La grácil y extraña dama

Huayca Puca, la diosa venerada por los antiguos pueblos del noroeste argentino.
Huayca Puca, la diosa venerada por los antiguos pueblos del noroeste argentino.

A 55 kilómetros de la ciudad de Córdoba, Sinsacate recibe a la vera del Camino Real y recuerda a una antigua diosa aborigen.

Nada nos previene de lo que vamos a encontrar a escasos 300 metros antes de llegar a la Posta de Sinsacate. Casi al descuido miramos a unos estudiantes secundarios que están frente al colegio, un edificio de venerable antigüedad que fuera recientemente restaurado y es conocido como la Casa Nóbile. Pero, de repente, la vista queda detenida ante un extraño monumento que emerge entre la media luz del amanecer.

Como si le acompañara buscando copiar sus colores, el cielo se expande en un anaranjado claro, mientras comienza a distinguirse el tono cobre rojizo de una magnífica mujer de extraña hechura.

Su alto y grácil cuerpo se inclina ligeramente acompañando el arco de las palmeras cercanas. De largo vestido, el rostro hermoso y pensativo parece mirar al interior de su ser sin reparar en lo que le rodea. ¡Imposible no detenerse! ¿Quién es esta mujer y que hace aquí a la vera del Camino Real?

Una extraña capucha rodea su cabeza, donde los extremos semejan hojas que vuelan como si el viento soplara fuertemente a su alrededor.

Pero no hay viento, Huayra Puca ha regresado.

Huayra Puca. La diosa del viento rojo que fuera venerada por los pueblos antiguos del noroeste argentino, se encuentra nuevamente entre nosotros. Fue rescatada del olvido por los alumnos de la escuela Coronel Pascual Pringles y el artista Néstor Enríquez.

El monumento fue inaugurado el 12 de diciembre de 2011 y emplazado en el cruce del Camino Real con la avenida Leopoldo Reyna. Basado en las ideas sobre su figura que elaboraron los alumnos, el artista creó un magnífico monumento de tres metros de altura.

Esta deidad femenina es el espíritu del viento y si está enojada, solo las caricias de los árboles del monte detienen su furia. Por eso, han plantado dos algarrobos a su alrededor, para que sean los “peines del viento” y al calmarla eviten las tempestades.

A algunos les da miedo según parece, algunos vecinos han relacionado este monumento con la sequía que ocurrió durante los meses después que fuera inaugurado.

Hasta hubo quienes la llamaron “bruja”, y las conversaciones en los cafés giraron en torno a sus poderes, no sólo de controlar el viento sino también de impedir las lluvias.

Sin embargo, quienes transitan por el Camino Real y pasan frente a ella, no pueden dejar de e detenerse a contemplar esa bellísima obra de arte, ver sus detalles, observar el delicado rostro y las diferentes tonalidades que el metal le otorga. Luego el viajero continuará su derrotero por la traza histórica en la búsqueda de otros tesoros que están allí para ser admirados.