Mina Clavero: 15 kilómetros por el camino de los artesanos

Cerámica negra, de artesanos de Mina Clavero. (Foto: Municipalidad de Mina Clavero)
Cerámica negra, de artesanos de Mina Clavero. (Foto: Municipalidad de Mina Clavero)

Es uno de los recorridos más destacados de esta ciudad corazón del Valle de Traslasierra.

El Camino de los Artesanos de Traslasierra es un circuito que se desarrolla a lo largo de 15 kilómetros que comienza en Mina Clavero y termina en Villa Venegas. La ruta propone entrar en contacto con las artesanías típicas de la región y sus productos, donde lo natural y cultural se conjugan con armonía absoluta.

La primera etapa del circuito ofrece a los visitantes la posibilidad de encontrarse con los tejenderos de la zona. Tejidos de todo tipo, cueros y telares se destacan y se exhiben en los rústicos talleres.

El camino continúa. Es necesario seguir los cartelitos indicativos. Más de 12 familias son los poseedores de una sabiduría trasmitida de generación en generación desde mediados del siglo XIX. Viven a lo largo del camino, donde también están los talleres. Allí se exponen y comercializan las artesanías más representativas de la zona: la cerámica.

Cerámica negra, de artesanos de Mina Clavero. (Foto: Municipalidad de Mina Clavero)
Cerámica negra, de artesanos de Mina Clavero. (Foto: Municipalidad de Mina Clavero)

Dependiendo de la materia prima que el artesano encuentre en el territorio y las diversas técnicas de producción, la cerámica pueden ser roja, rubia o negra. Los talleres pueden visitarse en cualquier momento del año.

La cerámica negra trasciende fronteras

La arcilla negra se obtiene de vetas especiales. Sólo los conocedores saben dónde encontrarla y suelen mantener el secreto muy bien guardado.

Pero el proceso es arduo. La arcilla se recolecta, se deja secar se muele, se la coloca en piletones, se la depura y filtra, se traslada a otros piletones de ladrillo que absorben su humedad, se amasa y se embolsa para mantener la humedad justa.

Recién allí el artesano tiene su materia prima preparada y comienza a moldear las piezas. Hay sistemas de chorizos y pellizcos, láminas o bolitas o tornos manuales para garantizar las simetrías.

Cuando la pieza empieza a endurecerse comienza otro proceso: se pule con canto rodado la superfice de cada olla, fuente, plato o taza. El brillo es natural y no tiene ningún aplique de esmalte.

Se cocinan las piezas en hornos de barro que alcanzan casi los 1000 grados centígrados. Estas ollas artesanales duran mucho tiempo, son durísimas y dicen los que saben que mantiene el calor por mucho más tiempo y en forma pareja.

Algunos artesanos ofrecen la posibilidad a los turistas de realizar talleres. Hay quienes incluso proponen volver a casa con una pieza realizada por sus propias manos.

Muchos famosos cocineros de “Cocineros Argentinos” se han acercado a estos talleres para llevar ollas, fuentes, platos y cazuelas a sus exclusivos restaurantes de Buenos Aires.

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