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“Pokéturismo”, el guía inesperado

Destinos turísticos, museos y sitios patrimoniales incorporan el videojuego de realidad virtual como recurso. En Argentina, el Museo de La Plata fue uno de los pioneros.

Por Cristian Celis (Especial).

El smartphone vibra y en la pantalla aparece, desafiante, una de las 151 criaturas de Pokémon Go. Detrás se puede ver la iglesia del barrio, la Torre Eiffel, el Machu Picchu o la Ópera de Sidney, según el lugar del mundo donde nos encontremos.  

El famoso videojuego de realidad virtual tiene la capacidad de hacer desplazar kilómetros a sus seguidores y de reunirlos en un mismo espacio, sin cita previa. Esa lógica se lleva muy bien con el turismo, de allí que, en poco tiempo, Pokémon Go se ha convertido en tendencia gracias a sus poképaradas (sitios donde adquirir objetos útiles como pokébolas, para capturar criaturas) y gimnasios (espacios para entrenar y combatir con otros pokémones), ubicados en lugares emblemáticos de cada ciudad.

En España, el juego ya es un recurso turístico durante este verano boreal. En las playas de Lloret de Mar, Calpe, Estepona, Gijón y Coruña se invita a disfrutar del mar y atrapar algunas de las criaturas más evolucionadas como Charmaleon, Squirtle,Bulbasaur, Onix o Snorlax. En la Comunidad Valenciana, Paterna organizó eventos para promocionar sus atractivos mediante la caza de pokémones y Benidorm creó tres pokérutas turísticas exclusivas (Poniente, Levante y Centro), que promociona desde www.visitbenidorm.es

En otras latitudes también se escucha el sonido de algunos de los 151 pokémones del videojuego (en el animé son 721, de seis generaciones). En Estados Unidos, por ejemplo, la zona de Los Angeles es una de las más buscadas y hasta hay agencias que venden tours por la región. Asimismo, existe mucha actividad en Nueva York y Disneylandia.

 

De circuitos a poképaradas

La estrategia turística consiste en relevar qué pokémones hay en el destino y crear alguna herramienta –guías o pokérutas- para que el turista pueda atraparlos, mientras recorre y conoce el lugar. Otra opción es comunicarse con la página oficial (www.pokemon.com) y solicitar una poképarada en la ciudad o comercio, a través de un formulario. 

En ese sentido, el juego aporta ventajas provechosas para el turismo. El animé cuenta con 18 tipos de pokémones. Cada uno tiene sus características, según el entorno. De allí que en playas, por ejemplo, es común encontrar a criaturas acuáticas como el venenoso Tentacool, con forma de medusa. Otro beneficio radica en la geolocalización que usa el juego: gran parte de las poképaradas están en lugares emblemáticos de cada ciudad. Estas sedes fueron distribuidas por Pokémon Go a partir de la base de datos de Ingress, otro juego de realidad aumentada desarrollado previamente por Niantic, una de las creadoras de esta app

También moviliza emociones

Algunos detractores aseguran que, si bien el juego promueve el desplazamiento hasta lugares turísticos y culturales, como los museos, no hay garantías de que los “jugadores-turistas” conozcan o tengan una experiencia transformadora, en términos culturales.

En ese sentido, el catalán Jordi Tresserras Juan –especialista en temas de patrimonio, turismo y gestión cultural- asegura: “La clave está en los mismos museos. Creo que no podemos obviar que hay millones de personas interesadas en Pokémon Go. Existen experiencias interesantes como el Museo Metropolitano de Nueva York, que ha integrado un tour de los pokémones en el museo o el del Biomuseo de Panamá, que ha realizado un trabajo de interacción entre los pokémones y las colecciones de insectos. Creo que falta imaginación. Sí hay museos vinculados con la memoria -como los museos del Holocausto, el museo del genocidio de Camboya, el parque de la Bomba Atómica de Hiroshima- o espacios religiosos que han decidido prohibir la caza de pokémones en sus recintos”.

En Argentina, el Museo de La Plata tomó la posta. El pasado 21 de agosto, invitó a cazar pokémones ocultos entre sus colecciones de fósiles, mamíferos, reptiles y cerámicas precolombinas para compartirlo, luego, en Facebook. “Ayudanos a encontrar pokémones en el museo. Estamos rodeados de poképaradas y del gimnasio del bosque”, decía el aviso ilustrado con un feliz Pikachu, entre decenas de pokémones. 

De la Pelada al Pikachu de la Cañada

"Inmediatamente llegó esta aplicación observamos gran número de jóvenes, y otros no tanto, paseando por distintos puntos en busca de estos animalitos virtuales. En la mayoría de nuestros íconos turísticos -como la Catedral, el Cabildo, la Manzana Jesuítica- los participantes podían sumar puntos con sus cacerías y/o conseguir las aspiraciones en los distintos niveles del juego, lo que al mismo tiempo influyó para que sepan un poco más de nuestra historia, aprendan el nombre de distintas esculturas, plazas y todo el patrimonio arquitectónico de Córdoba", analiza Sebastián Valenti, Director de Turismo.

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