Un cuento de hadas en Concordia

Fue construido con todo el lujo y la tecnología más avanzada de la época. (María Cruz Mercado Luna)
Fue construido con todo el lujo y la tecnología más avanzada de la época. (María Cruz Mercado Luna)

Al lado del río Uruguay se levanta un castillo de finales de 1800 que supo enamorar al autor de “El Principito”.

“Un oasis en Concordia”, así llamó Antoine de Saint-Exupéry, el autor del celebrado libro de El Principito, a este castillo rodeado de jardines. La construcción se llama San Carlos, al igual que el parque que lo alberga. Y su historia es tan encantadora como misteriosa.

Lujos y carruajes

Esta casona señorial fue construida en 1888 para una familia de origen francés que se instaló en el mundo comercial de Concordia, Entre Ríos. Entre los detalles que la destacaban por encima de las otras de la zona se contaban sus 27 habitaciones (la familia era de sólo tres personas), instalación de luz proveniente de gases (algo muy avanzado para su época) y la cocina, que estaba a dos cuadras de la residencia. La comida era llevada por el personal en nada menos que carruajes y luego subida en montacargas.

Un misterio sin resolver

Luego de habitarla poco más de dos años, la familia abandonó rápidamente la casa, se dice que partieron un día sin aviso, en sus carruajes y sin avisar dónde irían, ¿su paradero? Aún hoy es una incógnita. Luego de eso la casa es alquilada a otra familia del mismo país de origen, los Fuchs Valon.

El efecto mariposa

¿Qué tiene que ver una vizcachera con “El Principito”? Aparentemente nada, pero quiso el destino que un día cualquiera de 1929 Antoine de Saint-Exupéry viese su avioneta estropeada, al caer en una de estas madrigueras. Grande fue su sorpresa cuando escuchó a dos niñas hablando su idioma natal, tan lejos de Francia. Ellas lo llevaron hasta la casa con sus padres, donde el autor fue recibido y hospedado.

Las princesas

Las niñas de la familia, criadas en el campo, trataban con animales diariamente y le enseñaron a su nuevo amigo el arte de amaestrarlos. Se dice que el autor quedó fascinado con la soltura con que ellas podían interactuar con zorros, serpientes y roedores, y que parte de estas vivencias las plasmó en su reconocido libro.

En las cartas a sus familiares, Antoine habla de estas “princesas” campestres, de los animales y de la residencia que, por ser el segundo punto más alto de la ciudad, regala vistas de gran belleza. También diría la frase con que hoy se lo recuerda en Concordia; “Me encontré en medio del campo y no sabía que viviría un cuento de hadas”.

Hoy, las ruinas de la casona forman parte de una reserva de 80 hectáreas de espacio verde. Cuenta con un jardín botánico y una playa, sobre la zona del río Uruguay, llamada Salto Chico. En la costa los locales y turistas prueban suerte con la pesca, lo que más se pesca es el dorado.

Info útil

La entrada al parque es gratuita y abierta. Dentro del predio se pueden ver especies de la fauna autóctona como lagartos, aves y (con suerte) familias de zorros, ¿descendientes de los que jugaban con las princesas? probablemente. El castillo se puede recorrer en las visitas guiadas que se hacen a las y 15 de cada hora y tienen un costo de 200 pesos por persona.

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