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Una visita a Isidris, la piedra energética de la precordillera de Mendoza

Este sitio de la precordillera mendocina ha dado pie a diferentes mitos. Un recorrido y las teorías sobre el lugar.

Por Francisco Guerrero (Especial/Los Andes).

Isidris, en Mendoza, dio pie a numerosos mitos, considerado “energético” como el Uritorco cordobés. A 15 minutos al oeste del centro mendocino se encuentran los primeros cerros pedemontanos, con su reconocible perfume a jarilla y tomillo, para iniciar el camino. 

De los muchos paseos posibles, el más conocido es el que lleva a la piedra Isidris, sitio que muchos consideran una “puerta a otra dimensión”.

La caminata de cinco kilómetros requiere del mismo tiempo que la subida al cerro Arco, casi tres horas, y comienza en el puesto Puerta de la Quebrada. Al inicio del camino (tras dejar los datos en la planilla del puesto, de acuerdo a los protocolos sanitarios vigentes), hay que tomar un desvío por el primer río seco hacia el oeste.

Una vez que se empieza a remontar el río seco –si llueve intensamente se debe cancelar el viaje, porque puede transformarse en un cauce aluvional–, aparecen las huellas de los paseantes que todos los días visitan el lugar. Se recomienda seguir por el cauce, porque la zona de la Quebrada del Durazno es propiedad privada. Los carteles de los propietarios indican que no se deben realizar actividades riesgosas ni encender fuego. 

En el camino, bordeado por la flora autóctona, se halla piedra de arrastre de distintos tamaños. Hay que continuar por el río seco, siempre hacia la izquierda, y tras media hora de caminata se encuentran importantes cerros, con piedras de curiosas formas talladas por el tiempo durante millones de años, marcadas en su base por increíbles crecidas de otras eras.

A lo largo del recorrido se ven, también, pilas de piedras que han levantado algunos de los caminantes a modo de marcas del camino.

El lugar del mito

Luego de más de una hora de trekking se llega a un cerro que parece armado como un rompecabezas. Algunas de sus grandes piezas sobresalen y parece que su estabilidad pendiera de un hilo, y que podría caer con el primer movimiento telúrico o con una tormenta fuerte. El viento choca contra la pared y genera un bramido inquietante.

Unos metros más de caminata nos enfrentan a la piedra del lugar, un gran bloque de unos cuatro metros, entre el río y el cerro. Está pintada con símbolos e imágenes, y hasta se distingue una figura que remite a la iconografía extraterrestre de algunas películas.

El sol intenso y la larga caminata invitan a descansar, a tomar un nuevo trago de agua y a reponer fuerzas. Se respira naturaleza y tranquilidad, algo que caracteriza todo el camino. Tres mujeres que se sacan una foto junto a la piedra, dicen que les costó encontrar el lugar. Noemí, Silvina y Jaquelina agregan que este tipo de salidas las realizan periódicamente y a distintos sitios: “Es una buena forma de hacer gimnasia y conocer los lugares que tenemos en Mendoza”.

“No vimos nada del otro mundo, ni esperábamos verlo. Son lugares muy bellos, como cualquier otro de la zona pedemontana, que merecen ser visitados”, indica Natalia, que llegó junto a Agustín, Francisco, Mercedes, y su perro Vittorio.

“Hace 30 años íbamos a Isidris a cargarnos de energía. Es un sitio energético, como el que está en Punta de Vacas. Lamentablemente, en los últimos años lo han pintado y se ha desvirtuado un poco el sentido del lugar”, agrega Luis, quien asegura que de noche se viven experiencias como las que cuentan. “Pudimos ver luces y destellos muy interesantes, maravillosos. Algo importante: no te cansabas, volvías a tu casa sin dolores ni cansancio”.

Nacho recuerda que hace más de 20 años fue en carpa con sus compañeros del secundario. “Como a las dos o tres de la mañana, empezamos a ver luces y sentimos que nos levantábamos del suelo. Estábamos en las carpas y en menos de un minuto levantamos campamento y nos fuimos. Todavía no tenemos idea qué fue lo que pasó, pero nos asustamos”.

El origen

Rodrigo Pérez Esquembre, director de Turismo de Las Heras, señaló que Isidris “es un sitio buscado y reconocido por su potencial energético. Nace a partir de un libro de la escritora Verónica Lizana, basado en su experiencia personal. Ella dijo haber experimentado un ‘contacto telepático’ con seres ‘intraterrenos’, mientras meditaba en la piedra. Su relato describe un portal que se abre a una Ciudad Dorada con fuentes de agua, luz y seres o entidades superiores. Desde entonces, personas de todo el mundo han venido a conocer el lugar y divulgado el tema, dando nacimiento al mito. Este espacio natural es una visita obligada tanto para los que practican esta filosofía como para simples curiosos”.

La Cámara de Turismo de Mendoza y el sitio Mendozatravel.com destacan que esta zona fue explorada por YPF y se detectó un importante vacuoide natural de 30 kilómetros de profundidad. Se dice que en la zona, los acampantes nocturnos observan fenómenos extraordinarios, como luces zigzagueantes. Isidris es el nombre de una ciudad intraterrena, según el libro de Lizana, mendocina que reside en Canadá.

El geólogo Hilario Alberto Rubio explicó que, desde el punto de vista geológico, “se trata de una roca sedimentaria, que es la característica de la zona de la precordillera que empieza en el río Mendoza y termina en La Rioja. Esta precordillera es un desprendimiento de los Apalaches, de EE. UU., hace 600 millones de años. Unos 150 millones atrás se adosó a esta parte del continente”.

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