Abuela Viajera, la cordobesa que se fue a hacer voluntariados a Europa a los 80

“Nunca tuve un inconveniente, al contrario. Siempre tuve el asombro de que alguien me hablaba, me ayudaba o me invitaba”, cuenta Elva sobre el viaje. (Gentileza Elva Dora Ratero)
“Nunca tuve un inconveniente, al contrario. Siempre tuve el asombro de que alguien me hablaba, me ayudaba o me invitaba”, cuenta Elva sobre el viaje. (Gentileza Elva Dora Ratero)

Está por cumplir 81 años pero no se le notan: viaja sola, canjea voluntariados por un techo, anda en bici, maneja el inglés, usa WhatsApp y tiene cuenta de Instagram. Así es Elva Dora Ratero, la Abuela Viajera en Instagram, quien por estos días despegará de Mallorca para seguir viaje por la España continental.

La mueve el compartir: cuando quedó viuda, decidió invertir su tiempo y su dinero en cumplir su sueño de viajar a Europa para conocer gente de distintos lugares e intercambiar su experiencia como voluntaria. Así, el 7 de septiembre dejó su taller de costura en Villa María (en el que hace disfraces, cose vestidos y recicla camisones para hospital) rumbo al Viejo Continente. La esperaba una familia inglesa que quería aprender a coser.

"A los 18 años, obligada un poco por la familia, empiezo a aprender a coser. Y me terminó resultando a través de la vida, porque pude canjear (mi experiencia) para enseñarle a gente inglesa que no conocía. Con cariño y buena voluntad nos pudimos entender. Dejé algunos vestidos hechos y también una enseñanza", cuenta a Voy de Viaje. Aclara que no sabe si habla "bien o mal" el inglés, pero que siempre pudo comunicarse.

Su viaje es un viaje sin plan porque "se hace camino al andar", dice. Viaja sola desde que salió de Ezeiza: después de estar en Inglaterra fue a Palma de Mallorca, donde le contó sus historias a un escritor para que las registrara. "Palma de Mallorca es el paraíso. Ahora sigo a Castellón para cuidar dos niñitos por una semana. Voy canjeando un voluntariado por un techo", relata.

¿Hubo problemas? "Nunca tuve un inconveniente, al contrario. Siempre tuve el asombro de que alguien me hablaba, me ayudaba o me invitaba", dice. Su cuenta de Instagram, que manejan sus nietos Sofía y Juan Cruz, fue una herramienta clave en el viaje: "Instagram me abrió todas las puertas donde estuve, donde estoy y donde voy a estar".

Los abuelos de la abuela

Una de las paradas del viaje de Elva será en Navarra, para conocer la tierra de sus abuelos. Irá con su nieta, con quien se encontrará en Sevilla. "Era un tema pendiente conocer la tierra de mis abuelos, porque los amé. Pienso hacerlo acompañada por mi nieta: tres generaciones en un sueño", sostiene.

Y así como una parte de la familia la motiva a conocer España, otra parte la hace extrañar Argentina. Aunque sólo un poco: "Como mamá puedo extrañar a mis hijos y a mis nietos, pero la verdad es que este es un mundo nuevo y, si tuviera unos años menos, me quedo acá".

El 6 de noviembre va a pasar su cumpleaños en España, y cuatro días después pegará la vuelta para Argentina porque, como dice, ya habrá agotado sus euros.

Té con iraníes

Cuando estaba en Brighton, Inglaterra, una familia iraní la invitó a tomar el té. Al llegar, sintió la mirada de todos sobre ella. Le señalaban los zapatos, y se los sacó sin saber por qué. Después se animó a preguntar si era por cuestiones religiosas o de costumbre, y le indicaron que era sólo por costumbre. "Quedé un poquito fuera de lugar por no preguntar antes, pero nada más", relata.

Otra experiencia que rescata es haber conocido en Inglaterra una escuela Waldorf. La Abuela Viajera dio clases durante 15 años en un colegio de Villa María y cuenta que se lleva "la esperanza" de que de vuelta en Córdoba escuchen lo que tiene para contar sobre esta enseñanza que, según sus propias palabras, prioriza a las personas antes que los conocimientos.

Las excusas no valen

En el mes y pico que lleva viajando por Europa, Elva aprendió muchas cosas. Algunos de sus tips para andar por el Viejo Continente son llevar un equipaje práctico ("Por favor, tres prendas, porque lo demás no sirve: o lo tenés que dejar o pagás por el equipaje"), andar con un buen celular para que te guíe o con un mapa y no crearse muchas expectativas ("Así, todo lo que ves te asombra").

Y a los abuelos y las abuelas tiene algo más para decirles: "En primer lugar, ningún avión se cae (porque lo primero que me dijeron a mí es 'ay, se te puede caer el avión' y bueno, si se cae no va a ser para mí sola). Segundo, por favor dejen de gastar tanto en remedios porque pasa mucho por la cabeza, y lárguense a viajar. Viajar te cura el alma y el cuerpo y parece que volvés a tener 18 años. Abuelos, abuelas, colegas míos: viajen. Gasten sus últimos pesos en lo que se van a regalar".