El Soberbio: un pueblo místico como la selva

El pueblo El Soberbio se encuentra a 70 kilómetros de Moconá, cuyo límite con Brasil lo determina el río Uruguay. La mayoría de los habitantes hablan portuñol y muchos rasgos de su cultura están influenciados por la frontera con el país vecino.

A sólo 70 kilómetros de los Saltos de Moconá, la localidad de El Soberbio servía, hasta hace algunos años, como puerta de entrada para quienes visitaban ese destino. Nadie hablaba de El Soberbio por sí mismo ni de su cultura mixturada con Brasil. Poco se sabía de este pedazo de selva, de sus calles, de su comida, de sus viviendas, de su gente. Ni del tramo del río Uruguay que marca su pulso, su intercambio y su economía.

Cuando se camina por las calles de El Soberbio uno tiene la sensación de que está en un lugar distinto. El límite físico que lo separa con Brasil es apenas un río que, según la bajada, se puede cruzar hasta nadando sin ser un experto. Cada tanto, la costa brasileña se llena de música y el sonido da un paso largo hasta llegar al lado argentino, sin interferencias. Las antenas de sus radios también hacen lo suyo: casi no se sintonizan en El Soberbio las radios argentinas.

La aduana es un tanto invisible en este tramo de costa. Los “pasadores” cruzan chinelas, bikinis, alimentos, y los locales se llenan de banderas y colores brasileños.

Nacer en El Soberbio es una cuestión geopolítica, pero el río deja de ser el límite y parte de las familias migran y emigran según las reglas de la economía y el comercio de turno. Prima el portuñol, una variedad lingüística que unifica vocablos de la lengua española y portuguesa.

La gastronomía tampoco es ajena a esta mezcolanza y se basa especialmente en los platos típicos de la región, influidos por la proximidad con Brasil. La “feijoada” (porotos negros), las pastas con cerdo y mandioca y los guisos de arroz se preparan de forma casera en locales donde trabaja toda una familia, sin importar la edad.

Como en muchos sitios de esta provincia los recursos naturales abundan y es cuestión de tiempo para que se transformen en tesoros para los turistas. Algo de esto pasó en El Soberbio. No se sabe qué tuvo lugar primero, si la demanda o la oferta, pero se fue moldeando a un tipo de turismo ecológico que transformó a este sitio ya no en lugar de paso, sino en un destino final para amantes de la naturaleza. Hoy abundan ofertas de Eco-Lodge, una nueva alternativa que da preferencia a la sostenibilidad, la preservación y la apreciación del medio, tanto de manera natural como económica y social.

Un Lodge único

Hace ocho años, Carola y Juan llegaron a Misiones para armar El Soberbio Lodge. Juan es neurocirujano y Carola psicóloga y licenciada en Turismo. Instalados en Buenos Aires conocían poco y nada de Misiones. Tentados por el entusiasmo de crear algo nuevo levantaron las paredes de lo que es hoy uno de sus emprendimientos. Tanto la enamoró a Carola la selva que escribió La Dama de las misiones, una novela histórica romántica que hoy es parte de la Trilogía de la Selva publicada por la editorial cordobesa El Emporio Ediciones.

Espacios enormes y vidriados, colores que combinan con el verde y rojo de la selva, balcones que dan una panorámica al río Uruguay y su flora. Pájaros y chicharras como banda sonora, un sitio ideal para el descanso y la calma. El concepto eco-lodge llegó casi por defecto: ellos no concebían crear algo sin tener en cuenta el entorno y su respeto. La construcción rodea los árboles autóctonos y las orquídeas crecen en ellos, las costillas de adán descansan en su sombra y las abejas arman sus danzas alrededor de la pileta.

Capital de la esencia

Otro condimento más que abunda en El Soberbio es la Citronella, una planta aromática cuyo uso más conocido es el de repelente de mosquitos, debido a su intenso aroma cítrico. La extracción de su aceite esencial da lugar al uso de sus múltiples propiedades terapéuticas. Y Tito Galiano, productor local, es el que más sabe de esto.

“La mayoría de las chacras de El Soberbio tienen producción de citronella. Es una planta perenne, de la familia de la gramínea, del pasto, del césped, primo del lemongrass. Está en El Soberbio por dos factores: suelo y clima. Es usada en países asiáticos, donde tienen más estudios de sus propiedades”.

No había ningún ingeniero químico o ingeniero agrónomo de la zona que se dedicara a la producción y destilería de esta planta, entonces Tito (que tenía plantas de citronella desde chico) fue aprendiendo sólo y así armó su alambique, un destilador rústico pero eficiente que muestra con orgullo a sus visitantes.

“Es tan noble esta planta, yo manejo los tiempos de ella, y no ella los míos. Tiene más de 150 componentes, imaginate todo lo que podes hacer con un sólo producto. Su aceite esencial está en su hoja y se extrae por arrastre de vapor. Para mi la materia prima sería la hoja y para ustedes el aceite”.

Para conocer rápidamente El Soberbio basta con estar solo un día. También están aquellos que disfrutan de las instalaciones y del silencio de los lodge sin necesidad de acercarse tanto al pueblo. La propuesta aquí es diferente:  perderse un poco en sus calles y almacenes (aunque el calor imponga cierto respeto), conocer al local, nadar el río Uruguay. Observar, preguntar y escuchar.

Hacia Saltos de Moconá

Desde El Soberbio se organizan paseos hacia los imperdibles Saltos del Moconá, que rompen con la calma de los meandros de este río, con un corte geológico a lo largo de tres kilómetros y una profundidad de hasta 100 metros, que no se ve pero que igual impresiona a los sentidos.