Sueño de hielo en Islandia

Una firme determinación y un poco de suerte llevaron a Gonzalo Granja desde su Alta Gracia natal a un viaje de dos meses por la gélida Islandia.

Gonzalo es fotógrafo y realizador audiovisual. Tiene 27 años pero parece más joven. Quizás sea porque conserva intacto el espíritu curioso y aventurero que, a los 6 años, lo llevó a escaparse de su casa con un amigo para recorrer a pie 10 kilómetros hasta la casa de sus abuelos. El mismo que, en 2008, lo trasladó de intercambio a Alemania, desde donde recorrió 15 países entre colectivos y trenes. Y el que, este año, le permitió cumplir uno de sus mayores sueños: conocer Islandia (en nórdico antiguo, “tierra de hielo”). Con un pasaje de ida en la mano, les propuso a las empresas hoteleras y agencias de turismo locales filmar un video turístico promocional de ese país a cambio de su apoyo durante la estadía. “¿Cuándo empezamos?”, le respondieron. “Durante muchos años trabajé para viajar, hasta que descubrí que podía viajar trabajando”, cuenta el fotógrafo y realizador audiovisual.

–¿Qué fue lo que más te gustó de Islandia?

–La cultura, la gente, su modo de vida. Los islandeses son personas simples y muy piolas. En los supermercados no hay nadie que te cobre. Uno va, recoge las cosas y después pasa la tarjeta o deja la plata. La primera vez que me pasó, no entendía nada. Cuando ibas a un lugar, más que hacer alguna actividad concreta, la idea muchas veces era simplemente estar ahí. Conocí al dueño de una red hotelera que usaba siempre el mismo pullover simplemente porque era su favorito. El 60% del viaje lo hice a dedo y muchas personas me ayudaron. Además, hablan bárbaro inglés.

–¿Y lo que más te sorprendió?

–La geografía es impresionante. En una hora de viaje en auto pasás de ver playa a ver un glaciar y después un volcán. Hay muchos géiseres y cascadas, aunque pocos árboles. En verano, el atardecer arranca a las once de la noche y dura dos horas y media. El sol baja pero en ningún momento oscurece completamente. En invierno es al revés; sólo tienen cuatro horas de luz.

–¿Qué distingue a tus viajes y a tus fotos del turismo estándar?

–La búsqueda de vivir cosas reales, salir de la zona de confort, ver otras perspectivas. Para mí, no tiene gracia ir a un lugar nuevo para hacer lo mismo que hacés en tu casa todos los días. Cuando llego a una ciudad, enseguida busco encontrarme con los locales, que me digan cuáles son las mejores empanadas, dónde se ve mejor la puesta del sol. Eso, real y humano, es lo que me gusta compartir en mis fotos: que no sea una cuestión documentalista, sino algo sincero y personal. Creo que la fotografía, antes que el arte de sacar fotos o de capturar algo, se trata de ver, de aprender a mirar las cosas con otros ojos. Mi mayor deseo es invitar a la gente a salir y que sepan que no importa qué tan lejos vayan, sino lo que vivan en esos lugares.

–¿Qué consejos les darías a las personas que piensan viajar a Islandia?

–Que averigüen todo lo que puedan antes de viajar, así lo van a poder aprovechar más. Que vayan con holgura de tiempo, porque en Islandia no solamente los puntos turísticos son disfrutables, sino que todos los caminos entre un lugar y otro son completamente paradisiacos. Vale la pena ir parando. Y que visiten Vik: es un pueblo al sur del país donde viven apenas 300 personas, pero de cada una te llevás algo.