Talampaya, tierra de gigantes

Talampaya. Ocupa 215 mil hectáreas que se funden con el cielo  (foto: Sergey Breev / 123RF)
Talampaya. Ocupa 215 mil hectáreas que se funden con el cielo (foto: Sergey Breev / 123RF)

Situado en las laderas occidentales de la Sierra de Sañogasta, se encuentra el Parque Nacional Talampaya, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. 

Habitualmente, asociamos al desierto con el dramatismo de la desolación y la ausencia de vida. Sin embargo, una visita a las zonas más áridas de la provincia de La Rioja nos deja con una sensación muy diferente. El derroche de belleza, formas extrañas e imponentes y la saturación de colores, inmediatamente nos hacen apreciar que la vida puede florecer bajo las condiciones más rigurosas. Esa es la impresión que nos deja un recorrido por el Parque Nacional de Talampaya y alrededores.

El Parque Nacional Talampaya, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, se extiende dentro de unas 215 mil hectáreas de desierto, ofrece una inigualable colección de paisajes, donde podemos atestiguar el efecto de la erosión, a través de millones de años.

DATOS. Información útil del Talampaya.

El recorrido

Talampaya toma su nombre de un término quechua de alusión sagrada, que significa “lecho seco del tala”, lugar donde ese árbol y el río fueron progresivamente reemplazados por las rojas arenas de este majestuoso desierto. Precisamente esas corrientes de agua de la era Triásica, además de saciar la sed de dinosaurios, dieron forma a las espectaculares paredes de arenisca y arcilla que hoy conforman el cañón y sus distintivas formas.

El ingreso es por La Puerta de Talampaya. Una vez sorteada la boletería, contratamos a un tour guiado para iniciar el recorrido por el parque, siendo ésta la única manera autorizada de efectuar cualquier paseo.

Talampaya. Ocupa 215 mil hectáreas (Foto: Alejandro Parada).
Talampaya. Ocupa 215 mil hectáreas (Foto: Alejandro Parada).

Las opciones son a pie, en bicicleta o en camionetas 4x4. Los visitantes con vehículo propio pueden ingresar sólo con un guía oficial. Aquellos en buen estado físico tienen la posibilidad de hacer una caminata guiada a lo largo del sendero Jardín Botánico, durante unas tres horas, o bien por el sendero Quebrada Don Eduardo, algo más extenso.

Buenos días, buenas noches

En este caso, optamos por un vehículo guiado, lo cual garantiza el acceso a las zonas más remotas. Cada forma extraña ha sido asociada con alguna figura cotidiana reconocible y así, bautizada bajo ese nombre. Por ejemplo, tenemos paradas en la Catedral, con sus caprichosas formas cuasi góticas; el Rey Mago, que montado en su camello parece haber sido esculpido por la mano del hombre; el Monje, envuelto en su sotana; o el Cañón de los Farallones, donde la presencia de cóndores es habitual. La Chimenea resulta una experiencia asombrosa, donde un grito de los visitantes emitido al unísono parece viajar por cada recodo de estas milenarias hectáreas y regresar durante varios segundos como un eco celestial. La excursión de cinco horas por la Ciudad Perdida nos recuerda a una futurista urbe fantasma, abandonada y, quizás, hasta derruida por alguna catástrofe natural.

Probablemente, las mañanas más frescas sean las más adecuadas para el visitante promedio. No obstante, si la fotografía o el encanto por los colores es lo que se desea disfrutar, la tarde resulta el mejor momento para visitar Talampaya.

No todo ha sido arena y sequedad en esta zona. Alguna vez habitaron pueblos originarios, cuya herencia en forma de petroglifos podemos apreciar grabada sobre rocas verticales, cual pizarras naturales.

A la hora de pasar la noche, decidimos pernoctar en el parque, tras pedir autorización. Al abrigo de bolsas de dormir a la intemperie, y con el privilegio de una noche de Luna llena, la sensación de pequeñez humana toma nueva dimensión cuando el sol se repliega hasta el siguiente día.

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