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Escapadas

Tres modos para disfrutar de La Falda en otoño

Contacto natural, contacto con la historia, contacto con uno mismo: tres alternativas diferentes para aprovechar la ciudad a la que Córdoba le debe para de su ADN turístico.

Por Daniel Santos (Especial).

El recorrido desde Córdoba Ciudad a La Falda es encantador, tanto para quienes elijan atravesar la mayor parte de Punilla, por la autopista a Carlos Paz y luego atravesando el dique San Roque, como para quienes elijan el hipnótico camino de El Cuadrado.

La localidad serrana fue el gran motor del turismo de todo el valle y de la provincia de Córdoba hace más de un siglo, primero con el impulso del tren y la visita de las familias más poderosas de la Argentina, antes de que eligieran el mar Atlántico, y luego por su clima seco al pie de las sierras, óptimo para quienes sufrían de afecciones respiratorias.

Hoy, La Falda sigue siendo una de las ciudades más hermosas de la provincia, y una referencia para turistas de todo el país que la eligen por sus diversos modos: su encanto natural, su riquísima historia social y cultural, sus opciones para el relax y el disfrute pleno, con hotelería y gastronomía de primer nivel.

#ModoNatural

Las posibilidades de conectar con la naturaleza son infinitas en La Falda, pero el complejo Las 7 cascadas es uno de los lugares más bellos de la localidad, y también uno de los más populares (con lo bueno y lo malo que eso conlleva, si uno está escapando de multitudes). 

En otoño, es un lugar perfecto para pasar una tardea disfrutando de la vista de las cascadas, con el hipnótico ruido de las caídas de agua de fondo, golpeando sobre la gran roca en la base. Se trata de cascadas artificiales formadas sobre el río Grande de Punilla. 

Fuera de temporada, el mayor movimiento se produce los findes de semana, pero el resto de los días es todavía mejor para apropiarse de los senderos, de la costa del río Grande, de los bancos o asadores mejor ubicados junto al curso de agua, o incluso de los servicios habilitados.

Es cierto que hay muchas de las actividades del complejo recreativo que no se pueden utilizar cuando llega el frío, como las enormes piletas o el parque acuático, pero se puede suplir esas faltas con la vista y la tranquilidad. 

El lugar tiene un costo de $300 (abril 2021) por persona para ingreso y estacionamiento, y necesitaría, para cuando regrese cierta normalidad del turismo, poner a punto su infraestructura. Sin dudas, los que más disfrutan de este espacio recreativo son los chicos. 

Otra posibilidad, sin costo, es aprovechar el encanto del dique La Falda sobre el río Grande, o disfrutar de sus alrededores. Hay numerosos afluentes que terminan en el complejo turístico, y que ofrecen paisajes perdidos entre las sierras. 

Bordeando el dique se puede realizar una caminata denominada “perilago”, en un recorrido de dos kilómetros que ofrece diversas vistas para disfrutar en familia, ya que no es físicamente muy exigente.

Para quienes busquen un poquito más de aventura, está la posibilidad de llegar a la caverna El Sauce, que con sus mil metros es la segunda más larga del país y la más larga de Córdoba. A sólo 30 minutos del centro de La Falda, se puede llegar a esta maravilla subterránea por un camino de ripio. Tiene costo de acceso y se recomienda aprovechar la  visita con guía de turismo.

Un poco más lejos está la Cascada de Olaen, en un balneario natural entre grandes rocas que en esta época del año no es ideal para refrescarse pero siempre para admirar. Allí se puede disfrutar de la naturaleza al máximo, y también cuenta con servicios. Está a 20 kilómetros del centro de La Falda, a través de un camino de ripio. 

#ModoHistoria

El Edén Hotel. Nazis; fantasmas; políticos; presidentes; historias de esplendor y de abandono; guerras; objetos de época; grandes salones; rincones oscuros que resguardan un pasado increíble. El emblemático hotel que fue responsable del turismo más importante en los primeros años del siglo pasado, también fue el motor del nacimiento de la ciudad. 

Recorrer el Edén es intentar imaginar aquellos rastros del pasado, al mismo tiempo que pueden verse vestigios de lo que llegó a ser: el gran hotel de la oligarquía argentina de hace un siglo; el refugio de alemanes pro Hitler desde la década de 1930 hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial; el centro de disputas políticas; el emblema de la desidia y el abandono. 

Aunque es un lugar que vale la pena recorrer en una visita a La Falda, las condiciones en las que se encuentra el Edén Hotel hoy no le hacen honor a su historia, a pesar de que lleva más de una década de lenta recuperación. Merecería ser un museo histórico nacional o provincial, epicentro de grandes eventos -públicos o privados- tanto en su increíble edificio como en sus alrededores. 

