Anticipo: fin de año en Brasil, ¿en crucero o avión?

No voy en tren, voy en avión. O en crucero, podría haber cantado Charly García. Porque estas dos son las mejores opciones para llegar a Río de Janeiro, la maravillosa, la ciudad donde un trazo divino parece haber derramado toda la belleza geográfica junta en los relieves de la bahía de Guanabara.

Por supuesto, también es una ciudad de contrastes: el crecimiento desordenado de Brasil y sus desigualdades están a la vista en las favelas de los morros, que se asoman a sus playas más famosas. Pero nada impide que cada uno encuentre su forma ideal de viajar a esta ciudad, disfrutándola desde las alturas del Cristo Redentor o desde las arenas doradas de la playa Vermelha.

DATOS. Información útil de Río de Janeiro.

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En crucero

Los amantes de la navegación pueden salir del puerto mismo de Buenos Aires y bajarse en Río de Janeiro por un día (o dos, en el caso de algunas compañías de crucero que brindan esta posibilidad). Es la alternativa elegida por quienes prefieren un menú muy organizado y sin imprevistos.

A través de un viaje en crucero se puede ver lo esencial de la ciudad, sin muchos márgenes para la creatividad, pero se tiene la garantía de contar en ocho horas con una panorámica del Corcovado y el Cristo Redentor, las playas de Leblón, Ipanema y Copacabana, la playa Vermelha, el barrio de Urca y el Pan de Azúcar.

Las excursiones las ofrecen los propios cruceros o se pueden contratar al bajar, generalmente por un precio menor (atención porque ante cualquier demora en el regreso y la hora de embarque prevista el crucero solo esperará a los viajeros que forman parte de sus propios grupos y no de visitas o excursiones independientes).

Para quienes tienen más de un día o prefieren organizarse de otro modo, también hay paseos más cortos solo a Copacabana, el Corcovado, el Pan de Azúcar o Petrópolis, entre otras opciones. Al menú completo puede conocerlo cada uno en los sitios webs de cada compañía o al embarcar, consultando con el sector responsable de las excursiones. Las ventajas de esta opción son bien sabidas: el viajero cuenta con “hotel a bordo”, tiene disponible las comidas del crucero si desea volver, no necesita ir y venir con valijas, no debe organizar cuestiones horarias y dispone de la garantía de seguridad de la naviera también en tierra. Para no olvidar: hay que salir puntuales, porque si se pierde la hora de salida no hay reclamo, y conviene reservar con anticipación para no quedarse afuera del cupo previsto.

En avión

Llegar a Río a través de una aerolínea es la mejor opción para quienes quieren estar más tiempo en la ciudad, despreocuparse de los horarios y explorar a fondo este destino de increíble riqueza.

¿Cuánto tiempo hay que quedarse en Río? Para tener al menos una aproximación hacen falta cuatro días. Si, además, se quiere disfrutar con tranquilidad de las playas, todo lo que se pueda. En el listado de iconos por conocer no es ningún secreto que hay que sumar primero al Cristo del Corcovado, que desde su morro de 710 metros de altura otorga una vista conmovedora sobre la bahía.

Lo ideal es partir a las cuatro de la tarde con el último tren que sube, para llegar cuando todavía hay luz y quedarse a ver el atardecer (es la única forma, o con camionetas que se contratan en la estación, porque no se puede subir en auto). Además, hay menos gente... aunque nunca se está solo en un destino tan popular.

El otro icono es el Pan de Azúcar, un morro que mira hacia el Corcovado y completa la perspectiva. En temporada alta, los funiculares para subir –los bondinhos- salen cada cinco minutos. En realidad, son dos cerros: el morro de Urca, de 224 metros, y el Pan de Azúcar, de 395 metros. Entre ambos circula el teleférico. También es imperdible el paseo en helicóptero: dura 12 minutos, pero el recuerdo de la vista aérea de Río y el Cristo, rodeados de playas y de selva, dura toda la vida.

Enero en la piel

Después de bajar de los bondinhos o del tour en helicóptero, vale la pena dedicarle un par de horas al sendero selvático Claudio Coutinho, dentro del monumento natural de los Morros de Pan de Azúcar y de Urca. El lugar es seguro, se interna en una porción de la mata atlántica y ofrece una hermosa vista desde lo alto de playa Vermelha.

Durante la visita, es probable avistar monitos de cola rayada (mico estrela), lagartos y mariposas azules. Bajando, en el barrio de Urca –ideal para hacer un alto y tomar una cerveza con vista al mar- siempre hay quien se para a conocer la casa del popular cantante Roberto Carlos.

Y todavía sin haber llegado a las playas, hay que ver en el barrio de Santa Teresa la escalera de Selarón -decorada por el artista chileno Jorge Selarón, con sus características cerámicas de color rojo- y el fuerte de Copacabana, otro lugar de magníficas vistas. Aquí hay un museo de armas antiguas, pero lo mejor es sentarse, tomar un café y disfrutar de lo auténticamente maravilloso de Río.

No muy lejos se alquilan bicicletas para pedalear a lo largo de las playas, de Copacabana a Leblón e Ipanema, refrescándonos de vez en cuando con un agua de coco y un chapuzón de mar.  Imposible pensar mejor manera de recibir el Año Nuevo en Río… de Janeiro (precisamente “enero”, en portugués).

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