Buscar Buscar Enviar por email Enviar por email Menu Menu Red de sitios Red de sitios Reloj Reloj Reloj Reloj Twitter Twitter WhatsApp WhatsApp Facebook Facebook Pinterest Pinterest Instagram Instagram Instagram Instagram Tumblr Tumblr Google+ Google+ Reproducir video Reproducir video Pausa Pausa Ver Ver Expandir Expandir Video Video Imagen Imagen Lista Lista Compartir Compartir Enviar Enviar Anterior Anterior Anterior Anterior Siguiente Siguiente Siguiente Siguiente Cerrar Cerrar Cerrar Cerrar Voy de Viaje Voy de Viaje En Familia En Familia En Pareja En Pareja Con Amigos Con Amigos Solos Solos En Avión En Avión En Auto En Auto Tips de Viaje Tips de Viaje Gastronomía Gastronomía Exóticos Exóticos Ciudades Ciudades Playas Playas Teens Teens Cuaderno de Viaje Cuaderno de Viaje Bus Bus Crucero Crucero Aventura Aventura
En auto

Península Valdés: encuentros bajo el agua

La aventura acuática comienza en Puerto Pirámides, la única población estable dentro de Península Valdés, una comarca con pequeñas casas y emprendimientos turísticos que se intercalan entre las dunas y una filosofía de vida arraigada a su santuario natural. Ver además Valdéz, la península salvaje.

Por Nicolás Combina (Especial).

La aventura acuática comienza en Puerto Pirámides, la única población estable dentro de Península Valdés, una comarca con pequeñas casas y emprendimientos turísticos que se intercalan entre las dunas y una filosofía de vida arraigada a su santuario natural.

Allí la mayoría de las actividades están vinculadas con el mar y el estado de ánimo del clima puede cancelar los planes, pero siempre da oportunidades. Ese mediodía el embate del viento del sudoeste se tomó un descanso y la bahía era un espejo. Sin oleaje y brillante, el Atlántico fue la ruta para una expedición náutica inolvidable. 

Con media hora de navegación, la lancha enfiló con marea alta hacia Punta Alt. El destino, un apostadero de lobos marinos y la oportunidad de nadar junto a ellos. La actividad de snorkel con lobos se realizó hasta principios de los años ´80, pero se prohibió por falta de estudios y regulaciones. 

Actualmente, y desde hace menos de una década, la excursión va de la mano de medidas sustentables que favorecen la vida y la conservación de las loberías. Biólogos y guardafaunas monitorean que la actividad turística no genere ningún impacto, por lo que la experiencia debe ceñirse a ciertas normativas que autorizan un tiempo de inmersión de 45 minutos, limitan la cantidad embarcaciones y de personas en el agua, y exigen el acompañamiento de guías entrenados en la especialidad de buceo con mamíferos marinos. 

Si se siguen las indicaciones del instructor nadar con los lobos en libertad no tiene riesgos, quizá el mayor recaudo es saber manejar las emociones que se viven con la experiencia. Según la Secretaría de Turismo y Áreas Protegidas del Chubut, más de 8.000 personas por año realizan esta excursión en la región de Península Valdés, el único lugar en el país para nadar con los lobos de mar. 

En la ciudad de Puerto Madryn, a casi 100 kilómetros de Pirámides, las lanchas también salen al encuentro cercano con los lobos de las costas de la Reserva Natural de Punta Loma, donde una población estable de 600 ejemplares integra una enorme colonia. 

“Entramos al agua a vivir una experiencia única, no existe registro en otras loberías donde los animales se acerquen y entren en contacto con la gente como lo hacen aquí” explica Marcelo Gutiérrez Corral, propietario de Lobo Larsen, un centro de buceo en Madryn que ha sido certificado por Padi, la principal escuela de buceo a nivel mundial.  

La aventura subacuática para nada se asemeja a las propuestas de los acuarios y parques que promocionan nadar con delfines encerrados en piletas o a los espectáculos de acrobacias con leones marinos. Esta travesía implica entrar en el hábitat natural, y mediante el buceo de superficie observar la fauna en absoluta libertad, tratar de interferir lo menos posible y otorgar a la interacción un alto valor educativo y de conservacionismo.

Experiencias similares se pueden encontrar en algunos sectores de islas Galápagos, y en costas de Sudáfrica, Australia, Nueva Zelanda y Nueva California.

El snorkel con lobos marinos es una actividad en pleno auge.

Cara a cara

El motor de la lancha se detuvo en Punta Alt, no alcancé a sumergirme que ya estaban nadando alrededor de la embarcación. Sobre unas piedras, una especie de plataforma natural, un grupo de alrededor de 12 hembras descansaban y un enorme lobo marino cuidaba el harén. Se veían algunas crías en la colonia, los cachorros son enternecedores.

