Cuaderno de viaje: El último verano

Sin morros, sin piedras gigantes y sin curvas: Meia Praia ofrece 3,5 kilómetros de playa recta y ancha. Acá no vale el “me gusta acá”, porque el “acá” es un sector igual al “allá”.

Fue a mediados de enero de este año, o del anterior. Salimos en auto desde Córdoba rumbo a Brasil: 2.060 kilómetros nos separaban de nuestro destino. A las 21 estábamos en ruta. Éramos dos los que manejábamos, así que el viaje se hacía mucho más liviano. Comimos sandwichitos en San Francisco. Pasamos Santa Fe, Paraná, Villaguay y Cuatro Bocas: estábamos en la recta final. Llegando a Paso de los Libres, el taller El Cordobés nos recordó cuando, unos años atrás, el Renault 19 nos dijo “hasta acá llegué” y allí recibimos auxilio, casualmente de un cordobés.

11 de la mañana. La aduana del lado argentino estaba bastante más organizada que otros años y el trámite fue rápido. Incluso, como novedad, habían incorporado una media sombra para guarecerse del sol mientras se hace la fila (o sea, con un protector de graduación 8 o 12 no te ardés como antes, que necesitabas pantalla total). Del lado brasileño, tardamos un poco más.

Seguimos nuevamente en ruta, ahora por el país vecino. Los poco tranquilizadores carteles que rezan “es más seguro manejar de día” nos ponen límite a la travesía. Después de 500 kilómetros, en Porto Alegre y tras embocar los puentes apropiados buscando las señales que anuncian “litoral”, salimos a la autopista que, luego de hacer noche en un hotel, nos llevará a las tan ansiadas playas. Cabe aclarar que usualmente nos detenemos en Sao Gabriel, pero al alternar cada hora y media de conductor pudimos llegar lejos sin demasiado desgaste.

Después del suculento desayuno, arrancamos la última etapa: la mejor y la peor. Es esa en la que palpás que estás cerca, en la que crece la ansiedad y en la que la alegría de los dos adolescentes que te acompañan se potencia y hace que pidan Maluma “al palo”.

En destino

Meia Praia es la playa más grande de la ciudad de Itapema. Es una larga lonja de terreno apretada entre la autopista BR101 y el mar, habitada por tantos edificios como inmobiliarias. De ahí que, además de contar con un par de hoteles, sea común alquilar departamentos para vacacionar.

Sin morros, sin piedras gigantes y sin curvas: Meia Praia ofrece 3,5 kilómetros de playa recta y ancha. Acá no vale el “me gusta acá”, porque el “acá” es un sector igual al “allá”. Entonces, el lugar se elige por: población de sombrillas (muchas o pocas), vecinos (con o sin música), bares (con la caipiriña de preferencia), ubicación del hotel/departamento, o, como en nuestro caso, amistad de varios veranos con el sombrillero. Los extremos de la playa, hacia Portobello o hacia Itapema, son los menos concurridos.

A medida que avanza el día, la ancha playa cede arena a sombrillas, gacebos, reposeras, esterillas, conservadoras y vendedores ambulantes. Es el momento de tomar sol, leer y relajarse. Las actividades deportivas están vedadas hasta las 19. La “fiscalizazao”, un cuerpo de élite y chaleco azul, recorre el lugar reprimiendo cada intento de pegarle a una pelota, sea cual fuere el tamaño de la misma. Incluso el extremo deporte del tejo está prohibido hasta bien entrada la tarde. Pero el sol se cansa y cae; el paisaje cambia y cambian los personajes.

No recuerdo bien cuándo lo vi por primera vez. Con mi reposera semienterrada y a contraluz, su silueta me pareció la de un gigante esgrimiendo sus poderosas armas. Estaba parado en medio de la playa que empezaba a despejarse, y su larga sombra le agregaba dramatismo a la imagen. Más extraño fue ver cómo, por algún poder hipnótico, los muchachos se acercaban a él como zombies. Me incorporé decididamente a buscar otra Skol y averiguar qué pasaba. Las poderosas armas eran, en realidad, caños de PVC con sus respectivos codos: el gigante armaba los arcos y los zombies se dividían para empezar el partido.

Los días se repetían, quizás monótonos, como nos gustan. Llegaría el momento de la partida y nos iríamos diciendo lo mismo que hace varias temporadas: “Este fue nuestro último verano en Meia Praia”.