Brujas, una postal del Medioevo

Recorrido. Lo mejor es realizar un viaje en pequeños barcos, navegando por los canales. (Botond Horvï / 123RF)
Recorrido. Lo mejor es realizar un viaje en pequeños barcos, navegando por los canales. (Botond Horvï / 123RF)

Fundada en el siglo XI, Brujas tiene su punto neurálgico en el Grote Markt, la Plaza Mayor, donde habitualmente se hace el tradicional mercado de los días sábados. Con sus calles adoquinadas, presenta a un lado el edificio del Palacio Provincial y el imponente monumento conocido como Atalaya o Torre Belfort, considerada el símbolo de la libertad y la autonomía de la ciudad.

Esta torre posee 83 metros de altura y se puede llegar hasta el carillón de 47 campanas, subiendo, con tranquilidad y buen estado físico, los 366 escalones que conducen hasta lo alto. Desde allí aprovechamos una magnífica vista del casco central.

Del otro lado de la plaza, se encuentran numerosos bares y restaurantes con mesas y sillas sobre la calle. Si es invierno, los viajeros suelen degustar una típica sopa o los tomates rellenos de camarones o mejillones al vapor con papas fritas. Lo ideal es recorrer sus estrechas calles a pie, o también en algunos de los carruajes a caballos que tanto atraen a los turistas.

[Video: https://www.youtube.com/watch?v=pqeNrO-jpjo]

En barco o en bici

Sin embargo, en Brujas lo mejor es realizar un viaje en pequeños barcos, navegando por los canales. Existen cinco embarcaderos desde donde salen las excursiones, pasando por debajo de numerosos puentes hasta llegar al Beaterío, recinto que en la Edad Media acogía a las viudas y huérfanas que dejaban Las Cruzadas. Ese lugar fue construido en 1245 y, en la actualidad, lo ocupan las monjas benedictinas. El llamado Lago del Amor ocupa un espacio predominante hacia el final del recorrido, debido a su entorno muy romántico, poblado de cisnes y patos.

Otra alternativa muy válida es alquilar una bicicleta, vehículo muy utilizado por los propios habitantes a tal punto que, frente a la Oficina de Turismo, se levantó un monumento en el que se aprecia a toda una familia sobre las dos ruedas.

Recorrido histórico

La Iglesia de Nuestra Señora tiene la torre de ladrillo más alta de Europa, con 122 metros. A su vez, en su interior, posee una importante colección de obras de arte, como la escultura Virgen con el Niño, de Miguel Ángel. Algunos vestigios de las murallas que rodeaban la antigua villa, como así también algunas puertas de acceso bien conservadas, nos remontan a la época en que Brujas era la primera gran capital del Condado de Flandes y un importante centro marítimo y comercial.

Precisamente, el edificio del Ayuntamiento (Municipalidad) data de 1376 y es uno de los más antiguos de la región. La sede comunal se encuentra en la plaza Burg, que colinda con la Basílica de la Sagrada Sangre, donde se guardan gotas de la sangre de Cristo que fueron trasladadas desde Tierra Santa.

En los límites de la ciudad, pasando la carretera que conduce a Bruselas, observamos varios molinos de viento, a orillas del río Zwyn. De ellos, sólo uno –llamado Sint-Janshuismolen– aún se utiliza para moler granos. La máquina es de 1770.

Descubrir Brujas

Museos, cerveza y encajes. Ideas para conocer la idiosincrasia de esta pequeña ciudad belga.

Paseos culturales. En el año 2000, Brujas fue declarada Patrimonio de la Humanidad por Unesco. En 2002, también fue Capital Europea de la Cultura. La ciudad posee dos museos importantes: el Gruuthuse (obras de artistas belgas, colección numismática, piezas arqueológicas y elementos de la vida cotidiana; entrada, seis euros) y el Groeninge (pintura flamenca de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX; entrada, ocho euros).

Turismo gastronómico. En Bélgica, existen más de 300 variedades de cerveza. En Brujas es muy tradicional. Se destacan la Blanche, cerveza blanca de trigo, y la Brugse Zot, de alta fermentación de malta, lúpulo y una levadura especial. El museo de Brugse Zot puede ser visitado al igual que la fábrica De Halve Maan (1546); entrada, siete euros (incluye degustación). 

