Por los pagos de Don Ata

(Fotografías: Mariángeles Sánchez y Francisco Lobo)
(Fotografías: Mariángeles Sánchez y Francisco Lobo)

“Donde no se da por llover, pero donde nadie cruza el río si le da por crecer”. Así, con estas simples líneas de Atahualpa Yupanqui citadas por su amigo, don Hugo Argañaraz, comienza nuestro recorrido por este lugar lleno de bellezas naturales y de historias. En busca de diferentes sitios para acampar en la tierra de Don Ata, nos adentramos en paisajes llenos de aromas y colmados de verdes por la humedad.

Luego de recorrer 165 kilómetros desde Córdoba capital, durante tres horas y media, Francisco Lobo, el guardaparque de la reserva natural y cultural Cerro Colorado, nos dirige al camping más antiguo de la zona. Con 50 años de funcionamiento, el complejo Argañaraz es una opción con todos los servicios clásicos. Este lugar de acampe tiene asadores, pileta en temporada de verano, baños con agua caliente, luz eléctrica y servicio de wifi. Al seguir recorriendo el predio aparece una proveeduría y un galpón inmenso, donde se reciben contingentes de personas ansiosas por conocer las pictografías de los pueblos originarios y los misterios que surgen alrededor de sus historias.

Legado. Uno de los atractivos de esta región del Norte cordobés son las pictografías que dejaron los pueblos originarios, pintadas en los aleros de piedra de los cerros.
Legado. Uno de los atractivos de esta región del Norte cordobés son las pictografías que dejaron los pueblos originarios, pintadas en los aleros de piedra de los cerros.

Sin embargo, el principal atractivo del camping no está en sus servicios, sino en su propietario, un antiguo amigo de Atahualpa que aún conserva en sus recuerdos cientos de anécdotas compartidas con el músico quien, una vez que llegó a Cerro Colorado atraído por las pinturas rupestres, se prendió del corazón sencillo de su gente, allá por 1938.

Hugo Argañaraz nos traslada por las instalaciones mientras comienza un recorrido por sus historias junto a Yupanqui: “En una oportunidad, Don Ata me escribió desde París y la despedida me emocionó mucho porque me dijo “Azucena, el Hugo”, recordando el juego de las flores en el que participábamos cuando yo era muy niño todavía y me nombraron Azucena”.

Camino al lado opuesto al del acampe, aparece un parque muy bien cuidado, con lambertianas, ombúes y aguaribay, que reflejan la dedicación y el buen gusto de Gerardo Argañaraz, hijo de don Hugo. Así, llegamos al restaurante Descanso del Indio, donde un generoso plato de ravioles caseros es sazonado con las historias que don Hugo cuenta de los años compartidos con su amigo, Atahualpa Yupanqui. “Siempre hago letras y poemas con sabor argentino, para mantener en mi corazón la luz de mi criollismo”, comenta Hugo. Y relata: “¿Dónde está mi corazón?, se fue tras la esperanza, tengo miedo que la noche me deje también sin alma”.

Entre corredores de piedra

Al retomar el camino en dirección a la entrada del pueblo, cruzamos el arroyo Los molles y nos dirigimos, junto a los guías, hacia los aleros de piedra habilitados para la visita de los turistas. Aquí, el paisaje nos permite sentir las vibraciones de las pictografías de los antiguos pobladores de esta región, mezcladas con las historias que don Hugo cuenta de los años compartidos con su amigo Atahualpa.

De esa manera, arribamos al espacio que la comuna tiene para los campistas. Este es un gran predio de media hectárea, aproximadamente, donde encontramos asadores, juegos para niños, cancha de básquet, un gran quincho para resguardarnos si nos sorprende una lluvia sin carpa impermeable y baños con calefón a leña. El lugar es un espacio tranquilo, ideal para mirar las estrellas de noche, si decidimos pernoctar aquí al aire libre.

Al día después, mientras caminamos por las formaciones rocosas de la reserva, escuchamos el relato de los guías sobre las pictografías de los comechingones y sanavirones que poblaron la zona. Poco a poco, nos imaginamos a aquellos artistas precolombinos imprimiendo en las piedras lo que sentían, marcando con colores lo que ellos consideraban cotidiano, sagrado, misterioso... ¿o, tal vez, eran mensajes? ¿Qué pasiones y qué historias necesitaban atestiguar estos antiguos pobladores en esos corredores de piedra?

