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Escapadas

Salinas Grandes: paisajes cambiantes de sol y de sal

Una experiencia para descubrir los atardeceres y los amaneceres en uno de los lugares más prometedores del turismo cordobés en el norte.

Por Daniel Santos (Especial).

Hay quienes aprovechan la noche para capturar la Vía Láctea. Instalan su carpa en la inmensa superficie salina, y esperan pacientemente el mejor momento para llevar su instantánea, sorteando el frío nocturno.

Menos aventurera, pero tanto o más impactante, es vivir la experiencia de los atardeceres y  amaneceres en las Salinas Grandes de Córdoba. La transición del día a la noche, o de la noche al día, enamoran en casi cualquier geografía. Sin embargo, en medio de ese paisaje lunar, todo es diferente.

El atardecer en las Salinas Grandes de Córdoba, una experiencia para vivir. Foto: Daniel Santos

Todo es distinto, incluso, minuto a minuto. Cambian los colores, cambian las sombras y las luces, cambian los juegos de quienes van a buscar allí su mejor y más divertida fotografía; cambian las profundidades de las superficies: a veces, parece el suelo de la Luna; otras, un espejo que refleja los rayos del sol poniente o naciente; y cuando no, simula ser un manto de nieve.

También se distingue el paisaje de hoy al de los tiempos de lluvia (a partir de noviembre), cuando las miles y miles de hectáreas imposibles de abordar están cubiertas de unos pocos pero suficientes centímetros de agua, para dar continuidad al ciclo natural de las salinas.

Presenciar el ocaso en esta superficie tan inmensa, tan cautivante, tan silenciosa, pone a quien viaja en la dimensión correcta: no somos nada, en la orilla de ese mar blanco de 360 grados. 

Caminar hacia adentro, es toda una experiencia. Las distancias parecen muy relativas, y los puntos cardinales sólo pueden asumirse por la conducta del sol.

Presenciar el ocaso en esta superficie extraordinaria del norte cordobés se convirtió en una opción muy buscada desde el inicio de la pandemia. Muchos cordobeses y cordobesas, que acostumbraban visitar el norte argentino y se entusiasmaban con las salinas jujeñas, descubrieron aquí un paisaje similar, al alcance de una escapada.

Además, el nacimiento del Gran Salinas Hotel en San José de las Salinas -y su restaurante-, le dio el marco necesario para vivir la experiencia completa: se pueden combinar las puestas y salidas del sol con la visita a  La Industrial Salinera (Lisal), para conocer el proceso de la cosecha de la sal.

El proceso, completamente industrializado, ya no consiste en sacar las piedras del centro, en una forma de depredación. El sistema, a través de un canal maestro y cañerías subterráneas, llena con agua de lluvia 24 enormes piletones de una hectárea y media cada uno, que tras dos a cuatro meses se seca y permite la extracción.

33 camiones de 10 toneladas por semana es lo que se cosecha, y parte de esa producción se vende a las principales industrias argentinas, y una porción menor se procesa para el consumo.

Rastros

El juego de los rayos del sol cambia el paisaje permanentemente. Las pisadas de anteriores visitantes salen a la luz o se esconden, al igual que las huellas de camionetas o automóviles que llegan al lugar. 

Caminar sobre ese gran manto blanco y sólido, en el más pleno silencio, es hipnótico; al igual que descubrir los restos de las viejas y rudimentarias extracciones. 

Los "decauville", vagonetas herrumbradas de viejas empresas de extracción de sal. Foto Daniel Santos

Hay ruinas de construcciones de una antigua empresa, en la que llegaron a trabajar y vivir 600 personas. Está junto a una escuelita provincial, abandonada cuando dejó de funcionar esa planta. Hay enormes ruedas de hierro que movían la producción; oxidados carritos Decauville (vagonetas que se utilizaban para trasladar la cosecha sobre rieles), carcomidos por efecto de la sal, el agua y el viento (y el tiempo); fragmentos de durmientes blancos, que ofician sobre el salar como relojes de sol. Todo ello forma parte del cuadro completo en unas salinas sin agua a la vista.

Amanecer en Retumbadero, Salinas Grandes de Córdoba. Foto: Daniel Santos

La recomendación para quienes deseen vivir esta experiencia, es presenciar la salida del sol en un lugar conocido como “El Retumbadero” (a poco más de 10 kilómetros de la localidad de San José). El nombre viene del ruido que producían esas vagonetas de hierro al descargar la sal, a través de pequeñas vías férreas. Caminando hacia cualquier dirección, uno puede llegar a un punto en el que el horizonte es blanco en sus 360 grados.

Amanecer en Retumbadero, Salinas Grandes de Córdoba. Foto: Daniel Santos

Aunque apenas se llega a la orillita de este enorme salar que abarca cuatro provincias argentinas, parece que estuviéramos en el medio de la nada. Sólo algunas marcas sobre la superficie nos indican que alguien más ya estuvo antes allí, para testificar cómo aparece el sol en el horizonte: un puntito de colores cambiantes que, en minutos, alumbra el nuevo día.

Podés consultar por esta experiencia en la página de la Agencia Córdoba Turismo o en Scouting Sur Tours

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