Los tesoros ocultos de Pernambuco, en Brasil

El archipiélago Fernando de Noronha. Foto: Roberto Garrido / Wikipedia
El archipiélago Fernando de Noronha. Foto: Roberto Garrido / Wikipedia

Fernando de Noronha, Puerto de Gallinas y Cabo de Santo Agostinho: una experiencia paradisíaca inolvidable.

Brasil comienza la etapa de recuperación del turismo, una de las actividades centrales de la economía del mayor país de Sudamérica, golpeada por la crisis del coronavirus.

Los ejes de la promoción se centrarán, como en la mayor parte de los destinos del mundo, en potenciar sus espacios naturales. Con el convencimiento de que tienen mucha y muy variada oferta, Brasil se hará fuerte con sus playas (7.300 kilómetros de costa) y sus selvas.

Las zonas más populares del vecino país, se promocionan solas, pero hay otras para descubrir que son menos conocidas. Por ejemplo, las paradisíacas propuestas de Pernambuco, en el nordeste brasileño. Se trata de un estado muy rico, con mucha historia y exhuberantes paisajes.

El archipiélago de Fernando de Noronha es una de las joyitas naturales, declarada Patrimonio Mundial por la Unesco: sus islas y playas son hogar de centenares de delfines, tortugas, peces, pájaros y otros animales. Hay una sola que está poblada, pero el resto se conserva casi en estado virgen.

Es ideal para hacer caminatas, cabalgatas, conducir en la arena, surfear o bucear junto a una tortuga gigante. Y está el Fuerte de los Remedios, del siglo 18, con una de las mejores puestas de sol.

Cerca de la capital Recife está Puerto de Gallinas, un antiguo pueblo de pescadores. Sus pequeñas embarcaciones en las piletas naturales que forman los arrecifes, son parte de la postal.

Buceo, esnórquel, caminatas, o simplemente contemplar la vista desde la arena en la Praia de Muro Alto, valen el viaje.

El Cabo de San Agustín también destaca por sus playas. En Gaibu se puede caminar entre cocoteros, edificios históricos, iglesias y ruinas, y nadar en aguas casi transparentes. La iglesia del siglo 16, es una ventana para el Brasil Colonial.

Los acantilados son las mayores atracciones en Guadalupe; los más altos alcanzan 15 metros. Tamandaré y Carneiros son localidades cercanas que eligen los lugareños para descansar.