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La isla del Gozo

En el norte de Malta está Cirkewwa desde donde parten los ferrys que llegan a la isla de Gozo. Se trata de naves equipadas con bar y un pequeño shopping que salen cada media hora, para cruzar en 20 minutos los seis kilómetros que separan.

Por Redacción LAVOZ.

En Gozo recibe el puerto Mgarr, con pintorescos barquitos de varios colores llamados “luzzu”, y la iglesia Nuestra Señora de Lourdes.

Desde allí, lo mejor es subir a uno de los buses turísticos que por 15 euros permiten recorrer los 14 pueblos que componen la isla.

Gozo no estaba muy fortificada en la antigüedad situación que fue aprovechada por los piratas que perpetraron numerosos ataques. La historia narra que en una invasión toda la población fue tomada prisionera.

Según la leyenda, en Gozo vivió la ninfa Calipso quien mantuvo esclavo a Ulises quien, tras largos siete años, logró librarse de los fogosos abrazos y volver con Penélope, que tejía y destejía, que aguardaba su regreso.

Laberinto de callejuelas. Victoria es la capital de Gozo y tiene una fisonomía de numerosas callejuelas que la cruzan como un laberinto. El centro está lleno de negocios y bares donde se paladean los típicas “timpanas”, bollos de hojaldre al horno, rellenos de carne picada y huevo duro y los “imqaret”, pasteles fritos rellenos de dátiles, bastante empalagosos.

En ese perímetro insular y sobre una de las colinas se encuentra la Ciudadela, edificada entre los siglos XVI y XVIII, totalmente amurallada ya que fue el refugio nocturno de la población. Entre sus gruesas paredes se encuentra la Catedral de Santa María, y los Tribunales de Gozo donde antes estaban los palacios de Justicia y el del gobernador.

En esos subsuelos se visitan las antiguas prisiones y el arse nal de los Caballeros y desde el exterior se observa una magnífica vista de Victoria y del valle.

Al recorrer la isla se conocen los templos megalíticos de Tarxien del 2200 antes de Cristo, un verdadero museo arqueológico bajo el cielo azul maltense. Allí, se guardan restos de incalculable valor; la gruta azul de Wied iz-Zurrieq en cuyas profundidades se protegían los pescadores; el templo de Hagar Qim, correspondiente a la Edad de Cobre.

A continuación se levantan pequeños pueblitos a la orilla del mar donde es oportuno saborear algunos de los exquisitos platos de la gastronomía maltesa con pescados frescos, verduras, y frutas.

Pero sin dudas, el orgullo de los malteses es el “hobza”, pan crocante y de miga ligera que se come con aceite de oliva y que acompaña distintos platos.

Los vinos, según dicen, fueron introducidos por los fenicios y en la actualidad se destacan los Chardonnay, Merlot y Cabernet Sauvignon.

La Medina. La antigua capital maltense, es la Medina (Mdina), a la que se llega en ómnibus urbanos de las líneas 51, 52 y 53, los que atraviesan varios pueblos de calles muy angostas.

La antigua ciudad, totalmente amurallada, en tiempos medievales fue sede del gobierno y punto de reunión de las fuerzas militares.

Con el tiempo se la trasladó y adquirió el nombre de La Valeta. Allí permanecieron muchas familias aristocráticas que poseían grandes palacios y residencias. En la actualidad la mayoría de esas colosales construcciones de la ciudad vieja son restaurantes como el Palazzo de Piro donde se ofrecen sabrosas tortas a 3,25 euros la porción.

Unas 300 personas viven dentro de las murallas donde también se conserva la catedral de San Pablo, la Casa del Tesoriere y el Museo Catedralicio.

Los británicos fueron los últimos en invadir el archipiélago de Malta y los responsables de incentivar el desarrollo de la agricultura, en especial, el cultivo de la papa, todavía uno de los productos más exportados. La producción del tubérculo junto al turismo (más de un millón y medio de visitantes anuales), constituyen las dos principales fuentes de ingreso.

Tras muchos vaivenes políticos, Malta obtuvo su independencia definitiva el 21 de septiembre de 1964 y desde el 1 de mayo de 2004 forma parte de la Unión Europea.

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