El submarino amarillo en Puerto Pirámides

Cara a cara. Una experiencia inolvidable con las ballenas francas australes, cuya cordial simpatía las acerca a las ventanillas y permite este tipo de avistaje. Desde la cubierta del submarino amarillo, también se obtienen buenas vistas de estos enormes
Cara a cara. Una experiencia inolvidable con las ballenas francas australes, cuya cordial simpatía las acerca a las ventanillas y permite este tipo de avistaje. Desde la cubierta del submarino amarillo, también se obtienen buenas vistas de estos enormes

¿Usted se imagina tener la cabeza de una ballena a 30 centímetros de su cara; puede figurarse cómo sería mirarse a los ojos con una de ellas?

¿Usted se imagina tener la cabeza de una ballena a 30 centímetros de su cara; puede figurarse cómo sería mirarse a los ojos con una de ellas? Yo sí, porque pude experimentarlo y no sólo la tuve ahí, frente a mí, sino que también pude observar a una pareja copulando.

En Puerto Pirámides, a 100 kilómetros de Puerto Madryn, la actividad de avistaje de ballenas embarcados es el motor que mueve a todos. Alrededor de esa actividad se conforma un polo de servicios turísticos que comprende desde el alojamiento y la comida, hasta el transporte y los souvenir.

Pero hay dos formas de avistar ballenas francas australes: embarcados en una lancha semirrígida, desde la superficie, o hacerlo en una embarcación donde el viajero va sumergido, debajo de la línea de flotación.

Ambas modalidades se pueden hacer desde el Yellow Submarine (el nombre, obvio, hace alusión al tema que hicieron famoso de los cuatro de Liverpool, The Beatles), una nave semisumergible que cuenta con 40 ventanillas en la cabina submarina y que permiten hacer de cuenta que se está buceando junto a ellas. La cordialidad y curiosidad de las ballenas hacen el resto, ya que se acercan a pocos centímetros del casco sumergido y ellas también “espían” por las ventanas.

El submarino amarillo se puso en marcha el 19 de julio de 2014 en Península Valdés, operación a cargo de la empresa Southern Spirit, concesionaria del servicio de avistaje.

El proyecto comenzó en 2009, cuando Héctor Resnik, Tiño, dueño de la compañía, ganó la licitación que le permite prestar oficialmente el servicio de avistaje de ballenas en Puerto Pirámides.

El objetivo de Tiño, a quien se sumó luego la francesa Julitte Decrè, era permitir a la gente mirar a los ojos, bajo el agua, a ballenas francas australes y lobos marinos. Para lograr ese desafío, había que crear una nueva embarcación nunca vista en la Argentina. Así, el semisumergible Yellow Submarine fue especialmente diseñado y construido en Mar del Plata, por el astillero naval Federico Contessi, en 2013.

La embarcación tiene 17 metros de eslora (largo); cuatro metros de manga (ancho); 2,10 metros de calado, y está construido totalmente en acero naval. Cuenta, además, con un sistema de sonido de última generación para escuchar los sonidos que emiten las ballenas.

La experiencia es inolvidable. No bien el casco de la embarcación queda bajo el agua, no pasa mucho tiempo que las ballenas comienzan a acercarse. Mientras el capitán aminora la marcha hasta detener la nave e informa de qué lado están las ballenas (identificados con los colores rojo y verde), los pasajeros se acercan a las ventanillas y el guía va explicando los movimientos, características y tamaños de las ballenas y si se trata de adultos o ballenatos.

De pronto, la voz del guía se hace más fuerte y su tono más enfático: “Están copulando”, dice, y agrega: “Esto es extraordinario, ustedes están siendo testigos de algo extraordinario, en nueve años que llevo en esto es la primera vez que lo veo”.

Y claro, todos absortos con la visión, escuchamos el relato y explicación de una bióloga que nos acompaña: “Es muy raro, porque la época de apareamiento ya pasó y la hembra está con su ballenato; el macho viene a copular con ella y si no, lo hace con el ballenato, entonces la ballena se presta a la cópula para salvar a su hijo. Así funciona la naturaleza de esta especie”, alecciona.

Y no faltan los comentarios con doble sentido y alguna madre que se muestra incómoda ante la presencia de sus pequeños niños. Pero el espectáculo es sinceramente sobrecogedor, por el tamaño de los protagonistas y los movimientos de ellos y el ballenato, a pocos metros de nuestros ojos.

Luego llega el momento de salir a cubierta y, desde allí, también observar a las enormes ballenas nadar, sumergirse, volver a emerger, en una continua danza acuática en la que parecen actuar para ese público circunstancial.

El regreso a tierra conlleva otra experiencia: como en bajamar las aguas se retiran muchos metros de la costa, las embarcaciones, aún en el agua, son montadas sobre estructuras metálicas con ruedas que son remolcadas por grandes tractores hacia la playa.

En el regreso a Puerto Madryn, Marta nos cuenta que el año pasado en la temporada, nacieron más de 320 ballenatos los que, se cree, volvieron o volverán con sus madres este año, para terminar su crianza o para completar el destete. Y en un año más, serán adultos jóvenes.