Estancia Candonga: un otoño con aire colonial y sabor serrano

Un recorrido por la Estancia Candonga, en las Sierras Chicas. (Foto: Milagros Martínez)
Un recorrido por la Estancia Candonga, en las Sierras Chicas. (Foto: Milagros Martínez)

Admirar los tesoros del patrimonio cordobés. Disfrutar el paraje puesto en valor con una premisa: el cuidado del bosque nativo. Honrar el pasado y sus tradiciones, pero reversionadas. Así es esta invitación a experimentar para contarlo.

No existe nada igual a una hora de Córdoba Capital: por su entorno agreste, su arquitectura, su mística. Algo vincular muy fuerte une a cientos de personas alrededor de la que se conoce como la capilla más fotografiada de Córdoba.

En este paraje de Sierras Chicas, todo está preparado para que los viajeros puedan conectar con la historia, la naturaleza en estado puro y el descanso.

Un recorrido por Candonga. (Fotografías: Milagros Martínez)
Un recorrido por Candonga. (Fotografías: Milagros Martínez)

Quizás son esos últimos 10 kilómetros de ripio, desde la localidad de El Manzano, los que nos advierten que se trata de algo distinto. Un camino de cornisa que obliga a desacelerar y avanzar despacio, para adentrarnos en el corazón del monte nativo.

Nada habitable a la vista durante ese tramo, más que las montañas. Hasta descubrir a lo lejos esa estancia colonial de comienzos del siglo XVIII que conserva sus rasgos originales, aún después de ser restaurada.

La primera vez que descubrí la Capilla de Candonga fue en una pintura. Toda una pared en la casa de unos amigos tiene el retrato de este entorno mágico. Desde hace muchos años está ahí intacta, apenas retocada con alguna que otra pincelada.

Iluminando el living, es un ícono que guarda el cariño de una historia familiar. Al igual que tantas otras que atesoran imágenes de esta reliquia declarada Monumento Histórico Nacional, en la década de 1940.

Un recorrido por Candonga. (Fotografías: Milagros Martínez)
Un recorrido por Candonga. (Fotografías: Milagros Martínez)

La Estancia en realidad se llama Santa Gertrudis. No fue jesuítica, pero casi… creció y se expandió bajo su cultura en materia arquitectónica. En 2000, la Unesco la declaró Patrimonio de la Humanidad, al incluirla como parte del camino de las estancias y la Manzana Jesuítica. Si a su pasado le sumamos la superioridad estética del otoño en este punto del mapa cordobés, la promesa de un día de campo inolvidable es un hecho.

La huella del pasado

Un recorrido por la increíble estancia Candonga en las Sierras Chicas. (Fotos: Milagros Martínez)
Un recorrido por la increíble estancia Candonga en las Sierras Chicas. (Fotos: Milagros Martínez)

Conocida como Candonga, su nombre significa “mula cansada”, un africanismo que se “castellanizó” y que hace referencia al cambio de las caravanas de la época. Durante el período colonial, estaba todo preparado para el descanso y recambio de mulas que trasladaban mercaderías al Alto Perú.

De hecho, hoy se mantienen intactos los corrales en los que permanecían centenares de esta especie. Corrales construidos en un perfecto “encastre” de piedras. Pensemos que las mulas eran “la soja” de ese tiempo y que este punto era clave para la actividad comercial.

Alrededor de la capilla, un verdadero tesoro escondido en medio del monte cordobés, hay varios atractivos para seguir construyendo el relato histórico y un proyecto increíble para disfrutar de la buena cocina.

Un recorrido por Candonga. (Fotografías: Milagros Martínez)
Un recorrido por Candonga. (Fotografías: Milagros Martínez)

Hace algunos años, Alberto Spagnolo y sus socios comenzaron la tarea de recuperar y embellecer este paraje. La propuesta está cuidada al más mínimo detalle y ofrece muchas opciones para los visitantes.

Al caminar por acá hay que estar atento a los rastros de historia viva. En este hermoso marco serrano se encuentran algunas casas pozo, construidas en piedra, que pertenecían a los habitantes primitivos de Candonga.

Ellos construían aldeas con viviendas subterráneas, cerca de las áreas de cultivo y de los cursos de agua. Parte de esta explicación está a la vista, en cuadros escritos que buscan inmortalizar la vida de esa época.

Detrás del puente colgante

Un recorrido por la increíble estancia Candonga en las Sierras Chicas. (Fotos: Milagros Martínez)
Un recorrido por la increíble estancia Candonga en las Sierras Chicas. (Fotos: Milagros Martínez)

Se abre un pequeño portón de madera y el sonido del río que avanza apenas se interrumpe con el de las pisadas. Levantamos la vista y del otro lado del puente colgante nos espera el otoño en su máximo esplendor.

Árboles dorados que preparan el camino a las otras joyitas de este destino: la huerta agroecológica con la que se preparan todos los platos que llegan a la mesa, el secadero de las aromáticas y la granja.

Una hermosa extensión de tierra preparada para dar vida. Un paseo en sí mismo para apreciar la generosidad de la naturaleza. Visitarla es parte del plan de un día de campo. Toda la carta del restaurante tiene estos ingredientes frescos, libres de cualquier tipo de intervención agroquímica.

