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Imperdibles

Talapazo: una experiencia increíble en un poblado perdido entre cumbres calchaquíes

Conocer, cocinar, caminar, celebrar, comer, compartir. La visita al pequeño pueblo ofrece un menú completo de actividades culturales, gastronómicas y recreativas que vale la pena descubrir en un viaje a Tucumán.

Por Daniel Santos (Especial).

"La Pachamama les tuvo piedad". Los anfitriones de la comunidad de turismo rural de Talapazo, Tucumán, bromearon respetuosamente con las visitas mientras preparaban una merienda a base de café de higo, de tusca o de algarroba, tortillas caseras y pan caliente recién salido del horno de barro.

Poco antes, las nubes escondieron el sol abrasador de un agobiante día de 35 grados, y permitieron el esforzado ascenso de todos y todas hasta la vieja mina de mica de un cerro cercano. El escaso aire recuperado desde el descenso fue suficiente para la risa cómplice ante la ocurrencia.

Los cardones de Talapazo, Tucumán. Foto: Daniel Santos

La experiencia en aquel caserío tucumano es emocionante. Se puede acompañar la preparación de una comida típica mientras se conocen la receta milenaria y los secretos de la gastronomía (sospechamos que hay algunos que no se cuentan), pero especialmente se puede disfrutar más tarde en la mesa tendida. Y repetir plato más de una vez.

El frangollo, el menú elegido para el agasajo en El Quincho de Paola Agüero, demanda unas cuatro horas de trabajo entre la elección del maíz (de tantas variedades y colores en la zona), la preparación (el frangollado es la acción de fragmentar los granos en las piedras de la pecana), y la cocción. 

Paola Agüero, la cocinera de Turismo Rural Comunitario en Talapazo. Foto: Daniel Santos

¿El resultado? Un suculento y delicioso guiso –pariente cercano del locro– cocinado a base de maíz, verdeo, pimentón y zapallo, y un poco de carne de vaca. Se recomienda el toque picante del final, y acompañar con un vino propio del lugar, El Coplero, tinto fabricado a pocos metros de allí por otros miembros de la comunidad.

Los ingredientes del frangollo, en Talapazo. Foto: Daniel Santos

El acceso a Talapazo (hacia el límite con Salta) no es sencillo, pero tampoco imposible. Se llega luego de transitar por un camino de tierra y un paisaje de ensueño –custodiado por enormes cardones y pircas de piedra– los casi ocho kilómetros que separan al poblado de la Ruta 40. 

Los cardones en el camino a Talapazo, Tucumán. Foto: Daniel Santos

Lo ideal es ir desde Tafí del Valle por la Ruta Provincial 307, y, luego de pasar Amaicha del Valle, tomar la mítica 40. En todo el viaje el tránsito es escasísimo, pero las curvas pronunciadas, y se atraviesan poblados tan chiquitos que el tiempo que transcurre entre el cartel de “Zona Urbana” y “Fin de Zona Urbana” es de segundos.

La semilla del turismo

Talapazo se encuentra sobre la ladera de la sierra de Quilmes, donde vive una comunidad de una veintena de familias dedicadas desde siempre a la ganadería y a la agricultura y, desde hace muy pocos años, al turismo. 

Las pircas en Talapazo, Tucumán, parte del paisaje. Foto: Daniel Santos

Sandro Llampa es el guía del lugar. Él es capaz de subir hasta la mina en unos 20 o 30 minutos, cuando a cualquier mortal la escalada le lleva una hora y media (con suerte, nubes mediante y algunos rezongos de los menos expertos). Tras desempeñarse un tiempo en la cercana Ciudad Sagrada de Quilmes, fue él quien llevó la inquietud de trabajar el turismo en la comunidad, que al principio no quería saber nada con el asunto.

Sandro Llampa, el guía que impulsó el turismo en Talapazo, Tucumán. Foto: Daniel Santos

Hoy, todos lucen su entusiasmo al abrir su cultura y su trabajo a los extraños. Construyen hospedajes sencillos pero completos (y económicos, a $800 la noche por persona), y cumplen los requisitos para tener en regla todo lo necesario para poder operar turísticamente. 

Venden artesanías, cocinan variado (guisos, empanadas, huaschalocro), muestran sus vinos artesanales, preparan desayunos y meriendas diferentes (dijimos café de higo, pero pueden ser infusiones de hierbas autóctonas con propiedades curativas... o simplemente ricas), y también conversan sobre los mitos y leyendas de sus antepasados, los pueblos originarios de los Valles Calchaquíes, y dan rienda suelta a las coplas picarescas de la que no se salva ni una suegra. 

Artesanías, vino, gastronomía, todo lo que puede descubrirse en esta experiencia de turismo rural en Tucumán. Foto: Daniel Santos

El fogón cultural del final del día es el mejor cierre para la experiencia. La ceremonia inicial frente al fuego, el potente trago de mistela, un buen repertorio de historias y los grandes cerros calchaquíes de fondo esperando el anochecer, valen el viaje.

Pasar el día en Talapazo se presenta como una buena opción, pero aún mejor es programar al menos dos jornadas para aprovechar las posibilidades del lugar (hay al menos tres senderos, algunos muy exigentes), combinar con la Ciudad Sagrada de Quilmes, y disfrutar del cielo estrellado sin interferencias.

Al cerro vengo subiendo

El inicio del sendero a la vieja mina de mica, en Talapazo. Foto: Daniel Santos

En la visita a la mina abandonada –un sendero para hacer trekking de unos 2,6 kilómetros–, se atraviesa el caserío, con patios enormes repletos de cabritos que berrean, plantaciones de pequeños viñedos, huertas de ajo y otros vegetales, una escuelita que hoy tiene cinco alumnos, y la vegetación típica de nuestro norte argentino. 

Cada cardón invita a una foto. Los inmensos, de más de 200 años, y los cardones juveniles, que esperan su momento para ser los dueños del paisaje. El fondo final de sierras y montañas hacia cualquier latitud se encargan del resto, con el trazo del río Santa María que destaca desde lo alto.

Sandro Llampa realiza la corpachada en la cima de la sierra de los Quilmes. Foto: Daniel Santos

Sobre la sierra, la ceremonia: del homenaje a la Pachamama que Sandro primero explica, luego realiza y por último convida, es inevitable sentirse parte. En la corpachada se agradece la vida, la tierra, los frutos, el trabajo, la lluvia, los animales. También las nubes, que taparon el sol para el ascenso. 

¿La clave para que lo que se pida a la Pachamama se cumpla? Agradecer con el corazón.

La experiencia completa termina después del fogón, cuando con una ramita al fuego cada visitante consigue desprenderse de sus preocupaciones para volver ligeros. Cuando el mundo tira para abajo, es mejor no estar atado a nada. 

Datos útiles

Para contactarse con Talapazo. Turismo Rural Comunitario: Es posible hacerlo al 0381 156–222254, al mail turismotalapazo@gmail.com o buscar el perfil de Facebook Talapazo Turismo Rural. Dormir una noche en el hospedaje cuesta $800 por persona, y por aproximadamente $500 se puede comer muy bien.

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