan 

los arubianos en su vida cotidiana e incluso emplean las autoridades en sus discursos públicos y actos oficiales, en las escuelas se habla y se enseña en holandés.

“La mayoría de las personas hablan cuatro idiomas: papiamento, holandés, inglés y español”, asegura Mariza García, una argentina que vive en la isla desde hace 23 años. Y lo que dice se puede comprobar a lo largo del viaje. Casi todo el sector vinculado al turismo –que es vasto, ya que es la principal actividad económica de la isla– habla un español fluido.

Calor local

Muy cerca de Oranjestad se ­encuentra la ciudad de San Nicolás, una urbanización que creció de la mano de la refinería de petróleo, una mole gris que cerró definitivamente sus puertas en 2012.

La visita a esta localidad permite entrar en contacto con el color local. Todos los martes, la calle principal se cierra para que tenga lugar el Carubbian Festival, un pequeño desfile de carnaval en el que no faltan la murga y los trajes con lentejuelas. En esa misma calle se encuentra Charlie’s Bar, el bar más famoso de la isla, fundado en 1941 y convertido en una especie de altar popular repleto de objetos y curiosidades dejados por los clientes.

Tras los pasos del kododo

El Parque Nacional Arikok es una reserva natural que cubre casi una quinta parte de la superficie de Aruba. Recorrerla permite conocer mejor la topografía, fauna y flora de la isla. 

Julio Beaujour, director del parque, es el encargado de conducir este paseo en el que se hace hincapié en la importancia de la preservación y conciencia ambiental. “Fuera de conservar la naturaleza nuestra tarea es también conservar la historia”, explica.

En el recorrido es posible encontrarse aquí con el kododo, una pequeña lagartija de color azul vibrante con lunares claros, que está presente en toda la isla. Julio asegura que esta especie es propia de Aruba.

A lo largo de la caminata se pueden observar las distintas especies de la flora local, como el watapana, también conocido como divi-divi, el emblemático árbol de Aruba que se caracteriza por su inclinación debido a los vientos alisios.

El parque también alberga al monte Jamanota, cuevas subterráneas y pinturas rupestres hechas por los aborígenes caquetíos hace unos mil años.

Arikok se puede conocer de a pie, en bicicleta o en cuatriciclos, aunque algunas áreas son de acceso restringido para los vehículos. 

Lo que hay que saber

Cómo llegar. Vuelos desde Buenos Aires, con Avianca, con escala en Bogotá, para viajar en octubre, U$S 1.467 dólares, según cotización en la web de la aerolínea.

Alojamiento. Renaissance Aruba Resort & Casino, en el centro de Oranjestad: habitación doble desde U$S 244 por noche con desayuno.

Aruba Marriott Resort & Stellaris Casino, en Palm Beach: habitación doble, desde U$S 229 por noche con desayuno. 

Holiday Inn Resort Aruba: habitación doble estándar, con desayuno, desde U$S 287 la noche.

Tarifas publicadas en las páginas web de los hoteles.

Gastronomía. The Old Fisherman: plato de pastas, desde U$S 16 dólares; salmón grillado o con crema de ajos, U$S 26; sopa de mariscos, U$S 8; café expreso, U$S 3; limonada, U$S 3. Desayunos, desde U$S 6. Pinchos: platos principales desde U$S 25; pinchos de mariscos, U$S 25; langosta, U$S 44. 

Actividades. Snorkelling en catamarán, con tres paradas y almuerzo incluido, U$S 65. Entrada al Parque Nacional Arikok, U$S 10, menores de 17, gratis. Aruba tiene dos canchas de golf de nueve y 18 hoyos. Una clase grupal para principiantes cuesta unos U$S 10.

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