Croissant: el lado oscuro de la medialuna

Su origen data del año 1683. (123RF)
Su origen data del año 1683. (123RF)

Como nuestra medialuna, pero más grandes y en general rellenos, los croissants son un ícono indiscutido de la gastronomía francesa. Con sólo pensarlos, a más de uno se le hace agua la boca.

Y es un bocadillo indiscutible que hay que probar en cualquier viaje por el Viejo Continente (o en cualquier país que haya adaptado el formato).

Estos bollitos de hojaldre en forma de "C" toman su nombre de la palabra creciente en francés, debido a su forma de cuarto creciente lunar. Pero su origen, en realidad, se remonta a Austria.

Noche histórica

No fue una noche histórica solo por la creación de tan rico bocado, hay otra razón. Nos situamos en 1683, los soldados otomanos después de conquistar varias regiones de Europa, sitian Viena. Como la ciudad se encontraba rodeada por una muralla, la estrategia de los invasores fue cavar túneles bajo la muralla y sorprender a sus enemigos en mitad de la noche.

Pero, en plena madrugada los panaderos vieneses se encontraban trabajando para tener el pan listo a primera hora del día. La historia cuenta que, alertados por los ruidos, dieron la voz de alarma. Y gracias a este aviso la ciudad se pudo defender.

Como celebración de victoria, los panaderos le dieron a los bollitos dulces una nueva forma, la clásica luna creciente, la misma que se lucía en la bandera de los vencidos. Por lo que el croissant simbolizó la materialización del famoso dicho "dulce venganza".

Hoy, este clásico de la panificación se puede encontrar en muchos puntos del globo, con variaciones, dulces, salados, simples o rellenos.

En Latinoamérica, por ejemplo, cambian de nombre en cada región, conocido como “cachitos” en Perú, Ecuador y Venezuela, “cruasán” en Colombia y claro, “medialunas” en Argentina, donde muchos, cuando queremos rellenas de jamón y queso pedimos una Mafalda.