Camino de adoquín al mar

Balcones colmados de flores y calles estrechas adoquinadas, que siempre desembocan en la playa. Armonía y colorido. Mar sereno, brisa cálida, sol brillante, arena suave y dorada. Cientos de casas rojas y blancas que enmarcan la costa.

El paisaje parece un cuadro. Mucha gente, muchas familias. El francés, el español y el euskera (idioma vasco) se fusionan en las charlas.

San Juan de Luz (Saint-Jean-de-Luz en francés y Donibane en euskera), está ubicada en la costa del País Vasco francés y en la región de Aquitania. Se encuentra en la zona más turística del sur de Francia, a unos 17 kilómetros de Biarritz y a 13 del límite con España.

La playa, extendida sobre el mar Cantábrico, es su principal atractivo. Gracias al resguardo de tres diques, los vientos del Atlántico llegan con menos potencia y conceden calma a las aguas de la bahía.

Por ello, numerosas familias prefieren esta ciudad costera de playas seguras ya que son ideales para bañarse con los más pequeños.

El sello del rey Sol. Un hecho trascendental para la monarquía francesa tuvo lugar en San Juan de Luz y la transformó para siempre. Seducido quizás por el encanto natural de sus playas, Luis XIV –más conocido como el rey Sol– eligió esta ciudad para dar el sí ante la infanta española María Teresa de Castilla.

La boda real, que se celebró en el siglo XVII, trajo consigo el despliegue y el progreso de este pequeño poblado. Años más tarde ya era un destino habitual para la aristocracia inglesa. Hoy las marcas de este hito histórico emergen en distintos rincones de la ciudad.

Su plaza principal, la iglesia de Juan Bautista –donde contrajeron matrimonio– y la mansión de Luis XIV, son polos turísticos en la actualidad.

Pero no siempre fue todo linaje y señorío en San Juan de Luz. En el siglo XI constituía un pequeño poblado de pescadores vascos, destacados principalmente por ser expertos arponeros dedicados a la caza de la ballena Gascuña.

La cuestión se tornó difícil siglos más tarde, cuando la competencia con los balleneros holandeses comenzó a opacar la actividad. Muchos se vieron obligados a convertirse en temibles corsarios.

De flores y almendras. La mayoría de los turistas llegan a San Juan de Luz atraídos principalmente por sus playas. Sin embargo, su casco céntrico situado sobre la costa tiene un encanto especial. Y es eso lo que recordarán por siempre los viajeros que hayan visitado esta ciudad.

Callecitas estrechas de adoquines conforman el espíritu del centro. Repletas de negocios y restaurantes, son recorridas por una infinidad de turistas en su paso hacia la playa.

Es un placer transitar la rue Gambetta, la más comercial de las calles, adornada por casas de alto, rojas y blancas, con balcones llenos de flores.

No habrá caminante que no se deje encantar con los distintos aromas que se combinan en el ambiente: el del mar y el de las almendras.

El perfume de estas últimas proviene de la célebre pastelería Adam. Y es que San Juan de Luz también se puede gozar del sabor de los macarrones, unos dulces típicos elaborados con pasta de almendras.

Estas exquisiteces se hicieron famosas en las nupcias de Luis XIV. El rey francés quedó fascinado apenas las probó, lo que les dio popularidad e hizo que pasaran a formar parte de la tradición del lugar.

San Juan de Luz es una ciudad que maravilla. Con la paz del sol y el mar.

Y con la magia de sus calles, en cuyos rincones resuenan ecos de otras épocas y que invitan a transitar una inmensidad de historias.

Datos

Nombre oficial del país: República Francesa.
Capital: París.
Gobierno: República parlamentaria.
Población: 65,5 millones de habitantes.
Superficie: 547.030 kilómetros cuadrados.
Idiomas: francés.
Moneda: euro.