Prolija y segura, sus señas particulares

Dicen que quien no visita el Museo Vasa es como si no hubiera estado en Estocolmo. Ubicado en la isla de Djurgarden, cuatro líneas de ómnibus conducen al lugar, al igual que el metro Karpalan y hasta se puede ir en barco.

Se trata de un barco antiguo construido en 1626 y puesto a navegar dos años después como uno de las mayores naves de guerra de los suecos. Sin embargo la nave, el más ambicioso sueño del rey Gustavo Adolfo, con 24 cañones y 700 esculturas talladas duró poco a flote. Ese mismo año se hundió frente al puerto, poco después de su viaje inaugural.

Los historiadores y expertos lograron localizarlo muchos años después y en 1961 fue rescatado. Luego se hizo una incansable tarea de restauración  hasta dejarlo prácticamente como nuevo.

Esa enorme pieza de la antigua marina sueca es la que se exhibe en el Museo Vasa. Allí, también es posible ver hasta los esqueletos de algunos miembros de la tripulación, enseres y armamentos.

A través de las seis plantas se observan cómo era la vida de a bordo; cómo se manipulaba semejante buque a vela; la historia del rescate, y cómo era la Suecia de aquella época.

Gran cantidad de gente lo visita diariamente y la entrada cuesta unos 11 euros aproximadamente.

Al frente del Museo Vasa se encuentra el Nordiska Museet, donde se pueden apreciar muebles, utensilios y las principales tradiciones del pueblo sueco.

El centro moderno. Las calles del centro comercial de Estocolmo se caracterizan por su amplitud. Bien señalizadas, con semáforos que todo el mundo respeta, y rodeadas de shoppings y negocios con las marcas más famosas del mundo.

En los coquetos bares del sector, se puede tomar un café expreso con una exquisita torta a aproximadamente 12 euros. Indudablemente caro, pero vale el gasto, ya que la repostería sueca es una de las mejores de Europa.

En el recorrido por esta zona, llama la atención la cantidad de cámaras de seguridad ubicadas en distintos sectores para vigilar no sólo el tránsito sino también a los peatones como medidas de “precaución”.

La Ópera Real es uno de los edificios más emblemáticos del centro y ha estado en actividad desde 1772, mientras un típico mercadillo de verduras, ropas y artesanías se ubica a diario, en una de sus plazas.

Una novedosa atracción para los turistas es el ascensor exterior de Katarina, que se eleva hasta una altura de 38 metros para observar el movimiento portuario y el barrio antiguo.

El Ayuntamiento. Es  considerado como un símbolo viviente de la ciudad de Estocolmo. Se celebran allí numerosas actividades. La más conocida es el banquete anual que se realiza con motivo de la entrega de los Premios Nobel.

Fue diseñado por el arquitecto sueco Ragnar Ostberg e inaugurado en 1923. Sus amplios salones pueden ser visitados con  guías especializadas.

En su exterior tiene una torre de 106 metros de altura con un ascensor que lleva hasta la mitad y luego hay que seguir por escaleras.

Está abierta sólo en verano y ofrece una magnifica vista de Estocolmo y tiene un museo y una tienda con venta de souvenirs.

Capital verde. Estocolmo, considerada la primera Capital Verde de Europa en 2010, con su Ekoparken, primer parque nacional urbano del mundo, se apresta a celebrar un importante acontecimiento real ya que el 19 de junio próximo allí se casarán la princesa heredera Victoria con Daniel Westling. Con este motivo ya están preparadas numerosas celebraciones que comenzarán el 6 de junio, Fiesta Nacional de Suecia, con actuaciones musicales y acontecimientos culturales.

Será en verano, una oportunidad más que interesante para conocer Estocolmo.

Vuelos a bajo costo. Para llegar a Estocolmo, existen varias líneas aéreas de bajo costo desde Europa. La principal oferta la tiene la empresa Ryanar, que opera desde el aeropuerto español de Girona (Cataluña).

El costo del billete es de 74 euros, ida y vuelta, e incluye un equipaje de mano de no más de 10 kilogramos.
El trayecto insume tres horas de vuelo y en caso de llevar más equipaje, el costo adicional es de 40 euros cada valija.

Claro que por ese precio, los servicios a bordo no existen, salvo que se paguen como extras.  Por ejemplo una lata de gaseosa de 150 ml, 1,80 euro, una red bull 3,50, una botella de agua de  500 ml, 3 euros, un café o té 3 euros, una pequeña pizza 4,50, una hamburguesa 4,00, chili con carne 5.00, entre otros.

Además casi convertido en un shopping aéreo, las azafatas ofrecen en sus carros, todo tipo de perfumes, cigarrillos, regalos y hasta tarjetas telefónicas. Por ahora el uso del baño sigue siendo gratis pero en poco tiempo también se cobrará 1 euro por el servicio en viajes de no más de una hora.

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