Fácilmente se puede diferenciar al macho alfa, duplica en tamaño al resto y su pelaje luce una melena que le da ese aspecto leonino, unos graves aullidos fueron suficientes para indicarnos cuál era su rol allí. Éramos sólo cuatro personas, un vasto océano y una playa desolada a varios metros de nado. 

Se puede realizar snorkel con lobos durante todo el año en las loberías estables, quizá la mejor época es el verano donde la temperatura del agua asciende. Sin embargo, son los meses de otoño, invierno y comienzos de la primavera cuando los cachorros hacen sus primeras armas en el agua y se vuelven más atrevidos. 

La agencia Lobo Larsen es la única que ofrece el servicio de traje seco, un equipo que impide que el cuerpo se moje, lo que hace la diferencia particularmente en los meses fríos donde la interacción es la mejor.

Antes del chapuzón, se requiere alistar un equipo liviano que consiste en traje y capucha de neoprene, patas de rana, máscara y el tubo de snorkel. Una simple instrucción de la técnica y algunos datos sobre el comportamiento dentro de un área protegida son el preámbulo de una inolvidable ceremonia bajo el agua. No es necesario saber nadar ya que los trajes brindan flotabilidad, por lo que la actividad es apta para toda la familia.

Tras la zambullida el corazón se estremece cuando los lobos marinos comienzan a acercarse a tal punto que uno puede ver sus enormes ojos saltones, los bigotes oscuros y los detalles de sus aletas. Son los animales los que se acercan, pasan por debajo de las piernas, por los costados y buscan jugar. La interacción llega tan de cerca –nariz con hocico– que algunos se atreven a tocarlos. Como si se tratara de presumidas bailarinas, comienzan a nadar, a hacer piruetas y hasta animarse a un juego pacífico y amigable entre las burbujas. 

Los primeros que se acercan generalmente son los lobos juveniles y cachorros que muchas veces se encuentran supervisados por los adultos que vienen detrás. Son animales muy curiosos y dóciles, quizá debiéramos llamarlos perros del mar y no lobos, ya que no muestran indicios de agresividad con los humanos. “Acercan a la gente objetos o cosas que encuentran en el mar tal como hacen los perros cuando nos traen un palo. Es muy común verlos juntar piedritas en el fondo y tratar de acercarlas a la gente, o un tallo de alga”, cuenta Cecilia, una de las guías.

Curiosos y mansos. Nadar con lobos es una experiencia única.

Conexión amistosa

El medio acuático hace de nexo para la conexión amistosa, por tierra la interacción es casi imposible y la conducta territorial de los lobos no es la del juego. 

Verlos sumergirse y bucear con la velocidad de una flecha que rompe el agua es maravilloso. Ese día la visibilidad bajo el mar era de hasta 10 metros, lo que permitía apreciar también el fondo marino. 

Los protagonistas son los mismos animales que muestran su gran sociabilidad; hay anécdotas que dan cuenta de que los lobos juegan mordisqueando la indumentaria de los buzos. A los lobos no se les arroja comida, ya que no son animales domesticados, no están cercados y no hacen nada en contra de su voluntad. Se acercan aquellos animales que lo desean, de lo contrario permanecen en la costa o disponen de espacio suficiente para ir hacia otro lado sin necesidad de acercarse a la gente. Es el animal el que propone el contacto. 

Para aquellos que cuentan con certificación de buceo la excursión con equipo autónomo de aire permite disfrutar de los lobos a mayor profundidad.

Esta especie de lobo marino tiene un predador muy identificado, el tiburón y las orcas. Dentro del golfo Nuevo no habitan tiburones y las orcas no se alimentan en este sector de la lobería ya que no tienen playas con las condiciones para desplegar su técnica de caza. Estos factores generan tranquilidad y pocas alertas en la lobería. Los animales ven a las personas desde el primer día que entran al agua por lo que las consideran algo natural que no representa una amenaza. 

Peces, calamares y crustáceos integran la dieta de los lobos marinos, alimentos que obtienen como expertos buceadores y llegan hasta más de 100 metros de profundidad. 

Lo vivido fue nuestra Danza con lobos, como en la emblemática película estrenada en 1990 donde Kevin Costner entabla amistad junto a los coyotes, pero esta vez fue un encuentro cercano con los lobos del mar patagónico. Al volver, la experiencia parecía de ensueño, repleta de esas caricias que sólo puede dar la naturaleza.

2016 - 2021. Todos los derechos reservados.
La Voz.