Su valor

La reserva cultural y natural cerro Colorado tiene por objetivos la conservación de la vida silvestre y la protección del patrimonio cultural que representan las pinturas rupestres. En ella existe una mixtura entre bosques de matos (Myrcianthes cisplatensis), en las quebradas y los faldeos de los cerros en su punto más austral dentro de nuestro país, y el bosque chaqueño, hacia zonas más bajas.

El amigo de Don Ata

“Y ahí estábamos “el Coya” y yo ensayando una zambita del repertorio de Don Ata, y de pronto llega. Medio que se paró, nos miró y pasó a su cuarto. Dice “El coya”: “Cagamos… y bueno, sigamos”. A los 10 ó 15 minutos sale Don Ata y “el Coya” le dice: “Y, Tata, ¿te gusta la zamba?”. Él nos miró con un dejo de tristeza y nos dijo: “Sigan estudiando…”. Hugo Argañaraz (foto), amigo de Yupanqui.

Cómo armar la mochila

Un equipo elemental para el acampante implica llevar una mochila que no supere la longitud que hay entre la nuca y la cadera del que la transporta (desde cuatro mil pesos).

En la mochila, no debe faltar:

  • Carpa impermeable (800 milímetros de columna de agua y costuras termoselladas): 1.620 pesos.
  • Bolsa de dormir (para el invierno de Córdoba, de -5 a -15 grados): desde 2.800 pesos.
  • Linterna, botiquín, cortaplumas, marmitas, calentador, ropa, calzado impermeable y medias térmicas.

En total, el equipo completo implica un costo de seis mil pesos, más carpa y bolsa de dormir.

Plus

Naturaleza

Además de las historias de vida de los pueblos originarios del lugar, la reserva es ideal para los amantes de la botánica y de la geología. Aquí se mezclan los bosques de matos con el bosque serrano, las formaciones sedimentarias de areniscas rojas y las pictografías.

El museo

En este espacio cultural podemos encontrar utensilios de uso cotidiano en la vida de comechingones y sanavirones, reproducciones de pictografías del área y su interpretación, como así también elementos precolombinos. Entrada sin cargo.

El Silencio

El nombre del lugar es una perfecta síntesis de lo que inspira esta región del Norte cordobés. Un homenaje al paisaje, que nos deja sin hablar por la armonía de su naturaleza.

El paraje se encuentra unos metros más allá del museo Atahualpa Yupanqui. Dicen que aquí, inundado de paz, se inspiraba Don Ata.

Casa pozo

Este emprendimiento particular recrea la vivienda típica de los comechingones, antiguos pueblos originarios que habitaron en esta región de la provincia. El lugar se puede visitar los fines de semana, de 12 a 16 horas. Entrada: sólo se cobra una colaboración.

Datos útiles

CÓMO LLEGAR: desde Córdoba, en auto por ruta nacional 9 hasta la localidad de Santa Elena, donde doblamos a la izquierda 11 kilómetros por ruta provincial 21 hasta cerro Colorado. En colectivo, las empresas Ersa y Fono Bus tienen dos horarios (7.30 y 14.20); el pasaje cuesta 240 pesos (ida y vuelta). Son 165 kilómetros.

PASEOS: la entrada a la reserva es libre y gratuita (martes a domingos, de 9 a 13 y de 16 a 20). Observación de pictografías con guías especializados, ascenso a los cerros Colorado e Inti Huasi, museo de Atahualpa Yupanqui, cabalgatas por el monte, visita a la recreación de una casa pozo (típica vivienda de los comechingones) y paseos por talleres de artesanos.

GASTRONOMÍA: en la zona, podemos encontrar lugares para probar comidas típicas. Sugerimos parrillada en Purinqui Huasi (frente Museo arqueológico): parrilla mixta, 140 pesos; parrilla de cabrito, 160 pesos. Precios por persona. Cel. (03522) 156-48705.

ALOJAMIENTO: Complejo Argañaraz: 70 pesos por persona para acampe; cabañas, 250 pesos por persona. Cel. (0351) 6976759. Camping comunal: 65 pesos por persona (la carpa y el auto se cobran como una persona también), Cel. (03522) 154-03626. Comunicándose con anticipación, estos alojamientos hacen precio especial para contingentes.

MÁS DATOS: Tel. (0351) 433- 3425.

*Especial