Descubrí Los Reartes en sus callecitas tradicionales

Reconocida por ser una de las localidades más antiguas del Valle de Calamuchita (con más de 300 años), Los Reartes funde el encanto natural de su río homónimo y la hospitalidad de su gente con sus tradiciones criollas y sus rincones históricos. Estos últimos invitan a pasear por sus calles y a descubrir una serie de sitios imperdibles para sumergirse en un poblado de lo más pintoresco.

Teletransportarse a mediados de 1700 es sencillo cuando en el recorrido aparecen las calles empedradas, los muros de adobe y las casonas que datan de otros tiempos, y donde hoy funcionan algunos restaurantes. Con esa identidad criolla que tanto la define y que en 2006 le dio el mote de “Pueblo Patrio”, Los Reartes se descubre a la par de ciertos atractivos.

Uno por uno 

La consigna es desandar por su casco histórico, antiguo sector principal de lo que fue la Estancia Nuestra Señora de Copacabana del siglo XVIII, mejor conocida por el apellido del propietario Juan de Iriarte. Con el tiempo, ese nombre sufrió la transformación en Iriarte, Riarte y Reartes, el cual quedó inmortalizado en la denominación oficial que lleva la comuna.

En este pueblo serrano resalta ese exquisito estilo colonial en la arquitectura de sus casonas.  Además, en el trayecto destacan la capilla Inmaculada Concepción, realizada por los parroquianos del lugar en 1815, y la escuela Pedro B. Palacios.

Se suma al recorrido uno de los establecimientos más “nuevitos” del circuito histórico. Se trata de la pulpería Segundo Sombra, de 1929, antiguo almacén de ramos generales y todo un ícono de la zona. En el local, aún hoy perdura el folklore de sus paredes y los baqueanos siguen eligiéndolo como lugar de encuentro para jugar a las cartas, tomarse “una vuelta” o una “mulita”.

Para finalizar este circuito, qué mejor idea que disfrutar de sus alternativas gastronómicas. Locros, humitas, un estofado de cordero o un costillar a la llama son excelentes propuesta para degustar con el sol de otoño pegando en la cara. ¿Un plus? Consagrar la tarde en la única casa de té gales de la provincia.