Recuerdos. Entre los souvenirs no puede faltar alguna pieza del típico encaje flamenco, verdadera obra de arte, cuya producción se ha convertido en una gran fuente de ingresos para la región desde el siglo XV. La confección con hilo de lino muy fino se hace con agujas o con bolillos, unos pequeños palillos en los cuales se va enroscando el hilo.

Sabores inolvidables

La gastronomía belga tiene sus orígenes en las cocinas de Francia y Alemania. Los mejillones con papas fritas constituyen el principal plato típico. Se los prueba en restaurantes y en los numerosos quioscos que hay en la ciudad. También la papa frita es característica: lo mejor es comerlas de pie, al lado de la Frietkot, una camioneta ubicada debajo del campanario de la Plaza Mayor. Se sirven en un cucurucho de papel (dos euros)

Homenajes al chocolate

En noviembre, el Festival Choco-Laté se realiza en la planta baja de la torre Belfort, con la presencia de casi un centenar de maestros chocolateros de distintos lugares del mundo. Los especialistas elaboran exquisitos productos que pueden ser degustados por el público, tras pagar 10 euros (la entrada permite permanecer todo el día). También está el museo Choco-Story, con unos mil elementos que se utilizaron para la transformación del cacao en chocolate.

Descubrir Brujas

Museos, cerveza y encajes.Ideas para conocer la idiosincrasia de esta pequeña ciudad belga.

Paseos culturales.

En el año 2000, Brujas fue declarada Patrimonio de la Humanidad por Unesco. En 2002, también fue Capital Europea de la Cultura. La ciudad posee dos museos importantes: el Gruuthuse (obras de artistas belgas, colección numismática, piezas arqueológicas y elementos de la vida cotidiana; entrada, seis euros) y el Groeninge (pintura flamenca de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX; entrada, ocho euros).

Turismo gastronómico.

En Bélgica, existen más de 300 variedades de cerveza. En Brujas es muy tradicional. Se destacan la Blanche, cerveza blanca de trigo, y la Brugse Zot, de alta fermentación de malta, lúpulo y una levadura especial. El museo de Brugse Zot puede ser visitado al igual que la fábrica De Halve Maan (1546); entrada, siete euros (incluye degustación).

Recuerdos.

Entre los souvenirs no puede faltar alguna pieza del típico encaje flamenco, verdadera obra de arte, cuya producción se ha convertido en una gran fuente de ingresos para la región desde el siglo XV. La confección con hilo de lino muy fino se hace con agujas o con bolillos, unos pequeños palillos en los cuales se va enroscando el hilo.

Datos útiles

CÓMO LLEGAR:

desde Buenos Aires hay varias empresas que llegan a Bruselas, muchas de ellas con escalas en otra capital europea. Una vez en Bruselas, lo ideal es trasladarse en tren. El trayecto dura una hora y media, aproximadamente (28,60 euros, ida y vuelta). También se puede ir mediante excursión en bus (32 euros por persona). Desde el aeropuerto de Zaventem se puede tomar un tren hasta la estación de Bruselas Norte y, desde allí, dirigirse a Brujas.

PASEOS:

Brujas se puede recorrer a pie, en bicicleta, en carruajes tirados por caballos o en barco, por los canales. Por ser tan pequeña, con un solo día de permanencia alcanza para conocer sus principales atractivos.

ALOJAMIENTO:

la hotelería comprende desde los clásicos hostales hasta establecimientos de gran nivel, especialmente en el casco histórico. Las tarifas oscilan entre los 1.200 y 1.600 pesos argentinos la habitación por noche.

GASTRONOMÍA:

cerveza y chocolate son dos productos que no pueden dejar de probarse en una visita a Brujas, ya que son considerados de muy buena calidad en toda Europa. Otros platos imperdibles: croquetas de camarones (cinco euros), carbonada flamenca con carne de ternera a la brasa y cocinada con cerveza y especias (nueve euros) y stoemp (salchicha a la brasa con puré de papas y verduras, siete euros).

MÁS DATOS

:

https://bezoekers.brugge.be/

*Especial