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Curiosidades

Una orca llamada “Maga” en la increíble Península Valdés

En las áreas naturales de la provincia patagónica de Chubut desarrollaron una técnica única para alimentarse que consiste en un varamiento intencional.

Por Patricia Veltri (Especial).

Las orcas socializan, se comunican con sonidos, les encanta jugar, viven en grupos matriarcales de abuelas, madres y juveniles y un macho que va y viene; son territoriales. Todo ello se sabe gracias a la observación que lleva a cabo una organización internacional sin fines de lucro con asiento en Chubut, que se llama Península Valdés Orca Research.

Una de sus fundadoras es la guía de turismo patagónica María Leoní Gaffet: lleva 20 años haciendo foto-identificación de las orcas.

“Son fascinantes, muy inteligentes, y tienen una característica única: desarrollaron una técnica de varamiento intencional para capturar crías de elefantes y lobos marinos de los que se alimentan. Eso sucede entre febrero y abril, es estacional y no se ha observado en otra parte”, cuenta Leoní desde la provincia de Chubut.

A fuerza de estudiarlas, fotografiarlas y registrar por hobby -o amor hacia estos ejemplares de la familia de los delfines- puede distinguir a las orcas por su nombre y precisar parentescos dentro del grupo donde a veces son más de 20 individuos.

Durante la inactividad del turismo por la pandemia de Covid, Leoní tuvo un encuentro cercano que aún le agita la respiración de emoción cuando lo recuerda: “En mayo de este año, organizamos una navegación en Camarones para realizar un scouting en vistas de un producto turístico que queríamos desarrollar. Salimos desde una estancia por un lugar donde hay más de 70 islas volcánicas deshabitadas para dirigirnos a Leones, donde hay un faro abandonado y casitas de loberos de cuando se explotaba el cuero y la grasa marina. Ahora hay muchos lobos, está deshabitada de humanos y es de difícil acceso. Y cuando estábamos llegando con una embarcación chiquita y muy rústica, tuvimos un encuentro con seis orcas que empezaron a socializar, vocalizaban (no se las escucha si están debajo del agua pero se ven las burbujas en superficie cuando emiten sonidos)”. 

“De repente, una salió para hacer lo que se llama spy hopping (espiar) al lado nuestro y otras dos saltaron. Al final eran más de 10”, relata Leoní.

Lo habitual

El hecho -aparte de la cercanía- no fue una rareza dado que según informa la experta, en el continente hay orcas en todos los mares y como no hay seguimiento no se sabe bien hasta dónde llegan. 

“Lo que nunca pensé fue que serían las teníamos identificadas en la península porque no teníamos datos de que llegaran tan al sur. Al regresar, cuando ví la primera foto que me mandó un fotógrafo que nos acompañaba, reconocí a la hija Maga que es la matriarca de un grupo de 11 y también había un macho grande. Lejos, observé una cría muy chiquita por su color anaranjado. Este grupo es especial porque son muy activas y sociables”.

El trabajo de foto-identificación se hace durante dos meses seguidos desde la playa, no embarcados. La intención es no invadir el hábitat natural y la vida silvestre. Luego, las imágenes sirven para individualizar según las monturas que tienen detrás de la aleta dorsal o la mancha blanca del ojo. Con esos datos, se elaboran catálogos que se renuevan cada año, según las modificaciones, cicatrices y crecimiento que desarrolle cada individuo. No usan chips ni tags.

La abuela Maga

Maga es abuela, excelente cazadora, tiene más de 40 años, varias hijas y nietos. Para Leoní es una es perfecto ejemplo de que las orcas son lo opuesto a su fama de asesinas.

“Ese error o mito tiene una explicación -agrega Leoní Gaffet. Se trata de animales sumamente inteligentes. No hay registros de ataques de orcas en libertad. Sí, en cautiverio que han matado a entrenadores en Sea Word, por ejemplo, porque son conscientes de sí mismas, tienen lazos sociales y familiares. Cuando están en cautiverio, lo saben y sufren estar separadas de su familia con la que viven toda su vida (sólo los machos se van por una cuestión de reproducción y vuelven). Además, se las acota a un tanque cuando ellas en estado libre nadan en un área de 200 kilómetros por día”.

Para la especialista argentina, cuando las orcas en libertad se acercan es porque quieren comunicarse. Y trae a cuento una anécdota: “Una vez, yo estaba en la playa y se acercó una hasta la rompiente de la ola. Me mostraba dos pingüinitos que había cazado. Es difícil de explicar, son sensaciones que transmiten. Cuando uno las observa durante tanto tiempo, aprende a percibirlas”.

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