Las tortugas también eligen

Proyecto Tamar, programa de protección de las tortugas marinas, especialmente, de la acción del hombre.
Proyecto Tamar, programa de protección de las tortugas marinas, especialmente, de la acción del hombre.

La zona de Praia do Forte es la preferida por las tortugas marinas, que se instalan para reproducirse, entre los barcos que salen a buscar camarones al amanecer.

La zona de Praia do Forte es la preferida por las tortugas marinas, que se instalan para reproducirse, entre los barcos que salen a buscar camarones al amanecer. El proyecto Tamar es un programa que se ocupa de protegerlas de las acciones del hombre, el principal causante del peligro de extinción.

Al crecer la ciudad, las luces marearon a las tortugas. Después de cumplir su perío­­­­­­do de incubación, las crías se orientan siguiendo los rayos del sol del amanecer, para dirigirse hacia el mar. Las luces de las casas las desorientaron e hicieron (y todavía hacen) que caminaran en dirección contraria. Además, muchos turistas desinformados solían recolectar huevos de la orilla, y la pesca indiscriminada, además de los manjares del mar, también se llevaba las tortugas entre sus redes. Para que las tortugas marinas sigan existiendo, hubo que crear un ambiente “de cautiverio” que garantizara su reproducción.

Con ayuda de la comunidad, recolectan los huevos que las tortugas dejan en las orillas y los entierran en zonas sin circulación, así evitan que se pisen o se roben. Si uno visita Praia do Forte entre septiembre y marzo, coincide con la época de desove.
Si tiene suerte, puede presenciar el nacimiento de las tortuguitas. Se las puede ver salir del nido al atardecer y presenciar su carrera hacia el mar, atraídas por la luminosidad del horizonte.

Todo en un mismo lugar. La mejor manera de disfrutar Praia do Forte, es alojarse en el Tivoli Ecoresort, el resort originalmente creado por Peters y que desde 2006 pasó a manos de la cadena hotelera portuguesa Tivoli. El hotel fue el punto de partida para el desarrollo del ecoturismo en la región y cumplió una de las premisas fundamentales: generar trabajo. Gran parte de los trabajadores del resort, son nativos y habitantes del pueblo; ellos fueron entrenados y consiguieron un empleo que les permitió progresar y quedarse a vivir en la zona, cosa que antes era impensable.

Son 287 habitaciones, de 5 diferentes categorías, todas puestas a nuevo recientemente. Están repartidas en bloques de sólo 2 pisos de altura sin ascensores y cada habitación tiene su balcón con hamaca, para disfrutar a pleno de las fantásticas vistas.

“Si ustedes disfrutan, yo soy feliz”, dice el señor Rodrigues, el maitre del restaurante. Pre­­sen­te casi desde los inicios, es un referente obligado, está siempre: se lo ve activo en el desayuno, en el almuerzo y bien de noche hasta el fin de la cena. Los restaurantes disponibles son tres: À sombra do coqueiral, con vista a la piscina que se confunde con el mar y comida a la carta con especialidades mediterránea e internacional.

El Goa, con bufet en el desayuno y en la cena, con más de 90 opciones es una alternativa realmente tentadora. Finalmente el Tabareu, el elegido los mediodías por su cercanía con la playa: distendido e informal, con platos a la parrilla, sushi y especialidades nordestinas. Todas las noches hay un espectáculo de jerarquía. En general, música junto a la piscina, para escuchar o bailar.

Los que buscan actividad física cuentan con ocho piscinas, campo de fútbol, cuatro canchas de tenis, cancha de vóley, gimnasio y actividades náuticas. Para los pequeños un club infantil “Careta Careta”, donde pasan el día muy entretenidos. Los amplios y cuidados jardines, invitan al paseo. El aroma a coco nos acompaña en nuestra caminata entre cajús, orquídeas y bromelias. Anochece y tienta entregarnos al relax del Thalasso spa. Cruzar la puerta del lugar, traslada a Tailandia o a Bali. Construcciones de madera y techos de paja de piaçaba (palmera del lugar), alternan con jardines y pequeños espejos de agua, bambúes y plantas.

No se escucha más que el ruido del agua y la suave música mientras disfrutamos un té verde.

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