Imbassaí, una joyita por descubrir cerca de Salvador de Bahía

Desde el auto se puede ver la exuberante selva tropical y luego las dunas que terminan en la línea de palmeras que corre paralela a la ruta. ¿El mar? Se escucha y se huele, pero se esconde.

Imbassaí era un pequeño pueblo de pescadores y agricultores. Sigue siendo pequeño –no más de 1.000 habitantes–, pero su actividad principal ahora es el turismo. La inauguración de la ruta Linha Verde, que arranca en Praia do Forte, y la autorización del Gobierno brasileño a instalar el resort Grand Palladium dentro de la Reserva Imbassaí hicieron posible la transformación del lugar y de su gente y aumentaron la visibilidad del destino.

Ubicada entre Costa do Sauipe al norte y Praia do Forte al sur, Imbassaí tiene nueve kilómetros de anchas playas que garantizan tranquilidad y un mar con muchas olas, a pedir de la práctica de deportes náuticos. Las cabalgatas son una de las actividades de arena firme; los recorridos incluyen dunas, pantanos y ríos.

Corre por mi cuenta recomendar las caminatas muy temprano en la mañana. Amanece antes de las 6, cuando las palmeras son siluetas flacas y la bruma borra el horizonte.

Modo turista 

Alojado en una de las villas del resort, los primeros días tengo que guiarme por los carteles para no perderme. Para llegar a la playa, distante a unos 600 metros, hay dos opciones: el “modo fiaca” incluye el transporte desde el hotel y el “modo activo”, una caminata por una pasarela elevada sobre la mata atlántica. Durante el corto trayecto se pueden observar iguanas, pájaros multicolores, monos tití y algún que otro turista practicando stand up paddle en el río Imbassaí. El último escollo es un pequeño morro de arena poblado de palmeras.

La playa cuenta con bares, restaurante y todo lo necesario para disfrutar del mar. Por la noche, hay luces bajas para no molestar a las tortugas marinas que anidan en la zona, una de las prácticas sostenibles comprometidas del hotel.

La casa de la tortuga

10 kilómetros al sur de Imbassaí se encuentra Praia do Forte. Su calle principal, Alameda do Sol, es un adoquinado paseo peatonal lleno de pequeños restaurantes y coquetas boutiques que desemboca en la iglesia de San Francisco y en una pequeña bahía poblada por botes de diferentes calados pero igual de coloridos.

Para disfrutar del agua hay dos opciones: las playas de arena que dan al mar abierto y las piletas naturales que se forman en la zona de arrecifes durante la marea baja.

Un paseo ideal en plan familiar es visitar el proyecto Tamar. Se trata de un santuario dedicado a la protección de las tortugas marinas y otras especies acuáticas como tiburones y rayas. Con clara visión ecológica y social, esta ONG integra a la comunidad local. “Los mismos pescadores que juntaban huevos de tortuga para comerlos hoy trabajan protegiendo sus nidos”, comenta el guía.

Capital con historia

Favelas, morros selváticos y barrios tradicionales ocupan Salvador, la capital del estado de Bahía, poblada por 3 millones de habitantes. En sus plazas y en las calles del casco antiguo se concentran bailarines de capoeira, vendedores ambulantes, estudiantes y turistas formando un conglomerado de lo más heterogéneo. De las puertas coloridas de las casas coloniales se asoman las mujeres con sus trajes típicos, prestas para la selfie a cambio de algún real.

La Iglesia de Nuestro Señor de Bonfim es el templo católico en el que se distribuyen las famosas Fitinhas de Bonfim, suvenir y amuleto típico de la ciudad. Estas cintitas se atan en la reja que rodea el edifico (o en la muñeca a manera de pulsera) con tres nudos, uno por cada deseo que, dicen, se cumplen cuando la cinta se desgasta y se corta sola.

En el casco histórico, es imperdible el barrio Pelourinho. Su bien preservada arquitectura colonial barroca portuguesa forma parte del Patrimonio Histórico de la Unesco. Su nombre viene de “picota” en castellano, ya que había una en el medio de la plaza principal para el castigo de los esclavos.

El elevador Lacerda, con 72 metros de altura, conecta la Ciudad Alta con la Ciudad Baja. La parte alta es un punto panorámico desde donde se puede ver la bahía de Todos los Santos y el Mercado Modelo.

Otro lugar que merece la visita es el fuerte del Monte Serrat. Sus torres ofrecen historia y vistas únicas de la ciudad y la playa del Buen Viaje.

Anochece que no es poco

Del ritmo frenético de la gran capital a los tranquilos senderos del hotel. La convocatoria es para ver la puesta del sol. De espalda al mar se disponen camas, hamacas paraguayas y columpios, y se distribuyen cartas de tragos. El sol se pone sobre la selva y todo se tiñe lentamente de naranja.

Otro día termina en lo que, supongo, se debe parecer al paraíso.

Todo incluido

El Grand Palladium Imbassaí Resort & Spa es un laberíntico complejo de villas, restaurantes, bares, piscinas y canchas deportivas en donde se encuentra lo necesario para hacer de todo y, fundamentalmente, no hacer nada.

Tres restaurantes a la carta de comida brasileña, mediterránea y japonesa. Dos restaurantes bufetes. Once bares –atento, Córdoba: la bebida del águila está en todos–. Cuatro piscinas y un parque acuático. Spa de vanguardia y programa de deportes para todos los gustos y tamaños.

Datos útiles

CÓMO LLEGAR: Aerolíneas Argentinas (aerolineas.com.ar) tiene vuelos directos a Salvador de Bahía desde 24.000 pesos.

ALOJAMIENTO: Grand Palladium Imbassaí Resort & Spa ofrece estadía para dos adultos por siete noches, con régimen all inclusive, desde 2.000 dólares.

PASEOS: la visita a Praia do Forte por cuatro horas tiene un costo de 475 pesos por persona (no incluye entrada a Proyecto Tamar). El ingreso a Proyecto Tamar es de 350 pesos por persona.

El city tour por Salvador de Bahía cuesta 1.600 pesos por persona. Más información: pontoapontobrasil.com.

MÁS DATOS: visitbrasil.com/es.