Una villa del silencio y un destino antiestrés, ¡para no cruzarse con casi nadie!

Cascada Las Bandurrias, Characato. Foto: Agencia Córdoba Turismo
Cascada Las Bandurrias, Characato. Foto: Agencia Córdoba Turismo

Por suerte, Córdoba puede ofrecer lugares populares para los que les gusta amucharse, o rincones perdidos para quienes prefieren un turismo más introspectivo.

La soledad, el contacto con el ambiente, el silencio, son buscados cada vez más: la situación sanitaria es un incentivo más para quienes huyen de las multitudes, pero hace años que existe una tendencia mundial que aleja a los viajeros de las grandes ciudades.

Por supuesto que reducir la oferta de la provincia a dos destinos no haría honor a tantos rincones perdidos de la geografía, pero sin dudarlo, Characato y El Durazno están entre los más bonitos.

Uno en Punilla, otro en Calamuchita, dos de los valles más queridos por turistas y locales, con características bien diferentes pero idéntico encanto... y ambos a 130 kilómetros de la Capital provincial.

La villa del silencio

Characato es un pequeño poblado en la Pampa de Olaen, al que se llega a través de un camino de ripio más allá del dique La Falda.

Hay varias opciones para recorrer la zona, incluso una cascada más famosa, pero Las Bandurrias y la “villa del silencio” valen la pena, más allá del vado del Río Pinto.

Desde el poblado, hay que caminar más de un kilómetro para llegar a la cascada, pero desde bastante antes se escucha el sonido del agua al caer.

A ocho kilómetros al sur de Villa Yacanto de Calamuchita, tras descender una pequeña cuesta se llega a El Durazno. Se trata de un pequeño paraje asentado en las márgenes del río homónimo con agua pura de vertiente.

Antiestrés

El Durazno, en Calamuchita, es un sitio protegido ecológicamente y considerado un “rincón antiestrés”. El curso de agua nace en la ladera este del Cerro Champaquí, en el medio de las sierras grandes.

En la zona es posible pasear en bicicleta, realizar caminatas o cabalgatas entre los bosques, o programar una escapada a la reserva natural Los Cajones, por un sendero de unos dos kilómetros por la orilla del río.

El río ofrece ollas de hasta siete metros, encajonadas entre las rocas, cascadas y un entorno arbolado.

El Durazno tiene feria de artesanos, hosterías y posadas con servicios gastronómicos. Y atardeceres como pocos en Córdoba.