Buzios, refugio de Brigitte Bardot

La playa João Fernandes, nombre del famoso pescador ballenero.
La playa João Fernandes, nombre del famoso pescador ballenero.

La bella actriz francesa huyó, en la década de 1960, del acoso de los paparazzi de Río de Janeiro y se recluyó en este pueblito de pescadores. Lejos de conservar ese perfil, el lugar se convirtió en uno de los destinos turísticos más buscados de Brasil.

Es uno de los destinos más promocionados, pero acaso el más accesible para los argentinos que quieren playas de alto nivel, a pocas horas de vuelo y precio razonable. Buzios, o Armaçao de Buzios, es el lugar más amigable para pasar unas minivacaciones en cualquier momento del año.

Situada a 170 kilómetros del aeropuerto de Río de Janeiro, brinda 26 playas con todas las alternativas imaginables para gozar del mejor mar brasileño, en un pequeño reducto urbano.

La península, que los lugareños describen como “una mano que entra al mar”, envuelve entre sus “dedos” gran cantidad de balnearios para todos los gustos. En sí, Buzios se adapta a todos los gustos y necesidades, sea para una luna de miel, unas vacaciones familiares o el paseo ideal para un grupo de amigos.

Su oferta de paisajes no se agota en el mar, sino que tiene el complemento ideal en lo que ofrece la aldea durante el día o, especialmente, al caer el sol.

Homenajes en forma de estatuas: a los pescadores, por el origen de Buzios, y a la inolvidable Brigitte Bardot, quien con su presencia le cambió el perfil al lugar.
Homenajes en forma de estatuas: a los pescadores, por el origen de Buzios, y a la inolvidable Brigitte Bardot, quien con su presencia le cambió el perfil al lugar.

Antiguo puerto de pescadores, desde que era parada de buques balleneros, a partir de los años \'60 comenzó a “trocar” su tónica hacia el turismo. A mediados de esa década, brillaba como una de las principales figuras del cine Brigitte Bardot, quien fue a Río de Janeiro a pasar una temporada de descanso.

Pero los paparazzi no la dejaban tranquila, así que recibió la recomendación de un lugar pacífico y especial. Algunos “locales” todavía la recuerdan con sus baños de sol y Buzios le honra su espíritu de musa al bautizar la costanera con el nombre de Orla Bardot.

A partir de ese suceso, el lugar comenzó a recibir pobladores, turistas y todos aquellos que se sumaron a la onda turística. Muchos de ellos fueron los argentinos que, desde finales de los ’70, llegaron casi incesantemente para asentarse con sus posadas, hoteles y comercios. En las playas, pero particularmente en los comercios, no resulta difícil comunicarse ya que el español convive con el portugués en cada rincón.

La playa João Fernandes, nombre del famoso pescador ballenero.
La playa João Fernandes, nombre del famoso pescador ballenero.

La ciudad, de 30 mil habitantes, se concentra en torno a las antiguas playas João Fernandes y Dos Ossos, una en honor al pescador que explotó la actividad ballenera y la otra por los “huesos” (ossos) de cetáceos que quedaban en un sector de la costa, junto a la factoría que producía el aceite.

Si bien en ese sector de la península hoy se concentra la actividad comercial y gastronómica, en torno a la popular Rua das Pedras y su pintoresca plaza, todo el litoral buziano tiene sus atractivos, particularmente con playas que combinan un toque más agreste y con menor presencia de público. Hay balnearios para todo tipo de elección, para la mañana o la tarde; con olas o calmas; abiertas o en anfiteatro, por sólo citar algunos de los criterios.

Praia dos Ossos, por los huesos de los cetáceos que solía haber.
Praia dos Ossos, por los huesos de los cetáceos que solía haber.

Desde las concurridas João Fernandez o Dos Ossos, hasta las alejadas y extensas, como Geribá o Manguinhos, el litoral de esta península hace que la geografía voluptuosa se complemente con morros, miradores marítimos, selva, pantanos y jardines. La sorpresa acecha a cada paso.

El traslado de un punto al otro de esta particular aldea, puede hacerse en vehículo propio o con mediante el alquiler de los pintorescos buggies, los descapotables que tanto se adaptan a estos paseos. Pero también, para bolsillos menos abultados, existe un muy buen servicio de “guaguas” o minibuses urbanos, que surcan la península de punta a punta en cuestión de minutos.

Otra forma de conocer el paisaje de Buzios es a través de los paseos en veleros o en escunas, un recorrido de dos horas y media que además de proporcionar una zambullida en el mar está acompañado de una caipiriña preparada por expertos y ritmos, como la bossa nova o el forró (fogó). En algunos casos, hay un bonus, como una clase de baile en plena cubierta. A esa altura, algunos no distinguen si el ritmo que danzan es por la música o por las olas.

El movimiento sigue

De noche, los enamorados, las familias o los amigos pueden pasar muy buenos momentos recorriendo un centro comercial donde se concentran las principales lojas de Brasil, con sus marcas más renombradas.

Además de una gastronomía exquisita, con peixes, frutos de mar, feijoada o cualquier comida carioca, siempre queda tiempo para degustar crepes exclusivos de Buzios. En todos lados, la música está presente, en especial en shows o minirrecitales con el mejor repertorio brasileño.

Show de samba en Rua das Pedras, donde vive la noche de Buzios.
Show de samba en Rua das Pedras, donde vive la noche de Buzios.

En los últimos años, sobre playa de Manguinhos, apartada del centro, se ha desarrollado un nuevo polo gastronómico y de entretenimiento: Porto da Barra. Además de ferias de artesanos y restós temáticos, se destaca Casa Wagner Tiso Jazz Club, donde se puede cenar junto a un escenario con un piano o una guitarra y algún cantante local.

El nombre homenajea a un virtuoso músico que ha grabado con Milton Nascimento, quien en alguna ocasión se presentó en el lugar de su amigo.

Para los más inquietos, Buzios ofrece la posibilidad de practicar golf (hay una cancha de 18 hoyos), stand up, vela, surf o kite surf. Sin embargo, lo más destacado son las actividades de las escuelas de buceo que aprovechan las aguas cristalinas y ofrecen desde un bautismo hasta inmersiones para profesionales.

Preguntando a quien la visitó, está claro que es difícil escapar a la tentación de esta aldea. La calidez de la gente da una sensación de estar en un sitio familiar, a la vez que la naturaleza de Buzios hace sentir que uno está en un lugar extraordinario.