Lo que existe hoy, aproxima, pero no alcanza. Merecería una restauración completa, no como hotel, pero sí como un edificio clave de nuestro pasado, epicentro de décadas de esplendor cultural y social, y además unido a hechos temibles y apasionantes. Nada que no se sepa: los hermanos Walter y Bruno Eichhorn, quienes condujeron el hotel en sus mejores años, fueron responsables de aportar a la causa nazi que llevó al poder a Adolf Hitler. 

La cercanía no es ningún cuento: está documentada en cartas que viajaban a uno y otro lado del mar, en los aportes de dinero significativos para las campañas políticas de Hitler, en la visita de alemanes que incluso construyeron viviendas en lotes de la estancia del Edén; en informes del FBI desclasificados en 1995, que cuyos investigadores tenían puestos los ojos en el hotel, al punto de ser un lugar posible para refugio, tras el misterio de su muerte. 

El propio Eichhorn recibió el ejemplar número 110 de Mi lucha, el libro de 1925 del que sólo se imprimieron 110 copias. 

Cuando Argentina declara tardíamente la guerra contra Alemania, en marzo de 1945, el hotel y sus propietarios fueron considerados enemigos de la nación. Una vez devuelto a sus dueños, en 1947, los Eichhorn pusieron en venta el hotel que compraron en 1913, y así como ellos desaparecieron de la vista pública, el edificio comenzó una lenta decadencia. 

Con el nacimiento del turismo social y la creación de los hoteles sindicales, promovido por el peronismo, la oligarquía eligió otros destinos argentinos, especialmente la costa Atlántica, y el Edén se convirtió en una sombra de lo que llegó a ser, hasta que a fines de la década de 1960 cerró.

Hubo un intento de convertirlo en casino, pero el proyecto murió en medio de intensas luchas políticas, y el Edén se convirtió en el paraíso del abandono. Con sus puertas cerradas por décadas, a merced de saqueos y diversos hechos de vandalismo, el hotel recién pudo detener el deterioro en 1998, y emprender la lenta tarea de recuperación. Pero no alcanza.

Desde hace casi una década, comenzaron a alojarse turistas en la Posada del Edén, una construcción dentro del predio.  

#ModoRélax

Ubicado en el que fuera uno de los clásicos edificios de La Falda, sobre la avenida Edén al 800, hoy se encuentra un hotel boutique que reabrió sus puertas en 2019, antes de la pandemia, estuvo nueve meses cerrado, y desde la reactivación del turismo se convirtió en un fenómeno regional... y más allá.

Se trata de La Olivia, a idéntica distancia entre el Edén Hotel y el microcentro de la ciudad, que está considerado entre los mejores hoteles boutique de la provincia de Córdoba, y sin dudas del Valle de Punilla. 

El encanto original del edificio (La Asturiana, construido a comienzos del siglo pasado), que funcionó durante décadas como un dos estrellas tradicional, con muchísimas habitaciones, se transformó en un destino de lujo y exclusivo, de cómodos espacios comunes y privados: el spa cuenta con una piscina descubierta y otra cubierta, climatizada, a base de sal marina (con múltiples beneficios para el cuerpo), un gimnasio, servicio de masajes completos (más de 15 variedades, con tres masajistas full time), y promueve la realización de eventos selectos (más allá de que, por el momento, la situación sanitaria haya obligado a posponer algunos planes). 

El gerente de La Olivia, Ignacio Vigliocco, dice que ocurren “cosas raras” en torno al fenómeno de La Olivia: “Hemos crecido incluso en los meses que estuvimos cerrados, gracias a lo que fuimos mostrando en nuestras redes sociales”, asegura. La clave es que el hotel está orientado a un público objetivo de 30 a 50 años, que busca estas propuestas de bienestar.

El hotel cuenta con 14 habitaciones en suite y cinco departamentos (de hasta 5 personas). Tiene un nivel de ocupación que para esta época del año sorprende a propios y ajenos. 

Los planes a futuro son ambiciosos, especialmente sobre la idea de repetir eventos exitosos y exclusivos como el que realizaron en verano con el chef Javier Rodríguez (El Papagayo), que agotó las ubicaciones en 20 minutos; sumar nuevas alternativas para las necesidades que plantean los visitantes (pero sin aumentar la cantidad de habitaciones, que desvirtuaría el espíritu del hotel); incorporar opciones para pasar el día y aprovechar los servicios de spa.

“Las redes están creciendo exponencialmente, y la cuarentena nos potenció mucho. Hay gente que a lo mejor hoy no puede viajar, pero le proponemos imaginarse acá, y lo disfrutan”, asegura Ignacio, y agrega que tienen los fines de semana hasta mediados de mayo completos, aún en este contexto tan complicado. 

Después de dos años en obras, La Olivia abrió sus puertas en julio de 2019, pero debido a los meses de cierre producto de la pandemia, está casi a estrenar. Vale la pena descubrirlo. 

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