Cartagena y el Caribe azul

Las Islas del Rosario son una de las visitas más requeridas desde Cartagena de Indias. Su mar turquesa y la invitación al "dolce far niente" funcionan como imanes para los viajeros.

Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Cuando se trata de definir el color aguamarina, sin duda basta una imagen del mar en las Islas del Rosario: un color que brilla como una joya bajo los rayos del sol y que le da a Cartagena de Indias lo único que le falta para ser perfecta: los tonos del mar Caribe. Porque “la heroica”, como suele llamársela, es una perla amurallada a orillas del mar, pero las playas de la ciudad no responden al mito caribeño de aguas transparentes y turquesas. Por suerte, este paraíso no está muy lejos. Basta un rato de navegación saliendo desde el muelle turístico de la Bodeguita, junto a los famosos Pegasos del casco antiguo, para encontrarlo en este archipiélago que está entre las opciones preferidas de los visitantes para una excursión de todo el día.

Se sale temprano, a las ocho de la mañana, para seguir un itinerario que puede tener algunas variantes según la lancha u operador elegido, pero que suele ser bastante similar. Se pasa por la Isla Tierra Bomba, a unos 10 minutos de Cartagena, donde se encuentran el Fuerte de San Fernando y San Sebastián, para continuar luego con un recorrido panorámico que incluye la isla principal, Isla Grande, y otras más pequeñas.

DATOS. Información útil para disfrutar de Islas del Rosario.

Siempre hay que consultar bien antes de salir, porque lo que muchas veces se llama “islas” son sólo distintas playas privadas de la misma Isla Grande; todas con servicios semejantes como sillas, reposeras y hamacas para descansar al borde del mar. Conviene llevar agua y, aunque cueste un poco más, si se ofrece una excursión más privada que las habituales también vale la pena para mejorar la experiencia en un archipiélago que no deja de ser tratado como un destino de turismo masivo.

Experiencias marinas

Dos opciones acompañan el día: un descenso en la Isla San Martín, para visitar el oceanario, o bien una actividad de esnórquel y buceo para descubrir los arrecifes de coral (y constatar el proceso de emblanquecimiento que los está afectando debido al cambio climático). El esnórquel dura alrededor de una hora y puede ser una actividad cansadora con un mar movido. Por eso, conviene reservarlo para quienes tengan resistencia suficiente, siempre recordando –aunque los instructores no lo digan– que los corales son seres vivos y no se deben pisar. Se realiza antes del almuerzo desde algún muelle cercano a la playa elegida, e incluye la instrucción previa y el préstamo de los equipos.

Dentro de la Isla Grande, cada sector es diferente: algunos cuentan con un muelle y otros sólo con una bahía de arena blanca llevada artificialmente. Sin embargo, todos se distinguen por la belleza del agua y el paisaje, un escenario soñado de cocoteros y relax.

La otra opción, sobre todo si el objetivo es quedarse más tiempo, es la península –también llamada isla– de Barú, que está separada por un canal del pueblo de Pasacaballos. En Barú hay hoteles y es por lo tanto el lugar a elegir si la intención es pasar más que unas pocas horas. Un puente inaugurado hace tres años facilita el acceso por tierra y la proyectó a un gran crecimiento turístico en todas sus playas, sin olvidar la presencia de lo más típico del Caribe: un all inclusive. Playa Blanca es la más visitada, pero vale recordar que la venta ambulante puede generar una presión excesiva y difícil de manejar.

Desde cualquiera de las playas, en Barú o en el resto del archipiélago, se ven las embarcaciones de los pescadores en el mar y los peces que se mueven cerca de la orilla en el agua transparente. Sobre la costa, mientras tanto, es común la “maría mulata”, el ave emblemática de Cartagena, de plumaje negro reluciente y por cierto nada tímida a la hora de estar cerca de la gente. En las primeras horas de la tarde llega el momento de emprender el regreso hacia la ciudad amurallada, adonde cada uno volverá con su propio tesoro de recuerdos caribeños.