Impactante: esta playa parece salida de un cuento de terror

Costa Esqueletos (en Namibia) podría ser un destino paradisíaco: agua verde, arena blanca y un paisaje lleno de dunas. Pero la postal queda opacada por los esqueletos de ballenas y focas que se encuentran en la costa, acompañados por barcos oxidados.

El lugar se extiende desde el norte de la ciudad de Swakopmund hasta el noroeste de Namibia, abarcando 500 kilómetros de costa y dos millones de hectáreas de dunas y llanuras de grava. Es un sitio prácticamente virgen, sin rastros de intervención humana; no porque los habitantes no lo hayan intentado sino porque el ambiente no se los ha permitido.

La zona está dividida por cursos de agua: el sur está entre los ríos Ugab y Hoanib y el norte, entre Hoanib y Kunene. Los visitantes pueden recorrer el sur, pidiendo el permiso adecuado. Por su parte, el norte es la mejor parte para visitar, pero también la más complicada. Y es que, con el fin de preservarla, sólo 1.000 personas pueden acceder a esa área durante el año.

Aguas difíciles de navegar

El agua fría de la corriente de Benguela del Atlántico choca con el aire seco y cálido del desierto de Namibia y la niebla fría y densa resultante se extiende hacia el mar. Así, el viento y las corrientes se combinan para producir una fuerza que empuja hacia la orilla. Todos estos factores hacen que las aguas sean muy difíciles de navegar, por no decir imposibles. Por esta razón se ven muchos barcos estancados en la arena, oxidados y abandonados.

El más famoso es el Edouard Bohlen, que llama la atención porque se encuentra a 500 metros de la costa, rodeado completamente de arena. Este carguero alemán encalló en su camino a Ciudad del Cabo desde Swakopmund en 1907. Años más tarde, la costa cambió y el desierto comenzó a invadir el océano.