Redescubriendo la costa de Brasil

Mar azul, arenas finas, sol intenso y una caipiriña. Eso es exactamente lo que uno encuentra en Porto Seguro, Trancoso y Arraial d’Ajuda. Pero, al igual que un cofre del tesoro, este rincón guarda muchos atractivos que van más allá de sus playas.

“Aquí comienza la historia de Brasil”, nos cuenta nuestro guía, en un “portuñol” aceptable, mientras iniciamos el recorrido por el casco histórico. Se refiere a la flota portuguesa de Pedro Álvares de Cabral, que en el 1500 se instaló por primera vez en estas tierras por su ubicación estratégica.

La primera parada ofrece un show de macúlele, un impactante arte marcial mezclado con capoeira, donde se utilizan cuchillos como parte de la performance. En el siguiente punto se cuela la religión: es la iglesia de Nuestra Señora de Pluma, simple y hermosa. Fue construida en 1549 con piedras de coral -que aún se conservan- y paredes de más de 80 centímetros, que la mantuvieron en pie. La impresionante vista desde la entrada hacia el mar nos obliga a la selfie.

Por callecitas empedradas con coloridos locales de artesanías llegamos a la plaza, donde se encuentra la Iglesia de Nuestra Señora de Pena. Es la mejor conservada y cuenta con una sola torre por una particular razón: en el siglo XVIII, los edificios públicos que tuvieran más de una deberían pagar un impuesto más elevado.

A su lado, el Museo del Descubrimiento nos espera con artículos de ceremonias indígenas y elementos marítimos de aquella época. Años atrás, este edificio albergaba la prefectura de Porto Seguro, creada en 1772. La cárcel tenía una curiosa y cruel distribución: en las celdas de los hombres la ventana daba hacia el mar, para que al verlo anhelaran la libertad que nunca conseguirían. A las mujeres, en cambio, les tocaba una ventana de cara a la iglesia, para que cada día pidieran perdón por sus pecados.

La iglesia de Nuestra Señora de la Misericordia, de 1526, completa el recorrido.

DATOS. Información útil para redescubrir Porto Seguro.

Trancoso: un “cuadrado” y casas VIP

A 50 kilómetros de Porto Seguro (o 27 kilómetros si se elige el ferry), está Trancoso. Este pequeño pueblo conserva sus calles sin asfaltar, lo que le otorga un aire romántico y natural.

El centro, conocido como “el cuadrado de Trancoso”, recuerda a nuestro barrio Güemes: abundan los locales rústicos, coloridos, iluminados con velas y construidos con madera. Una estética simple y atrapante. Al finalizar el paseo nos topamos con la iglesia de San Bautista y, al fondo, el mar. Una imagen digna de película.

Pero Trancoso también es un lugar lleno de magníficas casas escondidas donde veranean los famosos, desde artistas a celebridades como Naomi Campbell, Kate Moss, Neymar, Beyoncé y Will Smith. Es por esto, también, que se lo conoce como el metro cuadrado más caro de Porto Seguro.

Muy cerca del pueblo, flotando en pasarelas entre los manglares, desembocamos en interminables playas de arena fina y paradores con una amplia variedad de reposeras, tumbonas y playeras. Todo muy hippie chic.

Dentro de la costa, la Playa de los Espejos es una de las preferidas. Su forma de medialuna invita a caminarla y el morro que cae al mar parece dividir dos mundos: de un lado, los arrecifes forman unas piscinas naturales que acogen a la parte popular, con paradores y vendedores ambulantes por todos lados; del otro, las olas que parecen no llegar a la orilla y la arena fina invitan a quienes buscan paz y tranquilidad.

Arraial: calles pintorescas y caminos hacia el agua

Tomamos el ferry en el muelle de Porto Seguro y en diez minutos atravesamos el río Buranhém para adentrarnos en lo que parece una isla (aunque no lo sea) llena de magia, donde el verde lo cubre todo. Después de 4 kilómetros, llegamos a Arraial d’Ajuda.

Esta villa nada tiene que ver con lo que dejamos atrás. Sus calles tranquilas, empedradas y llenas de árboles nos dan la bienvenida. En el centro, un letrero anuncia que estamos frente a “la calle más linda de todo Brasil”. Se trata de Mucugê, que concentra bares y locales comerciales.

A las playas se accede por innumerables senderos que bajan hacia el mar. Mucugê y Apaga Fogo son las más cercanas al centro. Más lejos aparece Pitinga, abrigada por un rojizo acantilado desde donde se practica parapente. Durante la marea baja, sus barreras de arrecifes dan lugar a hermosas piscinas naturales.