Cuatro ciudades del sudeste asiático

Alo largo del viaje por el sudeste asiático, esta frase (en castellano: “Igual igual, pero diferente”) es ubicua. Se encuentra en remeras, en la boca de vendedores y de amigos, en mercados y restaurantes por igual. Es difícil rastrear sus orígenes, pero su aplicación es muy simple de explicar: ilustra el concepto de identificar similitudes en distintos entornos o elementos, pero enfatizando que son diferentes.

Por eso resulta perfecta para definir un posible paralelismo entre distintas ciudades de la región. En este caso, las que nos conciernen: Bali, Kuala Lumpur, Singapur y Bangkok. Una línea cultural que las reúne y, al mismo tiempo, cientos de elementos que las hacen ricas y distintas.

DATOS. Información útil para conocer el sudeste asiático.

Visitando extremos

Entre esta breve selección de destinos, la comparación más obvia resulta entre Bali y Singapur. La primera, una isla ubicada al suroeste de Indonesia, impacta por sus verdes intensos y sus aguas celestes. Los mejores paseos son al aire libre: caminar por las calles de Kuta, recorrer los impactantes arrozales de Ubud, bañarse en las aguas de las cascadas en Air Terjun Nungnung. Incluso una actividad como ir a la playa implica bajar cientos de escalones inmersos en una espesa jungla. A un destino memorable se le agrega una dosis de contacto con la naturaleza. Resulta increíble sin dejar de ser humilde, sencillo.

Singapur en cambio, apodada “ciudad de leones”, tiene cualidades más bien opuestas. Este popular destino portuario representa a la elite moderna de Asia. Sus altos edificios no tienen nada que envidiarle a las ciudades norteamericanas. Su lujosa marina, rodeada de edificaciones modernas, puentes iluminados y circuitos de caminatas, es la primera parada obligatoria para conocerla. En el corazón de la ciudad están los Jardines de la Bahía, paisajes verdes y árboles ficticios cuidadosamente diseñados por especialistas. Más sobre naturaleza artificial: aquí está el domo del Bosque de Nubes, una montaña artificial de 35 metros cubierta de vegetación, con ascensores para subir a la cima y disfrutar de la vista. Surreal.

Contacto espiritual

Si bien se conoce a Bangkok (Tailandia) por su cultura nocturna y sus callejones iluminados por neón, el recuerdo que uno se lleva de este destino tiene mucho más que ver con sus templos budistas que con sus templos de perdición. El Grand Palace, un complejo de templos y palacios ubicados en el centro de la ciudad, merece una visita. Muy cerca se encuentra Wat Pho, donde descansa el Buda reclinado más largo del mundo con sus impresionantes 46 metros de largo y 15 de alto. Finalmente, vale la pena conocer el hermoso Wat Arun, que desde el siglo XVII refleja el amanecer con rayos iridiscentes.

A su vez, a lo alto de una colina, y subiendo 272 escalones con cientos de monos, en Kuala Lumpur (Malasia) se despliegan las Cuevas Batu. Piedra caliza de miles de años de antigüedad y una estatua dorada de más de diez pisos de alto: muchos dirían que es más impresionante que las populares Torres Petronas. La facilidad de acceso a este templo, en la estación de metro llamada Batu Caves, lo convierte en un destino predilecto para visitantes de todo el mundo.

En este tema, Bali no se queda atrás: es menester mencionar el templo Uluwatu, ubicado sobre la cornisa de un acantilado de 70 metros de altura. Disfrutar de un atardecer en este lugar es un recuerdo inolvidable de Indonesia. Al igual que en Kuala Lumpur, el paseo se completa con cientos de monos que caminan a la par de los turistas. ¡Cuidado de no molestarlos!

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