Con la magia de los Andes

En Ski Portillo se hace realidad el anhelo de quienes, aún con alguna discapacidad, quieren disfrutar de la sensación de deslizarse por la nieve con esquíes.
En Ski Portillo se hace realidad el anhelo de quienes, aún con alguna discapacidad, quieren disfrutar de la sensación de deslizarse por la nieve con esquíes.

Un centro de esquí encierra, al margen del deporte, algunas sorpresas que emocionan. En Ski Portillo el asombro llegó de la mano de un grupo de chicos y jóvenes discapacitados de la Fundación Andes Mágico, que esquiaron a la par del resto de los visitantes. 

El público que conforma el mercado de los deportes de nieve que practican esquí o snowboard, en pistas o fuera de pista, es muy especial.

No importa su sexo ni edad –pueden ser adultos, jóvenes o niños, desde los 4 o 5 años–, son personas a las que les apasiona sentir la adrenalina corriendo por sus venas.

Es gente que disfruta hasta casi el paroxismo sentir el viento helado en la cara, mientras su humanidad se desplaza, se desliza, sobre un par de esquíes o una tabla a velocidades que dependen de sus habilidades pero habitualmente son altas.

Hasta aquí no hemos descubierto nada nuevo, sino que hemos descripto un deporte que, si no lo practica, al menos lo conoce. Pero, si el que se prepara para salir a esquiar es alguien con discapacidad intelectual, visual o motriz, la historia es distinta.

En una reciente visita al complejo chileno de Ski Portillo, pudimos observar a un grupo de 10 chicos y jóvenes con capacidades especiales, disfrutar y mostrar esas sensaciones a la par de todos.

Ver esquiar a un muchacho con una sola pierna, bajando por una de las pistas a la par del resto de los esquiadores, con absoluta seguridad y la felicidad reflejada en su rostro, es asombroso.

Y ese asombro se transforma en emoción cuando quien se desliza raudamente por la superficie nevada es un chico con discapacidad motriz total, sentado en una silla que en lugar de ruedas tiene un esquí. Con los bastones, especiales y adaptados a sus necesidades, no sólo mantiene el equilibrio sino que ayuda a desplazarse e impulsarse para esquiar.

El grupo presente en Portillo pertenece a una institución de Santiago de Chile, la Fundación Andes Mágico, creada por Mario Fernández, que "asume el compromiso de aportar a la inclusión de las personas con discapacidad al mundo social, deportivo y laboral, a través de los deportes y actividades al aire libre".

Del 22 al 29 de agosto pasado, el grupo estuvo en Ski Portillo en una “semana mágica” durante la cual los chicos y jóvenes recibieron entrenamiento por parte de los instructores de esquí del complejo.

La leyenda de la laguna

Una de las características destacadas del centro Ski Portillo, en Chile es la presencia, junto al hotel y rodeada por montañas, de la laguna del Inca, un espejo de agua proveniente de vertientes naturales.

El hielo cubre la superficie de la laguna del Inca donde, según la leyenda, reposa la princesa Kora-llé.
El hielo cubre la superficie de la laguna del Inca donde, según la leyenda, reposa la princesa Kora-llé.

Esa es el agua que se consume en el hotel y podemos dar fe de su pureza y sabor distinto. Además, es parte inseparable del paisaje que rodea al complejo, con su presencia imponente.

Pero no sólo es valorable desde lo paisajístico y su utilidad, sino que también tiene una impronta cultural, a través de la leyenda de la laguna del Inca que todo visitante podrá conocer no bien arribe a Portillo.

Según esa leyenda, sobre el cristal de la laguna, en ciertas noches de plenilunio, se oyen lamentos que turban su quietud inviolada. Es tal vez un encantamiento lo que produce esos extraños lamentos.

La narración cuenta que “es el ánima del inca Illi Yunqui que torna a vagar sobre la tumba lacustre en la que hizo sepultar a su amada, la princesa Kora-llé, despeñada trágicamente en un precipicio durante el festín de un nascu o cacería”.

La tradición relata que el inca, cuyo dolor sacudió la montaña, creyó que ningún sarcófago sería comparable a aquella sepultura. Envuelto en blancos linos, el grácil cuerpo fue descendiendo a la profundidad azul, ante el dolido séquito imperial.

Desde entonces, el agua se tiñó con el matiz de esmeralda de los bellísimos ojos de la princesa que ya el “hijo del sol” no podría jamás despertar. Vaga así en el lugar un hálito de amor y de misterio, que se cubre con el manto silencioso de la nieve.