Y si la visita es en familia, los más pequeños tienen la chance de ser granjeros por un día: acompañados por recreólogas y durante dos horas, pueden alimentar a los animales, juntar los huevos y las frutas/verduras del momento, en lo que seguro será un plan inolvidable.

Monte nativo y plan sustentable

Un recorrido por Candonga. (Fotografías: Milagros Martínez)
Un recorrido por Candonga. (Fotografías: Milagros Martínez)

En cualquier caminata por el predio, seguro hay alguien capaz de explicarte cómo se logró y cómo se cuida tanta maravilla junta. Alberto Spagnolo nos cuenta cómo es la tarea para preservar y hacer crecer el pulmón verde que nos rodea.

Hay tres especies nativas que son clave: chañar, algarrobo y tala. A las semillas que caen de estos árboles, las hacen germinar y luego las vuelven a plantar, en una acción circular que mantiene al bosque vivo.

Hay plantas que ayudan a enraizar, como el sauce y también los desechos del café. “Nada se pierde, todo se transforma”, dice la canción. En esta economía circular que se busca fomentar en la Estancia, hay cinco estaciones de compost con desechos listos para volver a ser abono.

Un recorrido por la increíble estancia Candonga en las Sierras Chicas. (Fotos: Milagros Martínez)
Un recorrido por la increíble estancia Candonga en las Sierras Chicas. (Fotos: Milagros Martínez)

¿Está bien con esta temperatura o activamos la energía eléctrica para calefaccionar las habitaciones?, preguntan al comenzar la estadía. Justo en diagonal a las cabañas de este gran predio se ven los paneles solares. Como huésped, prefiero la energía natural y disfrutar la estadía haciendo un pequeño aporte.

Para desafiar a los bikers

Por su cercanía con la ciudad de Córdoba, muchos entusiastas de la bici eligen pedalear desde la localidad de El Manzano. Con curvas y contracurvas, van admirando el paisaje y desafiando su propia resistencia.

Al llegar y frente a la Capilla, van a encontrar un ciclo-bar, que en temporada está preparado para ese necesario encuentro entre ciclistas.

El ingreso a la Estancia es libre y gratuito. Pero para disfrutar un día de campo con el servicio del restaurante, se recomienda hacer una reserva previa. Este paseo incluye un recorrido por la huerta agroecológica, el antiguo molino, los corrales del muladar, la casa habitación que fue restaurada y la icónica Capilla de Candonga.

Se puede elegir una experiencia que incluye desayuno, almuerzo y merienda (con un costo de $4.200 por persona). O sólo alguna de estas comidas.

Además, se organizan caminatas, cabalgatas ($700 por persona), hay juegos para niños y en verano se puede disfrutar de la pileta y el solarium. Reservas: 351 616-9368 (WhatsApp).

Con sabores caseros y artesanales, todas las comidas incluyen productos frescos de la huerta. Además, se ofrece una carta con vinos de bodegas cordobesas y hasta el propio vino Candonga, que en su etiqueta rinde honor a la figura de la mula y explica: “Este tinto conecta territorios”, en referencia a Alto Agrelo (al pie de los Andes, donde es producido) y la estancia de Sierras Chicas.

Noches estrelladas

“Disponemos de hospedaje repitiendo la vieja consigna de la Estancia colonial: dar albergue al ambulante y hospedaje a las caravanas”, aseguran. Con distintas opciones de cabañas, es posible descansar en el silencio de la noche y amanecer en ese oasis de paz, sin apuro.

A menos que quieras llegar temprano al establo para ver cómo se preparan los caballos para dar sus paseos de fin de semana.

Se busca que el impacto sea el menor posible sobre la naturaleza en este paraje privilegiado. Esa idea llegó incluso al sistema de construcción de las cabañas. Iniciaron una prueba piloto junto al proyecto del sacerdote Mariano Oberlin, que busca impulsar una técnica constructiva a partir de módulos que se hacen con ladrillos de plástico reciclado.

Además de estas opciones de hospedaje, se abre camino la villa serrana, un sector con varios lotes en venta que busca encontrar socios en el cuidado del espacio. Con la sustentabilidad como premisa, la Villa protege el cauce del río San Vicente. Impulsan la construcción de viviendas que no rompan la armonía del paisaje.

Un camino oculto a La Cumbre

Dicen que siempre hay que dejar algo pendiente para volver al destino. En mi caso, será hacer el camino de ripio que une Candonga con La Cumbre.

Sí, hay una ruta que conecta a estas dos estancias, la de Santa Gertrudis con la fábrica de alfajores “Estancia del Rosario”. El recorrido entre estos dos puntos es de unos 30 km y dura alrededor de una hora y media. Para algunos es uno de los caminos más bonitos de las sierras.

Saliendo desde Córdoba, hay que tomar la RN E53 hacia Río Ceballos.

Al llegar a la localidad de El Manzano, hay que doblar a la izquierda y hacer 10 kilómetros por camino de ripio. Si sumamos este trayecto de una hora hasta Candonga y luego una hora y media hasta La Cumbre, conviene prever paradas.

Ya en la localidad reconocida por sus jardines de inmigrantes británicos, se puede disfrutar una tarde de té o un almuerzo con vista al dique San Jerónimo. La Cumbre, con sus casonas de estilo inglés es una opción tentadora para coronar este encantador paseo.

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