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El “señor Miyagi”, anfitrión del increíble Jardín Japonés de Buenos Aires

Hijo de un sensei, Sergio es una referencia del jardín porteño, un espacio con una hermosa historia de más de medio siglo. El presente del lugar, y el legado de Karate Kid y Cobra Kai.

Por Daniel Santos (Especial).

Las puertas del romántico Jardín Japonés de Buenos Aires están abiertas, con cupos y turnos establecidos por protocolos sanitarios, pero con una actividad incesante.

Aún lejos del movimiento previo a marzo del año pasado, el lugar sigue siendo uno de los preferidos como paseo para los turistas y los locales, en uno de los espacios verdes más hermosos de Caba y con una riquísima historia para descubrir. 

Aquel espacio en el corazón de Palermo fue el primero que buscó Freddie Mercury al llegar a Buenos Aires con Queen, en 1981: siempre se mostró fascinado por los jardines japoneses y por los cromáticos peces koi (carpas), tan característicos. Mercury había construido su propio estanque en su casa de Kensington.

El Jardín Japonés fue inaugurado en mayo de 1967, con el fin de construir un puente entre la Argentina y Japón, según un deseo del luego emperador Akihito, que se hizo realidad. Fue construido y proyectado por la colectividad japonesa, y luego donado al pueblo argentino que le abrió los brazos en tiempos de inmigración.

El entonces príncipe Akihito y su princesa consorte Michiko, visitaron Buenos Aires y se sorprendieron por “el pequeño Japón” de la Argentina, un paseo precioso en el que es posible acercarse a la cultura del país, con sus árboles, plantas, peces y costumbres.

Apellido ilustre

Uno de los anfitriones del lugar es Sergio Miyagi, encargado de la comunicación del Jardín Japonés de Buenos Aires. Argentino, fanático de River, hijo de japoneses y casado con una cordobesa, Sergio no se cansa de responder sobre un apellido tan célebre como el del personaje de la saga de Karate Kid.

“No sólo eso, mi papá es un groso mundial del karate”, dice Sergio sobre Takeshi Miyagi, de la Escuela Shorin Ryu Shidokan Tokyo, un sensei que es noveno Dan y reside en Tokyo.

Sergio Miyagi, de 49 años, recuerda con emoción el estreno de las películas de la década de 1980, como ahora de la serie Cobra Kai, que recuperó para las nuevas generaciones la historia. “Cuando irrumpió Karate Kid, fue un boom, nos produjo una emoción muy grande. Y eso que el actor que hacía del Señor Miyagi, Pat Morita, era de madera... y Daniel Larusso, Ralph Macchio, también (ríe)”.

“Imaginate cómo habrá sido de importante la película, que se hizo tan fuerte aún con artistas que lo representaron de forma muy baja, lejos del carácter técnico del karate. Eso sí, logró que se haga carne la disciplina en la gente común, y no se acercó al practicante de karate”, agrega.

Marcado a fuego

Sergio destaca que el filme dejó enseñanzas marcadas a fuego, como que el karate siempre es para defensa: “Como todo arte marcial, debe primar la paz antes que la violencia. Eso debe enseñar un buen sensei, porque no debe ser para vanagloriarse ni atacar”.

Miyagi dice que fue un boom, y en lo personal, que su padre fuera un sensei apellidado Miyagi, más. “Karate Kid impulsó el gran auge de que las personas se volcaran al karate, frente a otras disciplinas más taquilleras. El camino del karate lleva muchos años, conseguir el primer dan requiere de sudor y lágrimas”. 

Para el responsable de prensa del Jardín Japonés, los creadores de Cobra Kai le encontraron la vuelta, y trajeron la historia al presente. “Los dos personajes principales se encuentran con que no pueden controlar a sus hijos, con falta de autoridad, y no logran inculcarles disciplina”, dice. Y coincide con que el gran valor de la serie es que ni el malo es tan malo ni el bueno es tan bueno como antes: son humanos. 

Ahora, "Cobra Kai"

“Hasta lo odiamos a Daniel Larusso, y era nuestro pequeño héroe. Él buscaba desesperadamente a Miyagi defenderse, por el bullying que recibía”, agrega. Y recuerda que vio tantas veces a su padre en situaciones difíciles, sin utilizar la violencia. “A mi papá lo han maltratado, pero él siempre con una sonrisa, salía de las situaciones doblegando psicológicamente a adversario. Esas cosas que hacen los maestros”.

Algunos años, Takeshi Miyazaki fue discípulo del sensei Shoei Miyazato, de la Escuela Miyazato cordobesa, una de las más importantes del país. El padre de Sergio había llegado a la Argentina en 1969, de grande, mientras que su mamá y abuelos estaban desde 1952. 

En cambio, Sergio conoció a la cordobesa Fabiana Tamashiro en el mismo Jardín Japonés que hoy difunde con pasión. Se casaron y tienen un hijo, Ken, apasionados también de la cultura y de las costumbres argentinas. Lo mejor de ambos mundos. 

“El Jardín me formó como persona y como profesional”, dice orgulloso Sergio. El “Señor Miyagi” del Jardín Japonés.

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