Valle de la Luna, un paisaje de otro planeta en Bolivia

Las extrañas texturas del cerro se deben a los efectos erosivos que fue sufriendo con el tiempo. (Foto: Turismo Bolivia)
Las extrañas texturas del cerro se deben a los efectos erosivos que fue sufriendo con el tiempo. (Foto: Turismo Bolivia)

Un extraño lugar semidesértico salpicado de picos rocosos, chimeneas y cactus que fue nombrado como Valle de la Luna por el propio Neil Armstrong.

Muy cerca de la ciudad de La Paz, en Bolivia, se encuentra el Valle de la Luna, un particular y poco conocido paisaje semidesértico salpicado de picos rocosos, chimeneas y cactus llamado así por Neil Armstrong.

A sólo 10 kilómetros de La Paz se encuentra el acceso al lugar, que parece salido de otro planeta. Se trata de una interesante formación geológica en un cerro que fue sufriendo efectos erosivos con el tiempo, generando como resultado texturas extrañas de conos y cráteres.

El Valle de la Luna puede recorrerse entero en unas dos horas. (Foto: Andrea Molina)
El Valle de la Luna puede recorrerse entero en unas dos horas. (Foto: Andrea Molina)

Por qué se llama Valle de la Luna

Este atractivo natural fue bautizado como “Valle de la Luna” en el año 1969, cuando el propio astronauta Neil Armstrong –la primera persona en pisar la Luna– lo conoció durante su visita por el país y dijo que le recordaba a un valle lunar.

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En concreto, el cerro es de arcilla, un material que contiene diferentes minerales que les dan a estos picos colores variados, pasando del blanquecino al violeta, con los más habituales marrones y rojizos.

Qué hacer en el Valle de la Luna

El Valle de la Luna se puede recorrer entero en unas dos horas. Existen una variedad de senderos para hacer a pie que llevan al corazón del valle, desde los cuales se pueden apreciar hermosas vistas del sitio y los alrededores.

El ambiente sereno del lugar invita a la reflexión y la conexión con la naturaleza. (Foto: Andrea Molina)
El ambiente sereno del lugar invita a la reflexión y la conexión con la naturaleza. (Foto: Andrea Molina)

Durante la estadía es posible observar cactus y vizcachas, entre otras especies típicas de la fauna y la flora andinas. Por otra parte, en el ingreso generalmente se encuentran personas con vestimentas típicas tocando instrumentos o haciendo rituales de ofrendas y agradecimiento a la tierra.

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Al ser poco conocido por el turismo masivo, el Valle de la Luna es un lugar tranquilo que invita a la reflexión y a la conexión con la naturaleza. Además, es muy fácil llegar en colectivo desde La Paz, y es una buena manera de escaparse del ritmo de esa vibrante ciudad para conocer un paisaje surrealista.

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