Una posada en medio de una plantación de frambuesas

Fotografías: Ariela Malen (@imaginateaca)
Fotografías: Ariela Malen (@imaginateaca)

En el paraje Santa Cecilia, ubicado entre La Cumbre y Villa Giardino, funciona Frambuesas & Suites. Se trata de una finca de 15 hectáreas que además de un famoso viñedo tiene plantación de frambuesas y una coqueta posada.

Carlos Vega, dueño y fundador del lugar, trabajó durante un tiempo en una plantación de frambuesas en Francia, y ahí aprendió todo el procedimiento.

Cuando volvió al país, hace 20 años, compró la finca en Santa Cecilia, y junto a su compañera de entonces Dianne Ward empezó a plantar frambuesas Autum bliss: una variedad deliciosa, de buen tamaño y refloreciente (florece dos veces al año). Las plantas originarias de los Alpes se adaptaron muy bien en aquel sector de las sierras, en el Valle de Punilla, que se destaca por su amplitud térmica y está libre de plagas (lo que permite manejar el emprendimiento en forma orgánica).

En Córdoba hay otras plantaciones, pero la principal productora de frambuesas en Argentina es la Comarca Andina del Paralelo 42º: una hermosa región de la Patagonia, conformada por localidades de Chubut y Río Negro que, más allá de los límites políticos, comparten montañas, valles y ríos. Precisamente El Bolsón, El Hoyo, Epuyén y Lago Puelo tienen las condiciones agroecológicas ideales para cultivar este fruto rojo.

Cultivo, cuidados y recolección

Carlos explica que las frambuesas necesitan 700 horas de frío al año y se cosechan de noviembre a mayo (con la primera helada se congelan los brotes y deja de haber fruta).

Durante el invierno, las plantas pierden las hojas y son podadas. En primavera, cuando aparecen los primeros brotes, se riegan constantemente (en el predio tienen riego por goteo). A medida que van creciendo, las guían con alambre porque los tallos se curvan con facilidad y las protegen del granizo y de las altas temperaturas con una malla de media sombra. La idea es que las plantas no se junten demasiado porque son muy invasivas y las espinas dificultan la recolección.

Se saca manualmente frambuesa por frambuesa. El fruto se separa de la planta cuando tiene un color rojo brillante y se desprende con facilidad. Casi todo lo que recogen se distribuye principalmente en restaurantes, casas de té y heladerías del Valle de Punilla.

Además de la fruta fresca o congelada, venden mermeladas que elaboran y envasan en el lugar y vinagre de frambuesas (producto muy requerido en el sector gastronómico).

Verónica, Juan y Gaia trabajan actualmente junto a Carlos.

Para desconectarse y descansar

La casona que Carlos dibujó en una hoja cuadriculada y donde vivió durante 20 años, hoy es una hermosa posada. Sus techos rojos de chapa contrastan con el paisaje verde, amarillento y azulado. Tiene una gran galería con vista al jardín, dos habitaciones totalmente equipadas (una con chimenea y otra con salamandra), una cocina para compartir y pileta frente a las montañas.

Él mismo prepara y sirve todas las mañanas el desayuno que incluye: café, leche, jugo de naranja recién exprimido, tostadas, medialunas, criollitos, yogur, cereales, fiambre, manteca, dulce de frambuesas y un bowl con frambuesas frescas.

Los huéspedes pueden recorrer la plantación de frambuesas y juntar frutas en una canasta. Una linda experiencia para involucrarse con la naturaleza, aprender y conocer la filosofía de vida de Carlos y el equipo.

Reapertura del viñedo

A 200 metros de la plantación de frambuesas y de la posada se encuentra Nébula: el viñedo que crearon -con mucho esfuerzo y paciencia- tres hermanos apasionados por el vino.

Cuando falleció su mamá (2013), Sean, Virginia y Victoria Towers heredaron el campo en Santa Cecilia, donde dos años después comenzaron a plantar uvas. Sembraron malbec, cabernet franc, sauvignon blanc y Gewürztraminer (una variedad de uva blanca de origen alemán). Posteriormente agregaron pinot noir, syrah, tempranillo y viognier.

A fines de 2017 empezaron a recibir visitas. En un container bordó ofrecían picadas y vinos cordobeses. Su idea fue, desde el principio, generar un espacio distendido y fomentar la producción local. Pasó el tiempo, se hicieron conocidos, tuvieron buenas temporadas y en pandemia cerraron la tranquera de la chacra.

Como muchos, continuaron trabajando, a otro ritmo y de otra manera, hasta que el 23 de diciembre reabrieron el viñedo bajo el eslogan “volvimos para quedarnos”.

En el lugar instalaron una cocina a todo trapo con platos para chuparse los dedos, un chiringuito de birra helada y tragos, un anfiteatro con gradas de pasto y fogoneros. Siguen estando las mesas para almorzar o merendar entre las vides y el container color bordó.

Nébula es ideal para disfrutar el paisaje con buena música, buena comida, buena bebida y buena compañía.