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Viajar con mascotas: la historia de Martín y Apu

Desde 2019, el cordobés Martín recorre América junto a su perro y fiel compañero. Incluso vivieron dos años a bordo de una van. Conocé su aventura.

Por María Cruz Mercado Luna (Especial).

Muchas personas tienen un fuerte vínculo con los animales que los acompañan, ellos se vuelven un afecto más y una parte importante de su vida y sus planes. Este es el caso del cordobés Martín Sánchez Balzarini y su compañero Apulino, un rottweiler negro que adoptó de cachorro. Con la diferencia de que ellos no sólo conviven sino que viven de viaje, juntos.

El comienzo

Apenas Apu fue adoptado por Martín, en 2019, se convirtió en un perro trotamundos. Lejos de pensar en que una mascota lo limitaría, el cordobés hizo planes para recorrer el continente con él. “Nunca pensé que podría ser una carga en mi viaje”. Al contrario, para él "las mascotas son y serán siempre la mejor compañía".

 
 
 
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Sus rutas

Cuando Apu tenía pocos meses, la dupla emprendió el primer viaje compartido; casi dos años por la Patagonia a bordo de una van que lleva escrito el nombre de su proyecto Viviendo Caminos. Compartir todos los días en un lugar diferente los unió aún más, “lo mejor de viajar juntos es la increíble conexión que construimos, con él hablo como con cualquier persona, sólo basta mirarnos a los ojos y entiende por completo en qué contexto estamos”. Además, sostiene que el vínculo con los animales y la naturaleza nos hacen seres más sensibles.

La combi, adaptada a sus necesidades por el propio Martín (con cama grande para que el perro duerma a sus anchas, claro) fue su hogar móvil durante mucho tiempo y en ella partieron hacia Chile, donde el viajero consiguió trabajo en un hotel de montaña y recorrió como mochilero, los paisajes más lindos del país vecino, “yo con mis dos mochilas y él con su bolsito”. Conocieron desde lagos helados y vacíos hasta shoppings bulliciosos, "Apu es todoterreno", ríe.

En ningún destino tuvieron inconvenientes para trasladarse “siempre con la mejor onda explicando que es mi compañero, logramos subir a un barco, a buses públicos y vuelos comerciales, con él sentado a mi lado”. En sus videos, por ejemplo, hay tomas del perro sentado en un avión, disfrutando la atención de las tripulantes de cabina que se acercan a saludarlo y sacarle fotos antes de despegar.

 
 
 
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Eso sí, tuvieron que amigarse con algunas medidas como que Apu anduviese con bozal al circular por ciertos sectores públicos. Pero el cambio más grande fue sin dudas la llegada de la pandemia, que los encontró en las montañas chilenas. En ese contexto, Martín decidió dejar el vehículo en este país y trasladarse a México, donde se encuentran ahora, en la ciudad de Cuernavaca, "le dicen la Ciudad de la Eterna Primavera, por el buen clima".

El día a día

Buscando alejarse de la rutina, el viajero genera sus recursos en el camino, en su momento para solventar el combustible y ahora para el alimento de ambos, así, trabajó en diferentes lugares, vendió llaveros e hizo muebles de diseño. Claro que, en un recorrido de años, no todo es siempre color de rosas y Apu vivió, junto a su dueño, todas las emociones posibles “me vio preocupado, trabajando, llorando, contento… este viaje, como la vida misma, es cíclico, hay días buenos y no tan buenos pero nos acompañamos en todo momento”.

 
 
 
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Aunque (por ahora) no pueden seguir el proyecto en la van que compartían, el plan sigue siendo recorrer América, Martín está convencido de que hay que buscarle el lado positivo a la situación. Por suerte, comenta, Apu se maneja muy bien en todos los transportes. Dice que, incluso, en los aeropuertos se sienta detrás de las líneas marcadas a esperar su turno, sin necesidad de indicaciones. “Se porta increíble, su capacidad de adaptarse es sorprendente. Somos un gran equipo”, explica.

Por ahora disfrutan de México, donde el argentino nota que, tanto las personas, como las oportunidades y los precios son accesibles, "menos el fernet, que es caro", se ríe. Mientras continúan sus aventuras, sin fecha de regreso, Martín reflexiona “el consejo que le daría a cualquier persona que piense viajar con su perro es que se deje fluir y entienda sus necesidades”, explica que, aunque no compartamos idioma, estos animales son trasparentes y claros a la hora de transmitir algo. Al fin y al cabo no por nada los llaman los mejores amigos del hombre.

 

 

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